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| Contacto con el pueblo de Dios: Clave para el éxito espiritual
En un artículo anterior de esta serie hablamos acerca del papel de la Iglesia de Dios. Profundicemos un poco acerca de algo que con frecuencia se deja de lado, pero que es de mucha importancia para nuestro crecimiento espiritual. He visto cómo algunas personas, al aprovechar este recurso, tienen un crecimiento notable y una transformación en sus vidas. He visto cómo crecen y, dejando de ser niños inmaduros espiritualmente hablando, se convierten en cristianos maduros que cada vez se asemejan más a Dios.
Por otra parte, también he visto cómo personas bien intencionadas comienzan con gran celo aprendiendo de la Biblia e imitando la vida de Jesucristo, pero con el tiempo pierden ese entusiasmo espiritual y esa vitalidad. Se marchitan y mueren, como una planta sin raíces, sin cumplir con el propósito de Dios para sus vidas.
El milagro de la Iglesia de Dios
¿Cuál es la diferencia? Es esta: los de la primera categoría están completamente entregados a aprovechar el recurso espiritual del compañerismo cristiano, teniendo interacción y comunicación con otros miembros de la Iglesia de Dios. Reconocen que la iglesia es invaluable y con entusiasmo buscan formar parte activa de ella. Saben que los miembros de la iglesia no son perfectos. De hecho, esto explica en parte por qué todos necesitamos este “taller”: ¡para aprender los caminos de Dios y practicarlos juntos! Podemos experimentar cambios milagrosos y crecimiento vigoroso cuando Dios trabaja en y entre nosotros.
En cambio, aquellos que están en la segunda categoría nunca aprecian de verdad (o en algún momento dejan de apreciar) las maravillosas bendiciones y los beneficios de ser miembros y tener una participación activa en la Iglesia de Dios, y su crecimiento espiritual se detiene.
La iglesia desempeña un papel fundamental en el plan de Dios para la humanidad. Es un organismo espiritual dirigido por Jesucristo (Colosenses 1:18). Si somos llamados a Cristo, somos llamados a formar parte de la iglesia porque ésta es su “cuerpo” (v. 24; Romanos 12:5).
Pablo describe cómo cada miembro de la iglesia es importante para Dios, y cómo cada miembro debe valorar, amar y trabajar con otros miembros, como partes individuales de ese cuerpo (1 Corintios 12:12-31). Hacemos esto al compartir con otros, teniendo compañerismo con ellos. Este compañerismo es parte esencial de nuestro compañerismo con Dios y con Jesucristo (1 Corintios 1:9-10; 1 Juan 1:3, 6-7), ya que el Padre y Cristo moran en todos los miembros de la iglesia por medio del Espíritu Santo.
Nos necesitamos mutuamente
Algunos, debido a factores tales como la salud, la edad, la ubicación geográfica o aun la clase de sociedad en la que viven, sencillamente no pueden reunirse regularmente con otros creyentes. Pero cada vez que podamos y estemos en condiciones de hacerlo, debemos asistir a los servicios y no dar por sentada esta oportunidad que Dios nos ha dado. En Hebreos 10:24-25 se nos exhorta: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”.
Este corto pasaje nos revela varias verdades importantes.
Primero, Dios sabe que nos necesitamos mutuamente. No nos diseñó para estar solos; por esto es que naturalmente deseamos relacionarnos con otros. Algunos han tenido que renunciar a amigos y aun a familiares por la verdad de Dios. Pero Jesús nos ha prometido que nos dará aún más amigos y familiares por medio de su iglesia (Marcos 10:29-30).
Por supuesto, para poder hablar de esta maravillosa bendición tenemos que conocer a otras personas en la nueva familia que Dios nos ha dado.
Segundo, Dios sabe que los verdaderos amigos nos animarán y fortalecerán para el “amor” y las “buenas obras”. Por nosotros mismos, es muy fácil descuidar estas responsabilidades cristianas y justificar nuestro incumplimiento. Pero los verdaderos amigos —y ¿quiénes podrían ser mejores amigos que aquellos que Dios ha llamado para ser parte de la iglesia al igual que a uno mismo?— siempre estarán dispuestos a animarnos para que crezcamos espiritualmente, incentivándonos para que tengamos éxito en ello.
