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| Mitos de la evolución Parte 2Hay quienes se sorprenderán al descubrir que algunas renombradas “pruebas” de la evolución son todo menos eso. Aquí examinamos cuatro ejemplos típicos, para saber lo que los hechos muestran en realidad.Por Mario SeiglieComo vimos en el artículo anterior, Carlos Darwin presentó en su libro El origen de las especies lo que, según él, eran numerosos ejemplos del reino animal que apoyaban su teoría de la evolución. Pero ¿la apoyaban realmente? Examinemos algunas otras supuestas pruebas y veamos qué tan convincentes son después de 150 años. La cría de palomas: selección artificial contra selección naturalAl principio de su libro, Darwin destacó la importancia que le atribuía a la cría doméstica y se valió de ella como una analogía para su teoría. “Al inicio de mis observaciones —afirmó— me parecía probable que un estudio cuidadoso de los animales domesticados y de las plantas cultivadas pudiera ofrecerme la mejor oportunidad de aclarar este oscuro problema [de cómo funciona la evolución]. Y no me he decepcionado; en este y en todos los demás casos complejos, invariablemente he descubierto que nuestro conocimiento de la variación bajo la domesticación, por imperfecto que sea, ofrece la pista mejor y más segura” (p. 29, énfasis nuestro en todo el artículo). Darwin mismo crió palomas y se asombraba de todas las variedades que podían producir los criadores domésticos. En los primeros capítulos de su libro explicó cómo las palomas podían ser criadas para tener una amplia variedad de colas, picos y colores. Después propuso que si los criadores, valiéndose de la selección artificial, podían lograr tan grandes cambios en tan breve tiempo, cuánto más podría la naturaleza, por medio de la selección natural y eones de tiempo, producir cambios de gran envergadura en las plantas y los animales. Él reconoció que esta era sólo una corazonada, porque no tenía pruebas directas. Sin embargo, a partir de los indicios limitados sobre la variación dentro de una especie (llamada hoy en día microevolución) pasó a especular acerca de cambios complejos que teóricamente podrían conducir a la formación de nuevas especies (macroevolución). Darwin creía que esto era posible porque había aceptado el concepto erróneo de que se pueden mezclar las características de diferentes especies. Pensaba que con suficiente tiempo, podía surgir una variedad prácticamente infinita de especies completamente distintas. Pero no entendía los principios genéticos de Mendel, todavía sin descubrir en su época, que limitan las posibilidades de cambio en plantas y animales. Este fue uno de los mayores desaciertos de Darwin: suponer que la vida tenía una capacidad de cambio casi ilimitado cuando se veía sometida a fuertes presiones ambientales y reproductivas. Ahora que los científicos entienden las leyes de la genética, saben que la variedad existe, pero es limitada. Esto es lo que Michael Behe, profesor de bioquímica, llama “la frontera de la evolución”. Tanto animales como plantas pueden “desarrollarse” o experimentar cambios, pero sólo dentro de sus fronteras genéticas, más allá de las cuales ninguna variación genuina es posible porque existen “murallas” genéticas que impiden una adaptación ulterior. La genética puede compararse también con una bolsa llena de canicas. Uno puede agitar la bolsa y sacar varias bolitas, y cada vez que lo hace saca diferentes canicas, en este caso representando las diferentes variaciones que son posibles. Pero hay sólo un número específico de canicas en la bolsa y la selección está limitada al conjunto de ellas. Lo mismo sucede con la genética: dentro del código genético de cada criatura sólo existe un número específico de genes o paquetes de información (canicas). Uno puede, por medio de mutaciones o de ingeniería genética, manipular la información genética de diferentes maneras (dañándola, partiéndola, borrándola o multiplicándola), pero no puede crear nueva información genética. De igual manera, dentro