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| La historia de un adicto: ¿Cuál es la raíz de las adicciones?¿Cuáles son los factores que pueden conducir a la adicción a una persona? Entender estos factores y cómo se refuerzan entre sí es el primer paso para liberarse de muchas adicciones.Me volví un adicto cuando tenía 17 años, aunque el patrón adictivo hacía mucho estaba presente en mí. En el momento de escribir este artículo ya he estado libre de mi adicción por dos años y espero continuar así. No es relevante para este artículo que yo les diga la naturaleza exacta de mi adicción. Lo que quiero comentar aquí son cuatro elementos fundamentales que, tal como los ha identificado el Dr. Patrick Carnes en su libro Out of the Shadows [“Fuera de las sombras”], están presentes en la mayoría de las adicciones. Éstos son: • Yo, en el fondo, soy una persona mala, sin valor. • Nadie podrá amarme jamás si llega a saber quién soy yo de verdad. • Nadie podrá satisfacer mis necesidades jamás; por lo tanto, tengo que confiar en mí mismo para poder satisfacérmelas. • El agente adictivo es mi más grande necesidad. Los sentimientos de inferioridad tienen sus raíces en la infanciaCon frecuencia, estos cuatro factores se encuentran en el centro del torbellino que es la vida atormentada por las adicciones. Es importante conocerlos para poder ayudar a la recuperación del adicto. El primer elemento —yo, en el fondo, soy una persona mala, sin valor— ha sido causado en muchos casos por un trauma en la infancia en una familia disfuncional. La conducta disfuncional en una familia puede ser abuso emocional o físico, tal como acusaciones infundadas, insultos, gritos o expresiones vociferantes, golpes, castigos injustos e inapropiados, falta de afecto, contacto sexualmente inapropiado, y agresión física o sexual. Estos son ejemplos comunes de un comportamiento abusivo que puede servir para establecer la opinión que tenemos de nosotros mismos. Aun los menos graves de esta lista, cuando están dirigidos a un niño, o el niño es testigo presencial de ellos durante un período prolongado, pueden tener efectos devastadores en la opinión que éste se forma de sí mismo. Con frecuencia, estos comportamientos abusivos se dan cuando uno de los progenitores es un adicto o una persona mentalmente inestable. Las consecuencias de la conducta del padre o de la madre pueden recaer sobre la vida de su hijo. Cuando esto ocurre, el niño asume una identidad de vergüenza e indignidad. Estos conceptos son impuestos externamente, y para la mente inmadura de un niño la respuesta es tender a creer los conceptos negativos que se escuchan y se experimentan repetidamente. Finalmente, se llega a formar un vacío en la mente y en el corazón, que clama por ser llenado. Sentimientos de rechazoEl segundo elemento que mencionamos —nadie podrá amarme jamás si llega a saber quién soy yo de verdad— tiene dos aspectos. Primero, este concepto es la consecuencia inevitable del primero. Cuando un niño asume una identidad de vergüenza e indignidad, llega a dudar de que alguien pueda amarlo. Si sus propios padres parecen no amarlo, ¿cómo lo puede amar alguien más? El rechazo viene a ser lo normal para el niño, y esto empieza a manifestarse en su interacción con otros. Crea el sentimiento subyacente de que “nadie podrá amarme jamás si llega a saber quién soy yo de verdad”. Segundo, cuando se moldea el comportamiento adictivo, esta creencia se ve alimentada por la conducta. Los adictos están convencidos de que si alguien supiera la verdadera naturaleza de su adicción, no existiría la más mínima posibilidad de que esa persona pudiera amarlos. Esta creencia plantea un círculo vicioso en el comportamiento adictivo. El círculo es más o menos así: Nadie puede amarme si sabe quién soy de verdad; por lo tanto, necesito un agente adictivo que me ayude a hacer frente al dolor de esta realidad, lo que a su vez refuerza la creencia de que nadie podrá amarme jamás (al fin y al cabo, ¿quién podría amar a alguien que hiciera lo que yo hago?). Los adictos no piensan así de una manera consciente, pero este patrón se repite en forma inconsciente vez tras vez. Es un círculo vicioso increíblemente difícil de vencer. Confiar en sí mismo impide buscar ayudaEl tercer elemento —nadie podrá satisfacer mis necesidades jamás— es algo que se presenta naturalmente después de los dos primeros elementos que ya mencionamos. Cuando