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| Un ejemplo y una lección para todos los tiemposLos discípulos estaban atónitos. Habían visto y oído de su Maestro y Señor muchas cosas que no eran tradicionales, pero esa noche él estaba haciendo algo completamente insólito.Por Scott AshleyLa Pascua, una de las grandes fiestas de Israel, había llegado. Pero Jesucristo lucía apagado, algo muy poco común en él. Durante la cena se levantó, tomó una toalla y una palangana y empezó a lavar los pies de sus discípulos. ¿Qué significaba esto? ¿Sería otro de esos actos que sus discípulos habían presenciado y del que no podían entender su significado? Si era una noche de celebración, ¿por qué Jesús estaba diciendo y haciendo estas cosas tan extrañas? Con su propio ejemplo Jesús instituyó una costumbre que les enseñaría a sus discípulos muchas lecciones importantes. En ese entonces no entendieron la importancia de esta instrucción, pero más tarde se dieron cuenta de que las acciones de Jesús tenían un significado muy profundo. La pregunta que nosotros debemos hacernos es si en la actualidad esa costumbre sigue vigente para los cristianos. Una ordenanza de humildadEl apóstol Juan nos describe la escena: “Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. ¿Qué podemos aprender de lo que ocurrió esa noche? En estos versículos podemos ver cuál era la motivación detrás de las acciones de Jesús: Él sabía “que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba”. Se daba cuenta de que estaba viviendo sus últimas horas como ser humano y las estaba compartiendo con sus más íntimos amigos. Quería imprimirles una lección indeleble que les sirviera de ejemplo no sólo a ellos, sus primeros discípulos, sino también a todos aquellos que le seguirían en el futuro. Una tarea humildeExaminemos el significado de las acciones de Jesús. ¿En qué quería hacer énfasis? Como hoy vivimos en circunstancias diferentes, a veces nos es difícil entender ciertos aspectos de los relatos bíblicos. Tal vez podamos entenderlos mejor si nos situamos en el tiempo de ellos. En la Judea del primer siglo, las personas usaban sandalias. Caminaban por todas partes, y generalmente los caminos eran polvorientos; cuando llovía, el polvo se convertía en lodo. Es posible que a nosotros nos sea difícil imaginarnos que Jesucristo y sus discípulos tuvieran los pies sucios, pero así era en realidad. Si nosotros camináramos por todas partes y las calles o caminos fueran polvorientos, también nuestros pies se ensuciarían. Cuando llegaba un huésped, el siervo o el esclavo más insignificante de la casa debía encargarse del acto más despreciable de todos: lavarle los pies al huésped. Siendo esta una tarea nada envidiable, estaba reservada para el siervo de condición inferior. En los evangelios se hace referencia a esto en Juan 1:27 y Lucas 7:44-46. En el caso que estamos examinando, Jesús y sus discípulos estaban en una cena privada y no había siervos que cumplieran la tarea de quitarles las sandalias y lavarles los pies. La actitud de los discípulosAunque los cuatro evangelios nos relatan lo que ocurrió esa noche, en ninguno de ellos se menciona que alguno de los discípulos se hubiera ofrecido para desempeñar esta tarea. Eso hubiera implicado cierta inferioridad ante los demás. En Lucas 22:24 se nos da un detalle muy interesante acerca de los acontecimientos: “Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor”. Lamentablemente, en lugar de servir y colaborar de tal manera que la ocasión fuera de lo más agradable para todos, los discípulos estaban tan preocupados por “quién de ellos sería el mayor” que empezaron a discutir. No está claro en qué momento surgió la disputa. ¿Es posible que al empezar la polémica Jesús se levantó, tomó la palangana con agua y empezó a lavar los pies de sus discípulos? ¡Esto ciertamente hubiera acabado con la disputa! ¿O acaso ésta se presentó después del lavado de los pies? De ser así, ciertamente mostró cuán poco habían captado de la lección que Jesús les acababa de dar. No podemos saberlo con seguridad, pero las palabras de Jesús fueron muy claras: “Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve” (Lucas 22:25-26). La reacción de PedroTal parece que uno de los discípulos captó al menos parte de lo que Jesús estaba tratando de enseñarles. Cuando se arrodilló para lavarle los