de cada clase de planta o animal existe un número fijo de posibles combinaciones. En su nuevo libro The Edge of Evolution (“La frontera de la evolución”), el Dr. Behe plantea que la ciencia en realidad puede determinar matemáticamente el punto exacto donde se encuentra ese límite genético. Este es otro golpe devastador a la evolución darviniana. Darwin cometió un grave error al suponer que existe una gama casi infinita de posibilidades entre las especies y que diferentes clases de animales y plantas podrían surgir de un solo ancestro común. A pesar de la amplia variedad de perros que hay, desde el minúsculo chihuahua hasta el gigantesco danés, todos ellos siguen siendo perros; ninguno se encuentra “evolucionando” para convertirse en otro tipo de criatura. De la misma manera, uno no puede convertir las canicas “perro” en canicas “gato”, no importa cuántas manipulaciones genéticas les haga. Los pinzones de DarwinUno de los supuestos ejemplos de la evolución es el de los famosos pinzones que Darwin recolectó cuando visitó las islas Galápagos en 1835. En su honor, estos pájaros de las Galápagos ahora son llamados “los pinzones de Darwin”. Al volver a Inglaterra, y mientras él y sus colegas examinaban estos especímenes, observaron leves variaciones en sus tamaños y sus picos. En una edición posterior del Origen de las especies, Darwin especuló brevemente que la selección natural podía modificar el tamaño del pico y del cuerpo de estas aves, y dijo que con suficiente tiempo tales cambios podrían transformarlos en un tipo de pájaros completamente distinto. Los biógrafos Adrian Desmond y James Moore hacen este comentario: “Habían transcurrido 10 años desde su visita a las Galápagos y él seguía formándose conceptos de las islas. Ahora había tenido más que suficiente tiempo para reinterpretar la fauna a la luz de las investigaciones de John Gould sobre las aves, y también de su propia teoría . . . ”Pero los pinzones eran sólo una pequeña parte de sus pruebas de la evolución. No obstante, él ahora dibujaba los diversos tipos de estas aves, mostrando su variedad de picos. ‘Al ver esta gradación y diversidad de estructuras en un grupo de pájaros tan pequeño e íntimamente relacionado’, indicó, ‘uno puede realmente imaginarse que de un número originalmente reducido de aves en este archipiélago, una especie fue tomada y modificada para un fin diferente’. Esta era una conclusión muy generalizada, y fue todo lo que dijo respecto a la evolución de los pinzones” (Darwin: The Life of a Tormented Evolutionist [“Darwin: La vida de un evolucionista atormentado”], 1991, pp. 327-328). Aunque él no destacó estos hechos de los pinzones en su teoría de la evolución, en el siglo xx sus seguidores los presentaron como una de las mayores pruebas del darvinismo. En la década de los 70 los biólogos Peter y Rosemary Grant realizaron estudios sobre el tamaño de los picos de los pájaros pinzones en las Galápagos. Trabajaron principalmente en la isla Dafne Mayor, y observaron que al ocurrir una severa sequía entre 1976 y 1977, la mayoría de los pinzones murieron. Pero los sobrevivientes fueron aquellos que tenían cuerpos y picos más grandes; éstos podían comer las frutas grandes y duras que para los pájaros con picos pequeños eran prácticamente imposibles de comer. El texto de estudio Biology (“Biología”), de John Kimball, comenta: “Aquí, entonces, se podía ver la selección natural en acción. Pero ¿se produjo algún grado de evolución? La respuesta resultó ser positiva. A medida que la población de G. fortis [la especie de pinzón en estudio] se recuperaba después del regreso de las lluvias, el tamaño medio de los cuerpos y los picos de sus retoños era más grande que antes (un aumento de 4-5 por ciento en la profundidad del pico). La curva en forma de campana se había desviado hacia la derecha, [lo que indicaba] una selección direccional” (edición electrónica, actualizada en el 2006). Sin embargo, en este texto de estudio, como en muchos otros, no se menciona que durante la siguiente década de