El peligroso lado oscuro
del mundo espiritual
Ciertas prácticas y religiones extrañas, como la wicca, la santería, el vudú y
la canalización, se están volviendo más y más populares. ¿Qué hay detrás
de ellas? ¿Son inofensivas, o encierran graves peligros inadvertidos?
Por Mario Seiglie
A medida que el cristianismo tradicional ha ido perdiendo su atractivo para mucha gente, un creciente número de personas han tratado de llenar de otro modo ese vacío en sus vidas. Algunas adoptan religiones no cristianas. Otras se vuelcan hacia la brujería y el paganismo precristiano. Unas cuantas buscan respuestas en el ocultismo, y otras tantas a sabiendas siguen a Satanás y a los espíritus malignos.
Algunas personas lo hacen por simple curiosidad; otras lo toman muy en serio. Pero se den cuenta de ello o no, todas están aventurándose en terrenos peligrosos, que con toda probabilidad sobrepasan su limitado entendimiento. Por ello es que estos peligros se califican frecuentemente como “lo oculto”, es decir, cosas secretas, misteriosas, encubiertas.
Tal vez usted nunca haya visto a Satanás ni a sus demonios, pero sin duda alguna quienes están familiarizados con la Biblia reconocen su influencia en la rápida degeneración de nuestra sociedad. No debe extrañarnos que las Escrituras digan que Satanás es “el dios de este siglo” (2 Corintios 4:4).
Su influencia no es nada nuevo, pero su presencia tan palpable en nuestra sociedad sí lo es. Mucho de lo relativo al ámbito de los malos espíritus, que en algún tiempo fue prohibido o estrictamente limitado, actualmente es de fácil acceso. El satanismo en las películas es ya algo desenfrenado, y los movimientos basados en él, tales como la wicca, la santería, el vudú y las consultas a médiums, siguen prosperando, especialmente entre los jóvenes.
El apóstol Pablo nos dice que debemos tener cuidado con tales prácticas, “para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones” (2 Corintios 2:11).
Wicca, santería y vudú
Uno de los movimientos de más rápido crecimiento en las naciones occidentales es el de la wicca, una versión moderna de la brujería. Se ha vuelto tan popular que en Estados Unidos, Gran Bretaña y algunas otras naciones es reconocida como una religión legítima, con derechos legales.
El término wicca fue popularizado en 1954 por el líder británico de este movimiento, Gerald Garner, quien lo describió como un regreso a la “antigua religión” que era tan popular en Europa antes del cristianismo.
La palabra wicca se deriva de un antiguo término inglés que significa “bruja”, e incorpora muchos de los rasgos de las antiguas prácticas de brujería británicas. Como símbolo utiliza el pentagrama satánico, y uno de sus dogmas principales consiste en adorar la naturaleza por medio de diferentes ritos y deidades. Algunos grupos y asociaciones, aunque no todos, practican la hechicería, la adivinación y la magia. La wicca es un grupo o movimiento bastante amplio que abarca prácticas y creencias muy distintas entre sí, pero que en el fondo es una forma de brujería tradicional disfrazada.
La santería es una religión caribeña basada en la mezcla de brujería africana con creencias católicas, que en muchos sentidos se parece al vudú o a la brujería africana pura. Sus seguidores sacrifican animales y realizan febriles danzas durante sus ritos, que pueden acabar con la posesión de una persona por un orisha o “santo” que ha sido invocado. Se cree que este individuo puede, por lo tanto, hablar y actuar como un santo. Sin embargo, aunque dicen que es una verdadera experiencia espiritual, no es más que una posesión demoníaca.
Todas estas prácticas tienen una cosa en común: Satanás es su origen, y deben evitarse absolutamente. Dios, quien conoce exactamente cómo obran Satanás y sus demonios, nos advierte que no debemos tener nada que ver con ellos. Nos dice: “ni deis lugar al diablo” (Efesios 4:27).
Nunca debemos consultar con personas asociadas con estas prácticas, a pesar de que nos afirmen que sólo quieren ayudarnos. Dios dice: “No sea hallado en ti quien . . . practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con el Eterno cualquiera que hace estas cosas . . .” (Deuteronomio 18:10-12).
Médiums y espíritus familiares
¿Qué se puede decir de los médiums y de quienes usan cosas tales como cartas del tarot y tableros de la ouija para consultar los espíritus?