alguien asume una identidad de vergüenza y está convencido de que no merece ser amado, es poco lo que le falta para proyectar esas creencias sobre cualquier persona con quien se encuentre. Estos conceptos hacen que la persona piense: “Nadie excepto yo es capaz de satisfacer mis necesidades; por lo tanto, tengo que confiar en mí mismo para poder satisfacérmelas”. En el interior de muchos adictos existe una enorme preocupación por sí mismos, por el yo. Un vacío peligrosoEl cuarto elemento —el agente adictivo es mi más grande necesidad— se forma cuando el adicto descubre el agente que le da su máximo placer (alivio o distracción del dolor). Cuando una persona joven tiene en sí misma estos conceptos que he descrito, está viviendo con un vacío que necesita ser llenado. Es una ley física que la naturaleza rechaza el vacío. Esto es igualmente cierto en cuanto al corazón. El vacío tiene que ser llenado por algo, aun cuando sea algo dañino. Tarde o temprano toda persona que se vuelve adicta descubre su agente preferido de adicción. Este agente, cuando se encuentra, parece salvar al adicto de lo que siente por dentro. El agente adictivo se convierte en una droga emocional y física que el adicto necesita desesperadamente. El placer dura poco y finalmente no satisface, pero el adicto llega a la conclusión de que las cosas nunca van a ser mejor que cuando utiliza el agente adictivo. Éste se convierte en su mayor necesidad. Una trampa cruelCuando se dan estos cuatro elementos es muy difícil vencerlos, porque se retroalimentan mutuamente. Cada vez que se interactúa con el agente adictivo (que la mayoría de los adictos reconocen que es malo y se avergüenzan de él), esto alimenta los cuatro elementos fundamentales. La dependencia del agente adictivo hace que el adicto sienta cada vez más vergüenza y rechazo de sí mismo, lo que agrava la creencia de que nadie puede amarlo de verdad y más adelante fortalece su convicción de que sólo él puede satisfacer sus propias necesidades porque nadie más puede hacerlo, algo que a su vez inevitablemente refuerza la noción de que el agente adictivo es la única cosa que él conoce que puede contrarrestar su dolor emocional. Es una trampa cruel que Satanás utiliza de una forma impresionante. La ha estado perfeccionando por siglos. Digo que estas cosas esclavizan a las personas, porque yo mismo he estado atrapado por ellas. Los adictos necesitan sanidad y libertad. ¿Qué puede liberarnos de este dilema? Debido a que la adicción es en gran parte un problema espiritual, la solución también debe ser espiritual. Sin embargo, no es una solución fácil o rápida. No conozco un solo adicto que haya sido sanado instantáneamente por una intervención divina, así que no creo que sea prudente esperar algo así. A todos los adictos que he llegado a conocer, el camino de la libertad los conduce a afrontar el problema, no a esquivarlo. De acuerdo con mi experiencia personal, el primer paso para la recuperación se encuentra en Santiago 5:16: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho”. En muchos casos el adicto tendrá que hacer una de las cosas más duras que se pueda imaginar (porque sabe que esto hará que lo rechacen tal como él espera), y esto es confesar a personas de confianza todo lo que ha hecho en su adicción —todo— para que la sanidad pueda comenzar. Por medio del respaldo y las oraciones de personas afectuosas, el adicto puede comenzar a desafiar los conceptos que tiene de sí mismo. Al hacerse responsable frente a las personas que están interesadas en él y a quienes les importa lo que le ocurra, puede reemplazar sus pensamientos y acciones erróneas con pensamientos y acciones correctas y saludables. Finalmente, puede llegar al punto en el que confía en el amor de otros y puede creer en el amor que Dios ha manifestado hacia todos nosotros. En este punto el adicto ya está en una posición en la que puede romper el vínculo con el agente adictivo que tiene en su vida. El camino que he descrito es muy largo, y para el adicto no existen atajos. El propósito de este artículo no es dar una solución total y un plan de recuperación para los adictos. Más bien, es ayudar a los adictos o a las personas que los aman a entender los conceptos subyacentes de la mayoría de las adicciones, conceptos que deben ser desarraigados para que el adicto pueda recuperarse. BN
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