lluvias normales ¡el tamaño de los picos volvió a ser como era antes! A largo plazo no hubo tal selección direccional. Más aún, el cambio en el tamaño de los picos había sido infinitesimal, en promedio ¡menos de un milímetro! Es más, en esa isla existían pinzones con picos de esa medida tanto antes como después de la sequía. ¿En qué consistía, entonces, el supuesto cambio evolutivo? De hecho, algunos evolucionistas parecen estar tan desesperados por confirmar su teoría, que tal vez inconscientemente recurran al engaño. Por ejemplo, un folleto publicado en 1998 por la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos se refiere a los pinzones de Darwin como “un ejemplo particularmente interesante” de la evolución darviniana. También explica cómo los experimentos realizados por Peter y Rosemary Grant en las Galápagos demostraron “que un solo año de sequía en las islas puede provocar cambios evolutivos en los pinzones”, y que “si las sequías ocurren cada 10 años en promedio en estas islas, en tan sólo 200 años podría originarse una nueva especie de pinzones” (Teaching About Evolution and the Nature of Science [“Enseñanzas sobre la evolución y la naturaleza de la ciencia”], p. 10). El biólogo Jonathan Wells comenta sobre este folleto: “En vez de confundir al lector mencionando que la selección fue revertida después de terminada la sequía, sin producir ningún cambio evolutivo a largo plazo, el folleto simplemente omite este incómodo hecho. Como un vendedor de acciones que afirma que algunas de ellas duplicarán su valor en 20 años porque su valor aumentó en un 5 por ciento en 1998, pero que no informa sobre el 5 por ciento que bajó en 1999, el folleto engaña al público ocultando algunos hechos cruciales. ”Cosas como éstas me hacen preguntar cuántas pruebas existen realmente para respaldar la teoría de Darwin. Como escribió en 1999 Phillip E. Johnson, profesor de derecho y crítico de Darwin: ‘Cuando nuestros científicos más eminentes tienen que recurrir a este tipo de falsedades, tan graves que de ser afirmadas por un vendedor de acciones lo haría terminar en la cárcel, sabemos que están en serios apuros” (Icons of Evolution [“Iconos de la evolución”], 2000, p. 175). El arqueoptérix, el eslabón perdido que nunca lo fuePoco después de la aparición del Origen de las especies en 1859, se descubrió un espectacular fósil que a primera vista parecía ser una de las especies en transición, o un eslabón perdido, entre los reptiles y las aves. Fue encontrado en Alemania en 1861 y fue llamado arqueoptérix, que significa “ala antigua”. Esta criatura tenía alas y plumas, pero al contrario de las aves modernas, tenía además dientes, una cola similar a la de un lagarto y garras en sus alas. Durante el siglo pasado se hallaron otros especímenes del arqueoptérix. En una edición posterior de su libro Darwin agregó este hallazgo a su lista de “pruebas” de la evolución. Este fue su comentario: “El naturalista [Thomas Huxley] ha mostrado que hasta la amplia brecha entre las aves y los reptiles es parcialmente salvada de la manera más inesperada: por un lado, por el avestruz y el extinto arqueoptérix, y por otro lado, por el compsognato, uno de los dinosaurios” (edición de 1872, p. 325). Ernst Mayr, renombrado evolucionista de la Universidad de Harvard, llamó al arqueoptérix “el eslabón casi perfecto entre los reptiles y las aves” (The Growth of Biological Thought [“El desarrollo del pensamiento biológico”], 1982, p. 430). Sin embargo, en los últimos 25 años esta supuesta prueba de la evolución ha sido silenciosamente degradada. Después de análisis más profundos, los científicos ahora clasifican a esta criatura como un ave extinta, no una especie en transición. El ornitólogo Alan Feduccia, un experto en el estudio del arqueoptérix, ha afirmado: “Los paleontólogos han intentado clasificar al arqueoptérix como un dinosaurio emplumado y terrestre. Pero esto no es cierto. Es un pájaro, un ave trepadora. Y ni toda la jerigonza paleontológica del mundo podrá cambiar esa realidad” (citado por