Los médiums —que también son llamados “adivinos” o “clarividentes”— son personas que pueden ser utilizadas por los ángeles caídos que la Biblia llama “demonios”. Pueden parecer normales y serviciales, pero los que no son falsos (y muchos lo son) pueden en verdad tener contacto con espíritus engañadores que buscan atraer y usar a los seres humanos para sus propios propósitos malignos. Por esta razón, estos malvados seres angelicales son llamados en la Biblia “espíritus engañadores” (1 Timoteo 4:1).
Un verdadero médium tiene un “espíritu familiar” en él (o ella), y este término proviene de la palabra hebrea obh, que significa “botella de cuero”. Para los antiguos hebreos, el sonido hueco de la voz de un espíritu familiar hablando por un médium sonaba como proveniente de una botella de cuero. Y tal como una botella de piel es un tipo de vasija, una persona que tiene un espíritu familiar sirve como el recipiente o “medio” que contiene a ese espíritu.
Los espíritus familiares, que son en realidad demonios disfrazados, pueden tener un íntimo conocimiento de las personas, ya sean vivas o muertas. Tienen a su disposición un extenso caudal de información suministrado por sus compañeros los demonios, que están más que dispuestos a compartir su conocimiento con el “huésped” engañado. De esta manera, influyen cada vez en más personas para que sean embaucadas y atrapadas, hasta el punto de terminar algunas veces prácticamente como rehenes de estos espíritus.
Este es el grave peligro de participar en cualquiera de estas prácticas. Al principio los espíritus pueden presentarse como humildes servidores, pero inevitablemente terminan siendo crueles capataces.
Por ello es que debemos evitar todo contacto con gente que asegura poder comunicarse con los muertos. Dios, quien está íntimamente familiarizado con este mundo espiritual, nos advierte: “Y la persona que atendiere a encantadores o adivinos, para prostituirse tras de ellos, yo pondré mi rostro contra la tal persona, y la cortaré de entre su pueblo” (Levítico 20:6).
En las Escrituras claramente se reconoce la existencia de médiums legítimos, que son capaces de establecer contacto con los demonios y que se disfrazan como seres queridos ya fallecidos para atraer a las personas desprevenidas a su tenebroso mundo espiritual.
Las cartas del tarot y las tablas de la ouija
Hay quienes se valen de dispositivos manuales como las cartas del tarot o tablas de la ouija para consultar directamente a estos espíritus familiares. Tales objetos deben evitarse a toda costa; no son en absoluto “juegos” inocentes, sino que son en realidad métodos antiguos para atraer a estos espíritus familiares.
Tenga en cuenta que estos instrumentos son como pasaportes que tienen el potencial de abrir la entrada a la zona de su mente que debe ser habitada por sus propios pensamientos y por el Espíritu de Dios. Estos espíritus malignos no pueden entrar si usted no los invita. Sin embargo, algunas veces incluso una invitación no intencional mediante estos instrumentos ¡puede darles a los demonios la luz verde! Desgraciadamente, y sin saberlo, muchas personas han invitado a ciertos espíritus malignos a entrar en sus mentes, y nunca han vuelto a ser las mismas.
Como nos revelan las Escrituras, estos espíritus necesitan ser expulsados por verdaderos siervos de Dios. En Hechos 19 podemos leer un caso en el que algunos exorcistas autonombrados trataron de expulsar un demonio, y el demonio se volvió contra ellos, diciendo: “A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?” Para su gran asombro, “el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos” (vv. 15-16).
Todo esto nos enseña que el espiritismo no es asunto de risa ni de juego gracioso. En realidad ¡es algo sumamente serio! Las Escrituras nos dan varios ejemplos de personas que cayeron en esa clase de prácticas prohibidas, con desastrosas consecuencias.
Saúl y la médium de Endor
En el Antiguo Testamento encontramos el trágico ejemplo del rey Saúl y su consulta a una médium. Él había tratado de consultar primero a Dios, pero debido a sus múltiples pecados, especialmente después de asesinar a 85 sacerdotes y un número indefinido de inocentes habitantes de la ciudad de Nob, no recibió ninguna respuesta (1 Samuel 22:18-19).
Entonces Saúl quebrantó la ley de Dios y acudió a una médium en Endor (1 Samuel 28:7). Ella invocó a un ser que se apareció como el profeta Samuel. Sin embargo, Saúl no lo vio; sólo oyó una voz. Esta es una de las razones por las que Dios prohíbe tales consultas: los demonios son muy astutos y pueden muy bien personificar a quien ha sido invocado. Notemos que la Biblia había dicho que Dios no respondió las preguntas de Saúl “ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas” (v. 6). Es claro, entonces, que éste ¡no era el profeta Samuel!
