¿Qué hacemos con nuestro tiempo?
Rico o pobre, viejo o joven, hombre o mujer, todos tenemos la misma cantidad de algo:
nuestro tiempo. La forma en que lo usemos va a determinar en gran medida
cuán lejos lleguemos en la vida y en la relación con nuestro Creador
Por Ralph Levy
Imagínese que hay un banco que le deposita diariamente en su cuenta $86 400. Pero usted tiene que gastar ese dinero diariamente y no puede dejar nada para el día siguiente.
¿Qué haría usted en esa situación? Por supuesto, lo gastaría todo diariamente.
Cada uno de nosotros tiene un banco así. Su nombre es tiempo. Cada mañana usted recibe 86 400 segundos. Cada noche desaparece lo que no haya gastado o lo que haya gastado mal. No se acumula para el día siguiente.
Cada día se abre una nueva cuenta para usted. Cada noche se termina lo que no haya gastado en el día. Si usted no sabe cómo utilizar el depósito diario, lo pierde. No hay manera de devolverlo ni hay forma de acumular para mañana.
Debemos vivir con lo que nos depositan diariamente. Debemos invertirlo de tal manera que podamos recibir sus beneficios en la salud, la felicidad y el éxito. El reloj está corriendo. ¿Qué hacemos para aprovechar al máximo el tiempo que hemos recibido?
¿Cuánto vale el tiempo?
¿Es el tiempo, ya sea poco o mucho, algo realmente importante? Analicemos lo siguiente:
Para entender el valor de un año, preguntémosle a un estudiante que haya perdido un año en la escuela.
Para entender el valor de un mes, preguntémosle a una madre que haya dado a luz un bebé prematuro.
Para entender el valor de una semana, preguntémosle al director de un periódico semanal.
Para entender el valor de un día, preguntémosle a un obrero que tiene varias bocas que mantener.
Para entender el valor de una hora, preguntémosles a unos novios que esperan verse.
Para entender el valor de un minuto, preguntémosle a alguien que haya perdido el tren.
Para entender el valor de un segundo, preguntémosle a una persona que acaba de evitar un accidente.
Para entender el valor de un milisegundo, preguntémosle a una persona que haya ganado la medalla de plata en los juegos olímpicos.
El autor anónimo de estas palabras nos ayuda a entender cuán importante es el tiempo.
Jesucristo nos advirtió que debemos ser cuidadosos con la forma en que manejamos el tiempo: “¿No tiene el día doce horas? El que anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero el que anda de noche, tropieza, porque no hay luz en él” (Juan 11:9-10).
Y el apóstol Pablo creyó necesario exhortar a los cristianos en Éfeso: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sin como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:15-16; comparar con Colosenses 4:5)
El tiempo: de esto están compuestas nuestras vidas. Sin embargo, en el mundo moderno es demasiado fácil permitir que el tiempo, la esencia de la vida, se escape de nosotros. Correspondencia electrónica, nuevos programas de computador, canales múltiples de televisión, teléfonos celulares y otros productos de la revolución tecnológica que supuestamente iban a simplificar y mejorar nuestra calidad de vida, parecen haber conspirado para quitarnos el tiempo que necesitamos para las cosas que son verdaderamente importantes.
¿Cuáles son algunas de estas cosas importantes? ¿Cómo nos dice Dios que debemos usar nuestro tiempo? A continuación mencionamos algunas de las actividades importantes que debemos tener en cuenta diariamente.
La oración: Comunicación con Dios
El rey David una vez le dijo a su Creador: “Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré” (Salmos 63:1). También afirmaba que normalmente oraba a Dios tres veces al día: “Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz” (Salmos 55:17).
El asunto de máxima prioridad en nuestra vida debe ser reconocer a nuestro Creador y Sustentador, aquel que nos da el aire que respiramos y el alimento que ingerimos. La oración profunda, de corazón, diaria, según el modelo que Jesús mismo nos enseñó, al igual que los apóstoles y profetas, es una de las actividades que podemos dejar de lado fácilmente en nuestra vida.
Sería bueno estudiar las plegarias de los grandes siervos de Dios, tal como aparecen en la Biblia. Si lo hacemos, tal vez nos sorprendamos al darnos cuenta de que muchas de esas oraciones ¡fueron largas!