Virginia Morell en “Archaeopteryx: Early Bird Catches a Can of Worms” [“El arqueoptérix: Ave prehistórica se mete en un embrollo”], de la revista Science, 5 de febrero de 1993, pp. 764-765). A continuación el profesor Feduccia vaticinó que la teoría del dinosaurio-ave llegaría a ser “la mayor vergüenza de la paleontología en el siglo xx” (citado por Pat Shipman en “Birds Do It . . . Did Dinosaurs?” [“Los pájaros lo hacen . . . ¿también lo hicieron los dinosaurios?”], revista New Scientist, 1º de febrero de 1997, p. 28). ¿A qué se debió tan drástico cambio de perspectiva? Simplemente a los hechos que ahora indican que el arqueoptérix se parece a las aves antiguas y actuales y no a los reptiles. Se ha descubierto que algunas aves prehistóricas tenían dientes como el arqueoptérix y que eran muy distintas de los reptiles. Ciertas aves modernas tienen garras en sus alas, tales como el hoactzin o chenchena de Sudamérica, y el turaco y el avestruz africanos. Los embriones de algunos pájaros modernos tienen más vértebras en sus colas que el mismo arqueoptérix, y la estructura de la cola del cisne es asombrosamente similar a la de éste. Además, ahora se ha demostrado claramente que el arqueoptérix estaba completamente emplumado, carecía de escamas de reptil, podía volar y tenía huesos huecos, como los de las aves. Jonathan Wells hace esta afirmación: “El fósil más hermoso del mundo, aquel que Ernst Mayr llamó ‘el eslabón casi perfecto entre los reptiles y las aves’, ha sido calladamente archivado, y la búsqueda de eslabones perdidos continúa como si el arqueoptérix nunca hubiese sido hallado” (p. 135). La extraña epopeya de la polilla moteadaHace poco, mientras hojeaba un libro actualizado de biología, me llamó la atención que todavía se utilice una supuesta “prueba” de la teoría evolucionista que conocí hace varias décadas, en la clase de biología de la escuela secundaria, a pesar de que quedó desacreditada hace mucho tiempo. En ese entonces se me enseñó acerca de las polillas moteadas que cambiaron su color de tono claro a oscuro debido a la contaminación industrial en Gran Bretaña. El texto mencionado asegura que ese hecho es una prueba de cómo la selección natural puede cambiar una especie en otro tipo, e incluso algunos científicos muy eminentes han destacado la importancia de esta supuesta prueba de la evolución. “Debemos esperar los cambios evolutivos más rápidos en poblaciones súbitamente expuestas a nuevas condiciones”, declaró el paleontólogo John Maynard Smith en su libro The Theory of Evolution (“La teoría de la evolución”), escrito en 1966. “Por lo tanto, es natural que uno de los cambios más impresionantes que se hayan observado en una población silvestre . . . sea el fenómeno del ‘melanismo industrial’, es decir, la aparición y multiplicación de ejemplares oscuros de ciertas especies de polillas” (p. 137). Sir Gavin De Beer escribió así en la edición de 1974 de la Encyclopædia Britannica: “Uno de los ejemplos observables más asombrosos de la evolución es el fenómeno conocido como melanismo industrial” (vol. 7, p. 14). Este resumen aparece en el texto Biology (“Biología”), de John Kimball (versión electrónica), actualizado en el 2006: “En el siglo xix muchas especies de polillas en las islas Británicas comenzaron a volverse más oscuras. El ejemplo más estudiado es la polilla motada, Biston betularia. Esta polilla recibe su nombre porque tiene manchas oscuras en sus alas y cuerpo. ”En 1849 se halló una polilla mutante, negra como el carbón, cerca de Manchester, Inglaterra. En menos de un siglo, este tipo de polilla negra aumentó hasta constituir el 90 por ciento de la población de polillas en esa región. ”Esta polilla vuela de noche y descansa de día en los troncos de los árboles. En las zonas alejadas de la actividad industrial, los troncos de los árboles están cubiertos de líquenes . . . Los ejemplares de color pálido [de la polilla] . . . son prácticamente invisibles sobre un fondo así. En las zonas donde la contaminación es un problema serio, la combinación