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Enero / Febrero 2008
» Contenidos de esta Edición
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El plan de Dios para acabar con el sufrimiento y la maldad
¬ El Día de Expiación representa el encadenamiento de Satanás
¬ Jesús, Pablo y el nuevo pacto
¬ ¿Qué quiere decir ‘el fin de la ley es Cristo’?
¬ Mitos de la evolución, Parte 2
¬ ¿Cómo será el reinado de Cristo?
¬ Dios, la ciencia y la Biblia
Noticias de actualidad del mundo científico
¬ Detrás de los titulares
Paquistán: Una potencia nuclear se balancea en la cuerda floja
   

 

Dios, la ciencia y la Biblia

Noticias de actualidad del mundo científico

Por Mario Seiglie, Tom Robinson y Scott Ashley

 

Hallazgo arqueológico confirma la Biblia (una vez más)

Se desprestigia otro argumento evolucionista

 

 

Hallazgo arqueológico confirma la Biblia (una vez más)

Recientemente, el Museo Británico anunció el descubrimiento de una extraordinaria y muy significativa inscripción cunei-forme entre su gran colección de tablillas mesopotámicas. Muchos aclaman este hallazgo como otra asombrosa prueba de la veracidad del Antiguo Testamento, y sin duda que lo es.

Mientras buscaba informes financieros entre algunos documentos babilónicos, Michael Jursa, profesor visitante de Viena, se topó con el nombre de un funcionario de la corte del rey Nabucodonosor de Babilonia. Este nombre también figura en el libro de Jeremías como uno de los oficiales del rey, aunque al deletrearse es un poco diferente.

La tablilla, de más de 2500 años de antigüedad, estuvo en la colección del museo desde 1920, pero se ignoraba su importancia. Ahora se sabe que identifica a Nabu-sharrussu-ukin como el jefe eunuco de Nabucodonosor. Esto corresponde al nombre hebreo Nebo Sarsequín mencionado en Jeremías 39:3 (Nueva Versión Internacional).

En realidad, esta nueva información ayuda a resolver un problema de traducción en el versículo. La mayoría de las Biblias no contienen este nombre de manera explícita. Por ejemplo, la versión Reina-Valera menciona los nombres en Jeremías 39:3 como “Nergal-sarezer, Samgar-nebo, Sarsequim el Rabsaris, Nergal-sarezer el Rabmag”.

Aquí, Samgar ha sido identificado como el nombre de un lugar relacionado con Nergal-sarezer en vez de formar parte de un nombre compuesto con Nebo, que lo sigue en esta versión. Pero en algunas traducciones más actuales, el nombre aparece como Nebo Sarsequín. Y de hecho este nuevo descubrimiento confirma que efectivamente es el nombre correcto de uno de los oficiales principales del rey Nabucodonosor.

Los detractores de la Biblia que alegan que el libro de Jeremías es un relato ficticio escrito siglos después del período babilonio, se ven en serios apuros para explicar la exactitud con que se registraron los nombres de personas extranjeras de relativamente poca importancia.

Una de las dificultades que desde hace mucho tiempo han enfrentado los críticos de la Biblia tiene que ver con las nume-rosas menciones de nombres aparentemente insignificantes, insertados aquí y allá. Algunos especulan que fueron agregados sólo para que los relatos parecieran auténticos. Otros sugieren que ciertos personajes importantes de historias posterio-res fueron incluidos solapadamente en algunos relatos antiguos para cumplir una función poética.

De ser así, ¿cómo se explica la alusión a alguien como Nebo Sarsequín, una figura de poca monta de un país extranjero y que tiene un nombre difícil que nunca vuelve a ser mencionado, y que resulta ser correcto? Es obvio que el autor del libro de Jeremías estaba muy familiarizado con los detalles de los tiempos en que escribió y que se preocupó de ser preciso. La con-clusión lógica es que este libro fue indudablemente escrito por Jeremías en tiempos de la conquista de Judá por parte de los babilonios, bajo Nabucodonosor.

Este descubrimiento es solamente el más reciente de muchos hallazgos arqueológicos que confirman la exactitud del libro de Jeremías. Una reciente excavación en Jerusalén dejó al descubierto una bula, que es un grabado en arcilla endurecida, con la impresión del sello que lleva el nombre de Jucal hijo de Selemías, hijo de Sevi. Esta persona, un funcionario de la corte del rey Sedequías, es mencionado en Jeremías 37:3 y 38:1-4.

