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Marzo/Abril 2008
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Daño colateral: La bomba de Darwin
 

 

Daño colateral: La bomba de Darwin

Lo que en un momento puede parecer una buena idea no siempre resulta ser positivo a largo plazo. Y esto es precisamente lo que ha ocurrido con la teoría de la evolución.

Por David Treybig

Cuando Carlos Darwin empezó a formular su teoría de la evolución, probablemente nunca tuvo en mente causar tanto daño a la humanidad ni degradar la condición humana. Por el contrario, lo que quería era contribuir al conocimiento científico. Mediante su teoría de la evolución ofreció una explicación de cómo la vida podría haber llegado a existir sin la intervención de Dios. Esta idea revolucionaria tuvo un impacto monumental que ha trascendido el campo de la ciencia.

Sin embargo, lo que Darwin presentó al mundo científico en su libro The Origin of Species (El origen de las especies), publicado en 1859, precipitó una gran oleada de daño colateral; es decir, de consecuencias involuntarias.

Desgraciadamente, muy pocos en nuestra sociedad han analizado las repercusiones de esta hazaña ideológica. Como una bomba que destroza un plácido silencio, las ondas del impacto que produjeron los postulados de Darwin siguen golpeando incesantemente a la sociedad.

La historia de cómo se desarrolló la teoría de la evolución y de la forma en que ha sido defendida está colmada de ironía, engaño y hasta de una fe que raya en lo religioso, practicada por personas no religiosas. Vamos a examinar un cuento más extraño que los mismos animales observados por Darwin en las islas Galápagos.

El rechazo de la religión

Antes de proponer su teoría de la evolución, Carlos Darwin obtuvo un diploma en teología.

Sin embargo, su teoría rechazaba la explicación bíblica de una creación especial. Él no estaba seguro de si la vida había surgido espontáneamente o gracias a la obra de un Creador. De cualquier forma, Darwin suponía que los numerosos cambios evolutivos y graduales de los distintos seres vivos eran los responsables de la gran variedad de criaturas —mamíferos, peces, reptiles, aves, etc.— existentes en la actualidad.

¿Qué impulsó a Darwin a abandonar la enseñanza bíblica? ¿Por qué se atrevió a presentar una teoría carente de pruebas y en directa oposición a la Biblia? Parece ser que, después de todo, Darwin no estaba bien cimentado en las Escrituras.

Al rechazar la religión, Darwin tocó una cuerda que resonó entre muchos de sus contemporáneos y que sigue resonando hoy en día. Al abrazar la teoría de Darwin, algunos piensan erróneamente que se han despojado de las normas y leyes de un Creador y que han quedado en libertad para definir por sí mismos el bien y el mal.

Si tales personas sólo hubiesen leído la Biblia, podrían haberse enterado de que Adán y Eva hicieron lo mismo —es decir, rechazaron a Dios— hace varios miles de años, y que por ello debieron sufrir terribles consecuencias. Cuando desecharon el conocimiento revelado de Dios para decidir por sí mismos cómo conducir sus vidas, Adán y Eva perdieron el acceso al árbol de la vida, que representaba la oportunidad de vivir para siempre (Génesis 3). Lamentablemente, la historia bíblica no logró disuadir a Darwin ni a sus seguidores.

Al parecer, no querían “tener en cuenta a Dios” (Romanos 1:28), ni mucho menos escuchar lo que él tenía que decir en las páginas de la Biblia. Erróneamente, pensaron que su nueva filosofía les otorgaba libertad, una palabra seductora frecuentemente utilizada en la propaganda.

La presentación de la teoría de Darwin desató un encarnizado debate acerca de la verdad. Irónicamente, los partidarios de Darwin alegaban que la religión no era más que una invención humana para ayudar a la gente en momentos difíciles. Ah, sí, claro. Una invención humana . . . ¡como si la teoría de la evolución no lo fuera!

La evolución bajo el microscopio

Al reflexionar sobre su teoría de la evolución, Darwin sabía que existían ciertos aspectos inquietantes, no comprobados, de su hipótesis. Por ejemplo, reconoció que la complejidad del ojo planteaba ciertas dificultades. También reconoció que no había nada entre los fósiles que comprobara irrefutablemente los cambios graduales que él se había imaginado en los seres vivos. Darwin sólo albergaba la esperanza de que tarde o temprano los fósiles le dieran la razón.

Conociendo la debilidad de su teoría, Darwin se sorprendió de la acogida tan positiva que tuvo. Hoy en día, pareciera que el mismo Darwin albergaba más dudas acerca de su hipótesis que la mayoría de los fanáticos darvinianos que la han aceptado sin siquiera cuestionarla.

Sin embargo, al analizarla cuidadosamente, los científicos y pensadores competentes han descubierto graves fallas en la teoría de Darwin. Se ha comprobado que algunas supuestas “pruebas” de la teoría son inadecuadas.

La iglesia de Darwin

Debido a la falta de pruebas válidas que respalden la evolución darviniana y al aumento de pruebas científicas en su contra, los defensores de la evolución se encuentran frente a un creciente desafío para sostener su creencia. Su posición es muy incómoda y exige una adhesión incondicional.