de gases tóxicos y el hollín ha matado los líquenes y ennegrecido los troncos de los árboles. Con un fondo tan oscuro, los ejemplares claros son fácilmente visibles. ”La polilla es presa de los pájaros, que las arrancan de sus lugares de descanso durante el día. En los bosques contaminados, los ejemplares oscuros tienen una oportunidad mucho mejor de sobrevivir sin ser detectados. Cuando el genetista inglés H.B.D. Kettlewell . . . echó a volar polillas de ambos tipos en el bosque, observó que los pájaros efectivamente comían muchas más polillas de color claro. ”Debido a que después de la segunda guerra mundial se aplicaron medidas para combatir la contaminación, la población de las polillas pálidas ha ido aumentando . . .”. Y ahora, el resto de la historiaEs lamentable que mucha de la información contenida en este y otros textos resulte ser enormemente inexacta. Este es un ejemplo de la importancia de escuchar los dos lados de un asunto y no sólo uno. La Biblia nos dice: “Justo parece el primero que aboga por su causa; pero viene su adversario, y le descubre” (Proverbios 18:17). Si la sometemos a escrutinio, esta supuesta “prueba” de la evolución de la polilla moteada revela que cuando se trata de enseñar la evolución darviniana, no se puede confiar en que los científicos supuestamente imparciales dejen de lado sus prejuicios. Otras investigaciones posteriores sobre el fenómeno de la polilla moteada han comprobado que los experimentos clásicos de Kettlewell con estas polillas están plagados de errores. El Dr. Jerry Coyne, profesor de biología evolucionista en la Universidad de Chicago, hizo este franco comentario en una prestigiosa revista científica británica: ”La revisión de esta teoría es el tema central del libro Melanism: Evolution in Action [“Melanismo: Evolución en acción”], de Michael Majerus. Desafortunadamente [para los que creen en la evolución], Majerus muestra que este ejemplo clásico está en pésimas condiciones, y aunque no está listo para ser llevado a la fábrica de pegamentos, sí requiere muchísima atención . . . Majerus señala que el problema más serio es que B. betularia probablemente no se posa en los troncos; en más de 40 años de intensa búsqueda no se han encontrado más de dos polillas haciendo eso. ”En realidad, los lugares de descanso de estos insectos todavía constituyen un misterio. Este solo hecho invalida los experimentos de liberación y captura realizados por Kettlewell, ya que las polillas fueron colocadas directamente sobre los troncos de árboles, donde las aves depredadoras pudieron verlas claramente. (Además, Kettlewell echó a volar sus polillas durante el día, a pesar de que ellas normalmente escogen su lugar de descanso durante la noche.) ”La historia se desmorona aún más al saberse que el resurgimiento de typica [polillas de color claro] ocurrió mucho antes de que los líquenes recolonizaran las zonas contaminadas, y que el aumento y disminución paralelos de los ejemplares melánicos también ocurrió en zonas industriales de los Estados Unidos, donde no hubo ningún cambio en la abundancia de líquenes, que supuestamente desempeñan un papel tan crucial. ”Finalmente, los resultados de los experimentos de comportamiento de Kettlewell no fueron duplicados en estudios posteriores: las polillas no tienen ninguna tendencia a mimetizarse. Majerus encuentra muchas otras fallas en este estudio, pero son demasiadas para enumerarlas aquí. Yo mismo descubrí otros problemas cuando, avergonzado por haber enseñado la historia clásica de Biston betularia por años, leí las investigaciones de Kettlewell por primera vez. ”Majerus concluye, no sin razón, que lo único que podemos deducir de esta historia es que se trata de un caso de rápida evolución que probablemente tiene que ver con la contaminación y las aves depredadoras. Personalmente, yo reemplazaría ‘probablemente’ por ‘quizá’. B. betularia muestra las huellas de la selección natural, pero todavía no hemos visto los pies que las hicieron. ”Majerus se consuela un poco en su análisis diciendo