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July/August 2007
» Contenidos de esta Edición
¬ ¿Existe realmente el mundo espiritual?
¬ Si usted se enfrenta con el lado oscuro del mundo espiritual...
¬ ¿Qué hacemos con nuestro tiempo?
¬ El Día de Expiación: La reconciliación con Dios
¬ El peligroso lado oscuro del mundo espiritual
¬ ¿Qué es la ‘canalización síquica’?
¬ Crecimiento espiritual: De la inmadurez a la inmortalidad
¬ Contacto con el pueblo de Dios: Clave para el éxito espiritual
¬ Dar fruto: Un aspecto vital del crecimiento espiritual
¬ La paz mundial: Una promesa segura
   

 

Dar fruto: Un aspecto vital del crecimiento espiritual

Dios espera que seamos productivos y obtengamos resultados. En algunas parábolas, el desempeño espiritual se compara con una inversión hecha por nuestro Maestro, de la cual espera obtener dividendos (Mateo 25:14-30; Lucas 19:11-27). En algunos pasajes bíblicos se compara con la construcción de un edificio o templo (1 Corintios 3:9-17; Efesios 2:19-22).

Pero la principal metáfora que la Biblia utiliza para hablar de los logros que debemos alcanzar es dar fruto. Dios compara a su pueblo con árboles frutales que deben llevar “mucho fruto” (Juan 15:5, 8). Debemos continuar creciendo y dando mucho fruto hasta el fin de nuestra vida.

La parábola de Jesús acerca de la higuera nos muestra que desde el punto de vista espiritual, un árbol que no dé fruto no tiene ningún valor (Lucas 13:6-9). “Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra? Él entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después” (vv. 7-9).

La parábola nos dice que Dios espera que nosotros produzcamos fruto. Pero también nos muestra que Dios no nos abandonará mientras exista la esperanza de que demos fruto.

También debemos tener en cuenta que, al igual que una rama muere cuando es cortada del tronco, así también nosotros moriremos espiritualmente si nos apartamos de Jesucristo. Él nos dice: “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí . . . porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:4-5).

Es por esto que tener contacto con la verdadera Iglesia de Dios y llegar a formar parte de ella es algo vital. Como Cabeza de la iglesia (Colosenses 1:18), Jesucristo mismo guía y dirige el crecimiento espiritual de aquellos que se someten a su dirección (Efesios 4:11-16). Como “columna y baluarte de la verdad” (1 Timoteo 3:15), la iglesia es la fuente del entendimiento correcto y la enseñanza de su instrucción. Además, es la fuente de algo tan indispensable como el ánimo y la exhortación, para que no abandonemos la carrera, sino que continuemos creciendo (Hebreos 10:25).

La parábola del sembrador nos enseña que las personas responden de cuatro formas distintas cuando oyen el mensaje (reciben “la semilla”) de la verdad de Dios (Lucas 8:4-15). Debemos leer esta parábola de vez en cuando y examinarnos para ver en qué categoría o categorías estamos. Necesitamos formar parte del cuarto grupo: el de la tierra fértil. “Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia” (v. 15).

¿Qué clase de fruto espera Dios de nosotros? “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza . . .” (Gálatas 5:22-23). Dios también quiere ver los frutos de las buenas obras y el servicio a los demás (Tito 3:14; Mateo 5:14-16; 25:31-46). Sin duda alguna, ¡estos son frutos deseables y maravillosos!

Mantengámonos sanos y fuertes espiritualmente. Sigamos creciendo y ¡demos mucho fruto!. BN

 


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