Cuando la teoría evolucionista es confrontada con pruebas científicas como las que ofrece el movimiento del “diseño inteligente”, algunos se sorprenden de que los seguidores de Darwin siempre respondan al desafío argumentando que el diseño inteligente no es más que una religión apenas disimulada. Técnicamente, sin embargo, uno no está obligado a creer en un Dios ni a practicar cierta fe para creer en el diseño inteligente, ya que los argumentos que apoyan este movimiento no se basan en conceptos religiosos, sino únicamente en pruebas científicas.

Desgraciadamente, parece que quienes se aferran fielmente a la teoría de Darwin no quieren reconocer el enorme cúmulo de información científica que está socavando cada vez más su posición. La razón para ello es obvia: pone en peligro su perspectiva del mundo y de la vida.

Si la creación en realidad tiene las huellas digitales del Creador —como lo indican las pruebas— ellos ya no tendrán excusa para no hacerle caso a Dios. De hecho, la Biblia lo expresa muy claramente (ver Romanos 1:20).

Para el mundo académico, la aceptación del diseño inteligente sería un cambio tan monumental como lo fue la aceptación de la teoría de Darwin. Como no están dispuestos a encarar las pruebas, los darvinistas conversos responden tratando de desacreditar la ciencia al compararla con la religión. Pero irónicamente, hoy en día parece que se requiere más fe para creer en el darvinismo que en el Dios creador de la Biblia.

Daño colateral

Desde su detonación, la onda expansiva de la bomba de Darwin ha hecho impacto en prácticamente todos los campos de estudio, con consecuencias extremadamente negativas. Mientras que a los devotos de Darwin les fascina hablar sobre todas las muertes asociadas con las guerras religiosas, no les gusta que les recuerden acerca de las perspectivas mundiales inmorales y materialistas que han sido engendradas o justificadas gracias a la teoría de Darwin.

Una biografía de José Stalin explica que éste consideraba el libro El origen de las especies como una prueba de que Dios no existe (E. Yaroslavsky, Landmarks in the Life of Stalin [“Hitos en la vida de Stalin”], 1940, pp. 8-9).

Cuando era seminarista, Stalin animó a un compañero de estudios para que leyera el libro de Darwin y así pudiera entender que hablar de Dios no era más que “puras tonterías” (ibídem). Como Darwin aseguraba que no existía Dios ni tampoco sus leyes en contra del asesinato de otros seres humanos, Stalin no tuvo ningún resquemor en matar a millones de sus coterráneos mientras se empeñaba en construir un mejor país.

En la Alemania nazi el concepto ideado por Adolfo Hitler de crear una raza superior se basó en “la supervivencia del más apto”, noción inherente a la filosofía de Darwin. Sin importar si las perspectivas de Darwin eran o no racistas, su teoría y aun el título completo de su libro —On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life (“Acerca del origen de las especies mediante la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida”)— se concertaron con la perspectiva racista de Hitler. Finalmente, los intentos de éste por crear una raza superior lo llevaron a exterminar a seis millones de judíos.

Nuevamente, si no le creemos a Dios cuando nos dice que es malo matar a nuestros semejantes, la única base que la gente tiene para sus decisiones son sus opiniones personales.

¿Fue el exterminio de millones de personas el resultado que Darwin esperaba cuando escribió El origen de las especies? Por supuesto que no. Pero el daño colateral ocasionado por el darvinismo no termina con Stalin o Hitler. Por el contrario, ha continuado su incansable marcha a través de numerosos ámbitos de la vida humana, de los cuales tal vez ninguno haya sido más afectado que la conducta moral.

Si los seres humanos no son más que animales, como sugirió Darwin, no hay nada malo en que busquen la pareja que quieran y lo hagan cuando bien les parezca. El pasar por alto las instrucciones bíblicas que regulan nuestra conducta sexual ha llevado a la destrucción de innumerables familias y a un sufrimiento incalculable. Este es otro ejemplo de daño colateral.

Es más, si las personas son simplemente animales, entonces no importa si una mujer decide abortar o no. Bajo esta premisa, millones de bebés han sido abortados antes de que siquiera pudieran respirar por primera vez. Más daño colateral.

Cuando Darwin escribió El origen de las especies, ¿habrá sido capaz de prever que su teoría desempeñaría un papel fundamental en la destrucción familiar y en la extinción de millones de criaturas en gestación? Seguramente que no. Pero una premisa defectuosa conduce a resultados defectuosos. Los efectos negativos de la conducta inmoral, justificada por la teoría de Darwin, siguen multiplicándose.

¡Es una gran tragedia que tantos apoyen una idea equivocada que se ha convertido en una filosofía materialista que devalúa la vida humana y socava la fe de los seres humanos en su Creador! ¡Qué triste es ver tanto sufrimiento innecesario! ¿Por qué no reconocer a Dios como Dios y optar por vivir una vida de bendiciones y de renovación, no de daño colateral? BN

 


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