que la verdadera historia tal vez sea más compleja y por lo tanto más interesante, pero uno intuye que sólo lo hace por necesidad. Mi propia reacción se asemeja al desaliento que sentí a los seis años al descubrir que era mi padre y no Santa Claus el que traía los regalos en la Nochebuena” (revista Nature, 5 de noviembre de 1998, pp. 35-36). “Pruebas” inválidas¿Qué conclusiones podemos sacar hoy en día sobre la supuesta evolución de las polillas moteadas? • Ambos especímenes de polillas ya existían al momento de realizarse los experimentos. No surgió ninguna especie nueva en respuesta a los cambios ambientales. • Lo único que cambió en el transcurso de los siglos xix y xx fue la proporción de polillas claras y oscuras, debido a ciertas condiciones que todavía no se entienden muy bien. No se creó ni evolucionó ninguna nueva especie. • Las polillas de las fotografías fueron colocadas en troncos de árboles por los investigadores con sus suposiciones erradas. Los análisis posteriores mostraron que estas polillas normalmente no se posan en los troncos. • El aumento de las polillas oscuras y la disminución de las pálidas probablemente se debieron a varios factores ambientales y a la depredación por parte de las aves. Pero estos ejemplos también muestran cuán resistentes son las criaturas de Dios cuando se ven enfrentadas a ciertas condiciones cambiantes. • A principios del siglo xx predominaban las polillas oscuras, quizá debido a la contaminación del ambiente por la actividad industrial. Cuando el ambiente se limpió, las polillas claras pasaron a ser el tipo predominante. Sin embargo, no hubo ningún cambio en el color o la estructura de estos insectos; ambas habían existido antes de que comenzara la contaminación industrial y ambas siguieron existiendo después. Lamentablemente, en su desesperación por presentar “pruebas” de su teoría de la evolución del hombre a partir de las moléculas —que niega efectivamente al Dios creador descrito en la Biblia— muchos científicos que escriben libros de biología o que dan información en canales de televisión dedicados a la ciencia continúan promulgando estos mitos de la evolución a millones de personas ingenuas. Con todo esto, y después de revisar los hechos, descartemos otra afirmación falsa de la evolución y démosle gloria a Dios por haber creado una variedad de polillas que en la historia reciente han demostrado su capacidad para adaptarse y sobrevivir bajo diferentes circunstancias. “El gran mito cosmogónico del siglo xx”Se han desechado varias otras supuestas “pruebas” de la evolución: los famosos dibujos de embriones de Haeckel resultaron ser falsas representaciones; han sido desacreditadas las progresiones de fósiles que demuestran la evolución del caballo, de la ballena y del hombre; y las bacterias resistentes a los antibióticos sólo muestran una cantidad reducida, no aumentada, de información genética, así que tampoco en este caso se crea algo nuevo. Como concluyó el genetista y agnóstico Michael Denton después de estudiar exhaustivamente las supuestas pruebas de la evolución: “Uno podría haber esperado que una teoría de semejante importancia, que literalmente cambió al mundo, hubiera sido algo más que metafísica, un poco más que un mito. A fin de cuentas, la teoría darviniana no es más ni menos que el gran mito cosmogónico del siglo xx” (Evolution: A Theory in Crisis [“La evolución: Una teoría en crisis”], 1985, p. 358). Por tanto, no se deje engañar por los astutos argumentos de quienes se empeñan en presentar la teoría de la evolución darviniana como un hecho comprobado, porque lo que está en juego es mucho más que una simple teoría científica. Se trata de creer lo que Dios nos dice en la Biblia acerca de la creación como un producto cuidadosamente diseñado, o de aceptar esta alternativa humanista basada en un proceso espontáneo de mutaciones fortuitas y de selección natural, una teoría plagada de grandes errores que ha causado mucha incredulidad y dolor. BN |
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