pies a Pedro, éste le dijo: “Señor, ¿tú me lavas los pies?” (Juan 13:6). “Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después” (v. 7). Él sabía que los discípulos todavía tenían mucho que aprender, porque en esos momentos no podían captar todas las profundas lecciones espirituales que él estaba tratando de darles. Mas esto no convenció a Pedro, quien le dijo: “No me lavarás los pies jamás” (v. 8). Pedro entendía muy claramente que Jesús se estaba rebajando al nivel más bajo y estaba asumiendo el papel del más humilde de los esclavos, pero todavía no comprendía la verdadera profundidad de la lección: que los seguidores de Cristo deberían tener la actitud de un siervo. “Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo” (v. 8). Aquí se encierra otra lección muy importante: que debemos ser lavados por Cristo si queremos estar en el Reino de Dios con él. Podemos recibir este lavamiento por medio del sacrificio de Cristo, representado en la Pascua (1 Corintios 5:7; Hebreos 9:12-14). Si nos arrepentimos de nuestros pecados, somos bautizados y recibimos el santo Espíritu de Dios, Jesucristo y Dios el Padre vivirán en nosotros (Gálatas 2:20; Juan 14:23) y recibiremos el don de la vida eterna (1 Juan 5:11-13). Pedro no entendía nada de esto. Solamente veía lo que estaba ocurriendo físicamente con el lavado de los pies, así que le pidió a Jesús que lo lavara más: “Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos. Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos” (vv. 9-11). Jesús simplifica la lecciónViendo que sus discípulos no entendían, Jesús les explicó algo más con el fin de imprimir firmemente la lección en ellos. “Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho?” (v. 12). Por supuesto, ellos no lo sabían. Transcurriría un período bastante largo antes de que pudieran captar la importancia del propósito y la misión que Jesús les estaba dando. “Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (vv. 13-15). ¿Quién debe ser nuestro modelo, el ejemplo que debemos seguir? No podemos encontrar a nadie más grande que Jesucristo, el Hijo de Dios. Debemos seguir sus pisadas y caminar como él caminó (1 Pedro 2:21; 1 Juan 2:6). Debemos seguir su ejemplo en todo, y el ejemplo que nos dio fue el de una vida dedicada a servir a los demás (Mateo 20:28). Jesús concluyó la lección con estas palabras: “De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió” (Juan 13:16). Si él estaba dispuesto a humillarse y hacerse a sí mismo como un siervo, desempeñando las labores más despreciables, ¿cómo podemos nosotros pensar que somos demasiado buenos para humillarnos y servir a nuestros semejantes? Nosotros somos siervos de Cristo. ¿Hemos pensado alguna vez que somos demasiado importantes para humillarnos de la misma forma en que él lo hizo? ¿Pensamos que servir o dar de nuestro tiempo a los que están en una posición “inferior” es algo indigno para nosotros y que alguien más debe hacerlo? Nosotros somos mensajeros de Cristo y él nos ha comisionado para que anunciemos —con nuestras palabras y con nuestro ejemplo— las buenas nuevas de la salvación. ¿Nos creemos superiores a los demás por esta comisión que nos ha dado? Tal vez no lo digamos con palabras, pero ¿qué dicen nuestras acciones? ¿Tenemos siempre alguna excusa para no ayudar cuando los demás nos necesitan? Si siempre buscamos excusas para no ayudar a nuestro prójimo, ¿qué es lo que están diciendo nuestras acciones? ¿Acaso no están diciendo que lo más importante para nosotros somos nosotros mismos? ¿Entendemos la lección?Dios ve muy claramente nuestra actitud y nuestra motivación. ¿Las vemos nosotros también? Jesús les preguntó a sus discípulos: “¿Sabéis lo que os he hecho?” Debemos preguntarnos si realmente entendemos la lección que Jesucristo nos enseñó tan vívidamente cuando desempeñó la tarea del siervo más humilde. Jesús nos dio el ejemplo del lavamiento de los pies y dijo: “Ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis”. Todavía existen cristianos que siguen fielmente el ejemplo de Jesús, sus enseñanzas y sus instrucciones. Reconocen la importancia de las lecciones que él enseñó en la última Pascua que observó antes de su muerte. Ellos entienden la promesa de Juan 13:17: “Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis”. BN
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