De hecho, varias de ellas fueron muy largas. Veamos por ejemplo la oración en Daniel 9:3-19, y la de Esdras en Esdras 9:5-15, para formarnos una idea de la longitud y el detalle de las oraciones de esos hombres de Dios. No vemos que ellos dijeran: “Lo siento, Dios, pero me tengo que ir; más tarde hablaremos”. Ni tampoco eran oraciones que decían: “Bendice todo por favor”.
Estos ejemplos bíblicos de oración nos muestran a hombres y mujeres de Dios que hablaban largamente con su Creador, en detalle, acerca de su alabanza y gratitud hacia él, las necesidades de otros siervos de Dios, y las necesidades de la obra de Dios. Cuando era apropiado (y casi siempre lo es), confesaban sus propios pecados y los de la comunidad.
Sus oraciones no eran interrumpidas por teléfonos ni por otras cosas. Son ejemplos de comunicación intensa, personal, que en nuestra época es tan necesaria pero tan fácilmente obstaculizada y dejada de lado.
Estudiar la Palabra de Dios
El salmista escribió: “Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche, para meditar en tus mandatos” (Salmos 119:148). Aquí se menciona algo fundamental que debemos hacer con nuestro tiempo: estudiar las Sagradas Escrituras, la Santa Biblia. Esta es otra actividad que debemos tener en cuenta para hacerla parte de nuestro programa diario de actividades, y que también fácilmente podemos dejar de lado.
Es necesario que nos demos cuenta de que el autor de este salmo no solo leía la Biblia, sino que también meditaba en la palabra de Dios. Esto quiere decir que leía, estudiaba y dedicaba tiempo para pensar en las implicaciones de lo que leía. Da a entender que era alguien que se preguntaba cosas como: “¿Qué me muestra esto acerca de Dios y de su grandeza?”, y también: “¿Qué me enseña esto en cuanto a la forma en que debo vivir para estar en armonía con la voluntad de mi Creador?”
Se ha dicho que la meditación es al estudio de la Biblia, lo que la digestión es al comer. Si al almuerzo comemos rápidamente, es probable que salgamos corriendo después del último bocado para poder llegar a tiempo a nuestra próxima actividad. Pero en aquellas raras ocasiones en que podemos comer en un buen restaurante, nuestro deleite se ve realzado si tomamos tiempo para saborear la comida y digerirla de una manera adecuada.
Así ocurre con ésta, una de nuestras más imprescindibles actividades diarias. Debemos estudiar la Biblia, pero no a la carrera. A medida que lo hacemos, debemos meditar y saborear la palabra de Dios. Una buena digestión es el principio de una buena salud, así como la meditación calmada contribuye a nuestra salud espiritual. No debemos salir corriendo, con el riesgo de sufrir una indigestión; también necesitamos tiempo para digerir nuestro alimento espiritual.
El ayuno: Debemos entender nuestra necesidad de Dios
Aquellos que han entregado sus vidas a Dios y a Jesucristo entienden que de vez en cuando hay otra actividad esencial para su crecimiento espiritual. Tal vez no sea su actividad favorita, porque puede ser un poco incómoda, pero es muy necesaria.
Esta actividad es el ayuno. Ayunar consiste en dejar de ingerir alimentos y de tomar líquidos por algún tiempo, generalmente un día, con el fin de acercarnos a Dios. Veamos lo que Jesús les dijo a sus discípulos: “Cuando ayunéis . . . Pero tú, cuando ayunes . . .” (Mateo 6:16-17). Es importante notar que Jesús dijo “cuándo ayunéis”, no dijo “si ayunáis”, expresando de una manera clara que él esperaba que sus seguidores ayunaran de vez en cuando.
Pero ¡cuán fácil es ni siquiera pensar en el ayuno, una actividad tan necesaria! Siempre parece surgir un compromiso, algo pendiente por hacer, que nos impide ayunar, o al menos así lo creemos. Se necesita cierta determinación para poder apartar un día para ayunar y dedicarnos a la oración. Cuando así lo hacemos, este ejercicio a corto plazo de “afligir nuestras almas” (otro término bíblico que define el ayuno) paga buenos dividendos en nuestro crecimiento espiritual y en la respuesta a muchas oraciones.