Los ministros de la iglesia desempeñan un papel importante en la enseñanza y la exhortación. Sin embargo, los miembros también pueden instruirse y motivarse, ayudándose a caminar por el sendero correcto (Proverbios 27:17).
Tercero, Dios sabe que necesitamos “congregarnos” o reunirnos. Aquellos que deciden quedarse solos corren gran peligro. Un creyente solitario es más fácil blanco de los ataques de Satanás. Al estar aislado de otros, deja de tener el ánimo y respaldo que Jesucristo provee por medio de otros creyentes.
Al reunirnos con regularidad, permitimos que se manifiesten el compañerismo, la instrucción y la exhortación que ya hemos mencionado. Además de la enseñanza espiritual, cada reunión en el sábado semanal nos provee con una oportunidad para alabar y adorar a Dios. Esto hace que todos los que participan en ello salgan renovados espiritualmente a encarar otra semana de vida.
Cuarto, Dios sabe que todos necesitamos ánimo y respaldo, y su iglesia puede proveernos con un respaldo sólido en tiempos de necesidad. Es algo desconsolador tener que pasar por pruebas y dificultades por nuestra propia cuenta, sin ninguna ayuda, sin que nadie nos anime o nos escuche. Como Pablo escribió en 1 Corintios 12:25-26: “. . . que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan”.
Hay momentos en que necesitamos ánimo y consuelo para mantenernos, para “perseverar hasta el fin”. Como se nos dice en Hechos 14:22: “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”. Jesús describió este camino como un sendero angosto y estrecho (Mateo 7:13-14). Nada le gustaría más a Satanás que desanimarnos y distraernos del futuro reinado de Cristo, y con mayor razón a medida que el fin se acerca. El ánimo y el consuelo que nos damos unos a otros son algo absolutamente vital para nuestra salud espiritual.
Dios, por medio de Jesucristo, nos da una buena parte de este alimento espiritual, guía y ánimo a través de su iglesia, “la casa de Dios . . . columna y baluarte de la verdad” (1 Timoteo 3:15). Gran parte de esto se cumple por medio de sermones y estudios bíblicos acerca de la vida cristiana y el crecimiento espiritual, que nos dan pautas para aplicar la palabra de Dios en todos los aspectos de nuestra vida.
¡No arriesgue su vida!
Dios no llama a las personas para que sean independientes y no tengan contacto con otros creyentes. Un animal que esté alejado de su manada está en peligro. Por esto un “buen pastor” busca a cualquiera de sus ovejas que se haya extraviado (Mateo 18:10-14). “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). ¡Nos necesitamos mutuamente!
Generalmente, aun las plantas que están en el límite del campo de cultivo no sobreviven ni producen mucho fruto. Estas plantas obtienen menos fertilizante e irrigación, y están más expuestas al viento, a los depredadores y a las plagas. Todo en la naturaleza nos enseña una verdad: estar solos o aislados puede hacernos más vulnerables a muchos peligros.
Esto es especialmente cierto en el aspecto espiritual. Los cristianos que participan activamente en una congregación son espiritualmente sanos y crecen (Efesios 4:11-16). Juntos, podemos disfrutar no sólo del gozo de crecer continuamente y parecernos cada vez más a Jesucristo, sino que además podemos hacer el trabajo que Dios nos encomienda y ayudarle a preparar el camino para el regreso de Cristo.
En una profecía en Malaquías 3:16-17 vemos que Dios presta atención especial a aquellos que practican el compañerismo cristiano y se valen de los demás recursos espirituales que pone a su disposición, prometiéndoles una protección y una recompensa futuras: “Entonces los que temían al Eterno hablaron cada uno a su compañero; y el Eterno escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen al Eterno, y para los que piensan en su nombre. Y serán para mí especial tesoro, ha dicho el Eterno de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve”. BN
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