Otra bula, encontrada a corta distancia de la ya mencionada, tiene grabado el nombre de Gemarías hijo de Safán, el escriba real (36:10). Y antes de ésta, se encontraron dos notables bulas que llevan el nombre del escriba de Jeremías, Baruc hijo de Nerías.

Todas estas personas existieron de verdad, como lo atestigua Jeremías. Estos hechos demuestran que el libro de Jeremías relata historia verdadera, al igual que todo el resto de la Biblia. BN

 

Se desprestigia otro argumento evolucionista

¿Cuántas personas han aprendido en la escuela sobre la existencia de los supuestos “órganos vestigiales” de nuestro cuerpo? Este término se emplea en la biología para referirse a un órgano “que ha perdido su función, pero que la tuvo en los antepasados de la especie de la que se trata”. Se supone, pues, que ciertas partes de nuestro organismo son vestigios de órganos que alguna vez fueron útiles.

Por mucho tiempo los evolucionistas han alegado que los órganos vestigiales de utilidad decreciente, que Darwin llamó “rudimentarios”, son una prueba de que los organismos vivientes han evolucionado a partir de formas de vida más primitivas.

Sin embargo, investigaciones posteriores han demostrado que los supuestos órganos o estructuras rudimentarios del cuerpo humano —como el apéndice, las amígdalas y el cóccix— no son “rudimentarios” en absoluto. Por el contrario, son estructuras muy útiles y cuyo propósito está bien definido.

Ahora se sabe que el apéndice, probablemente el más conocido de los supuestos órganos vestigiales, tiene una importante función inmunológica, especialmente en los primeros años de vida. “El apéndice, al igual que las amígdalas y las adenoi-des, consideradas como parte de estos órganos ‘vestigiales’, es un órgano linfoide (parte del sistema inmunológico) que produce anticuerpos para combatir las infecciones en el aparato digestivo. En la convicción de que el apéndice era tan sólo un ‘sobrante’ del proceso evolutivo, muchos cirujanos lo extraían (incluso cuando estaba sano) cuando se encontraban inter-viniendo en la cavidad abdominal. Hoy en día, y en la gran mayoría de los casos, la extracción de un apéndice saludable es considerada un error médico” (David Menton, Ph.D., “La cola humana y otros cuentos de la evolución”, St. Louis MetroVoice, enero de 1994).

Ahora se sabe que las amígdalas, durante largo tiempo consideradas inútiles, también cumplen una importantísima función en el sistema inmunológico. Estas glándulas actúan como un mecanismo defensivo en contra de las infecciones en las vías respiratorias superiores y aportan un gran servicio al aparato digestivo al filtrar la materia extraña que pueda entrar en el cuerpo a través de la boca o la nariz.

“En cierto momento los médicos llegaron a pensar que las amígdalas eran simplemente restos evolutivos inservibles y las extirpaban convencidos de que esto no causaría ningún daño. Hoy en día existen pruebas abrumadoras de que se producen más problemas en las vías respiratorias superiores después de la extracción de las amígdalas que antes, y los médicos en general coinciden en que la simple dilatación de las amígdalas no justifica la cirugía” (J.D. Ratcliff, Your Body and How it Works [“Su cuerpo y su funcionamiento”], 1975, p. 137).

La vértebra caudal, más conocida como cóccix, es otra de las supuestas estructuras vestigiales cuya valiosa función ha sido descubierta, en particular en lo que respecta a la habilidad para sentarnos de manera cómoda. Muchas personas que han debido sufrir la extracción de este hueso tienen grandes dificultades para sentarse.

Más aún, los numerosos músculos adheridos al cóccix son importantes para la función intestinal y el parto, ya que sostienen los órganos internos y mantienen cerrada la entrada del tubo digestivo. Además, este hueso cumple una importante función como punto de inserción de varios músculos y ligamentos, entre ellos el glúteo mayor, que es el músculo grande que baja por la parte posterior del muslo y nos permite caminar erguidos.

Gracias a extensas investigaciones y descubrimientos en el campo de la anatomía y fisiología humanas, la lista de los órganos que en su momento fueron considerados rudimentarios ha disminuido de 100 a principios del siglo xx a práctica-mente cero en la actualidad. Ahora tenemos pruebas de que los órganos que alguna vez se consideraron como casi in-servibles, en verdad son muy útiles. Sin embargo, muchos textos escolares y universitarios sobre la evolución todavía se refieren a ellos como supuestas pruebas de la teoría evolucionista. BN

 

 


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