Otro asunto de prioridad:
Tiempo para la familia
Al hablar de la clase de ayuno que Dios espera de nosotros, el profeta Isaías fue inspirado a decir que no deberíamos “escondernos” de nuestras propias familias (Isaías 58:7). Esto nos lleva a considerar el uso más adecuado de nuestro tiempo cuando de otros seres humanos se trata. Debemos compartir un tiempo adecuado y de calidad con nuestras familias.
De acuerdo con una investigación realizada recientemente en Inglaterra, más del 90 por ciento de los niños desearían pasar más tiempo con sus padres. Los niños señalaron que el trabajo más importante de sus padres era cuidarlos, aún más importante que el de ganar el sustento.
El mismo estudio concluyó que nueve de cada 10 niñas preferirían que el padre de sus hijos fuera amoroso y cuidara de ellos en lugar de que fuera rico, y el 88 por ciento de los niños dijeron que querían ser padres cuando crecieran. La mitad de los encuestados opinaban que el tema de ser padres era algo que debería ser enseñado en las escuelas.
En un mundo tan obsesionado por el deseo de hacer dinero, estos resultados nos muestran algo que todos deberíamos saber: el bienestar emocional de nuestras familias debería tener prioridad, en lugar del afán de ganar más dinero. El tiempo que compartimos en familia es una excelente inversión.
La Biblia exhorta a los padres: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4). A los esposos les dice: “Vosotros, maridos . . . vivid con ellas [sus esposas] sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Pedro 3:7).
Convivir con nuestra esposa, y cuidar e instruir a nuestros hijos son actividades que requieren tiempo. No pueden hacerse a la carrera. ¿Estamos apartando tiempo para compartirlo con nuestros seres amados?
No debemos descuidar este importante aspecto del uso de nuestro tiempo. Cuando hablamos de la familia, debemos tener en cuenta que es importante tener un trabajo que nos permita proveer para los nuestros. Es probable que el trabajo requiera de nosotros una cantidad importante de nuestro tiempo. También debemos invertir tiempo en la educación que necesitamos para prepararnos para el futuro, de tal forma que podamos proveer de la mejor manera para nuestras familias.
Tiempo para descansar
y recobrar nuestras energías
Finalmente, hay un aspecto crítico en el uso de nuestro tiempo que tal vez le resulte paradójico después de leer lo que hemos dicho hasta ahora. Necesitamos tiempo para descansar, tiempo para relajarnos y disfrutar de la paz que nos rejuvenece. Debemos hacerlo regularmente, porque si no lo hacemos no podremos funcionar bien. Si queremos que el tiempo que le dedicamos a nuestro trabajo sea productivo, también tenemos que dedicar tiempo a relajarnos y despejar nuestra mente.
En su sabiduría, Salomón escribió que hay tiempo de reír y tiempo de bailar (Eclesiastés 3:4), así como también tiempo para trabajar y esforzarnos. Por esta razón, muchos patrones dan a sus empleados algún tiempo tan necesario de vacaciones. Es un descanso merecido, y debemos usarlo para que podamos ser trabajadores más productivos.
Me acuerdo de cierta conversación que tuve hace algunos años con la esposa de un colega mío. Ella me dijo que cuando su esposo salía de vacaciones, necesitaba por lo menos un día entero para empezar a relajarse y descansar. Desafortunadamente, podemos desempeñar con tanta intensidad nuestro trabajo, que es muy difícil bajar nuestro ritmo y tomar las cosas con más calma. Si nos sentimos verdaderamente presionados, en ciertas ocasiones necesitamos más de un día para ajustar nuestro horario y estar en paz y en calma.
Aquellos que tienen un trabajo creativo saben cuánto necesitan relajarse y tener un poco de recreo. Cuando tratamos de forzar la creatividad, ésta no funciona. Por lo general, la chispa de la creatividad se presenta inesperadamente, cuando estamos relajados y no sentimos ninguna presión. Tal vez a esto se deba que en los evangelios se registre el hecho de que en ciertas ocasiones Jesús se apartaba de las multitudes para estar solo. Es el tiempo de calma, sin prisa, lo que estimula nuestra creatividad.
El tiempo: ¡es la esencia de la vida! Si se usa sabiamente, podemos ser personas mejores, más productivas y más temerosas de Dios. Podemos amar más a nuestros semejantes. Podemos hasta jugar y mantener el corazón como de un niño. Podemos aprender las claves de una vida eterna, tal como se describen en la Santa Biblia. BN
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