El espíritu que la médium vio subir de la tierra (v. 13) era en realidad un demonio. Saúl creyó que era Samuel, pero este demonio lo había engañado. Como explica el apóstol Pablo: “Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras” (2 Corintios 11:14-15).
No era extraño, por lo tanto, que un demonio personificara al profeta Samuel, ya fallecido. Las Escrituras afirman muy claramente que Samuel estaba muerto, sepultado e inconsciente: “Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben . . .” (Eclesiastés 9:5).
Saúl creyó la nefasta predicción de que moriría al día siguiente, y nunca más se volvió a Dios. Por eso Saúl es uno de los personajes más trágicos de la Biblia.
Pablo y un espíritu de adivinación
En el Nuevo Testamento encontramos otro ejemplo de estos llamados médiums, que en este caso es particularmente instructivo.
En Hechos 16:16-19 leemos lo siguiente: “Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. Ésta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora”.
Este pasaje nos dice mucho acerca del lado tenebroso del mundo espiritual. Primero, nos revela que hay algunos casos en que las personas sí tienen un espíritu de adivinación y son bastante prósperas debido a ello. En ninguna parte de esta sección del Nuevo Testamento se niega el hecho de que algunas personas puedan acudir a esta fuente espiritual para conseguir valiosa información. También nos muestra que hay otros dispuestos a promover ese tipo de negocio, que puede ser muy lucrativo. En la actualidad se recaudan millones, y hasta miles de millones de pesos como resultado de esta antigua y dañina práctica.
Podemos encontrar muchos programas en la radio y la televisión, auspiciados por exitosos hombres de negocios, en los que ciertas personas con espíritu de adivinación pueden impresionar tremendamente a sus auditorios con un conocimiento aparentemente muy íntimo de quienes entrevistan.
En la mayoría de los casos estas personas abiertamente se hacen llamar “canalizadores”, “síquicos” o “médiums”. Por supuesto que no todos los que practican esta profesión son médiums genuinos, ya que hay muchos charlatanes astutos; pero algunos de ellos ¡sí son auténticos!
Como nos muestra el ejemplo bíblico en Hechos 16, la muchacha esclavizada por el espíritu de adivinación era una verdadera médium. Y sabemos que fue así porque cuando el demonio la abandonó, ella nunca más pudo revelar detalles íntimos sobre la vida de otras personas ni predecir el futuro.
Otra de las lecciones derivadas de este relato nos enseña que el mensaje proveniente de un espíritu puede ser positivo y verdadero. Después de todo, la Biblia dice explícitamente que la jovencita utilizada por el espíritu de adivinación anunciaba que Pablo y sus acompañantes eran mensajeros de Dios y que predicaban el camino de la salvación. Si esto era así, ¿cuál era el problema, entonces?
El problema en este caso no era el mensaje en sí, sino la fuente de él. Aquí vemos el sutil elemento del engaño. Muchas veces el mensaje inicial de un espíritu de adivinación o un demonio puede parecer positivo, inofensivo y útil. Así como un pescador tienta a los peces con un cebo suculento, también estos espíritus saben que deben atraer a sus víctimas con algo útil y agradable. Saben que lo importante es atrapar a sus víctimas; después tendrán mucho tiempo para modificar su mensaje.
Simplemente diga “¡No!”
Cuando somos tentados a jugar con este oscuro mundo espiritual debemos simple y llanamente decir “¡No!” No se deje llevar por la presión de sus amigos, familiares ni de nadie más. ¡Ponga primero a Dios y las Sagradas Escrituras! Literalmente, ¡su vida y su salud mental podrían depender de ello!
Dios, quien conoce exactamente cómo obran Satanás y sus demonios, nos advierte enfáticamente que no tengamos nada que ver con ellos. No debemos consultar a personas asociadas con estos espíritus, a pesar de sus supuestas intenciones de ayudarnos. La palabra de Dios es muy clara al respecto: “No os volváis a los encantadores ni a los adivinos; no los consultéis, contaminándoos con ellos. Yo el Eterno vuestro Dios” (Levítico 19:31)
Lo mejor es preguntarse: “¿Estaría de acuerdo con esto Jesucristo?” Indudablemente, la respuesta es ¡no! Por lo tanto, debemos evitar todo contacto con médiums, agoreros, brujos y con cualquiera de sus instrumentos, y no dejarnos engañar por ninguno de los métodos que puedan usar para tentarnos. BN
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