|
| La peor de las adiccionesLa mayoría de las personas están familiarizadas con adicciones como el alcohol y las drogas. Éstas son muy difíciles de enfrentar y dominar. Pero hay una adicción más profunda que todas las demás, y sin embargo pasa inadvertida para la mayoría de la gente.Por Jerold AustA mí no me pueden meter en problemas. Soy una celebridad”. Así se jactaba la actriz norteamericana Lindsay Lohan la noche en que fue arrestada por conducir bajo la influencia del alcohol, con su licencia suspendida y portando cocaína (diario Los Angeles Daily News, 5 de agosto de 2007). El artículo citado es un lamentable testimonio de las arrogantes acciones de algunas personas famosas, que a veces hacen lo que les da la gana simplemente porque pueden. Paradójicamente, el título del artículo pregunta: “¿Hemos perdido el rumbo?” Este interrogante sugiere que en algún momento conocíamos el camino de vida correcto y que solamente nos hemos extraviado un poco. Pero esta suposición es errónea. Las drogas y el alcohol empañan el buen juicio. No obstante, existe otra adicción, mucho más difundida, que desvirtúa los principios verdaderos, y la mayoría de las personas ni siquiera se dan cuenta de que son víctimas de ella. Investigaciones sobre conductas adictivasEn la introducción de su libro Addiction (“Adicciones”), los autores John Hoffman y Susan Froemke hablan de su primer encuentro con diversas adicciones y de las actitudes que las acompañan. Siendo novatos en la materia, ambos estaban investigando y preparando una serie de programas sobre las adicciones para un importante canal de televisión. “Ninguno de nosotros tenía conocimientos profundos acerca de este tema”, afirman (p. 14). “La adicción resultó ser un problema muy confuso, plagado de conceptos falsos, absolutamente carente de tratamientos uniformes, y sumamente estigmatizado. Al mismo tiempo, llegamos a la conclusión de que aunque la ciencia de la adicción es relativamente nueva, se están produciendo enormes cambios de actitud al respecto”. Estos autores explican que la adicción es una enfermedad crónica (y progresiva) del cerebro. “Una clara contribución a este cambio de actitud lo constituye el hecho de que la ciencia ahora nos permite ver dentro del cerebro de las personas adictas. Podemos ver que el cerebro del adicto es diferente, que se encuentra alterado. Junto con estas investigaciones, se han producido grandes avances en el tratamiento médico de las adicciones y ya se vislumbra en el horizonte la promesa de más tratamientos efectivos”. En el 2004, Hoffman y Froemke asistieron a la reunión anual de la Asociación Siquiátrica de Estados Unidos en la ciudad de Nueva York, en la cual hubo un extenso seminario sobre las adicciones. Allí aprendieron cómo ciertos medicamentos pueden ayudar a controlar la ansiedad causada por la adicción al alcohol. “Pero el momento culminante de nuestra educación se produjo en la sala de conferencias cuando escuchamos la presentación de la Dra. Nora Volkow, titulada ‘El cerebro adicto’. Aprendimos de qué manera las drogas afectan las acciones voluntarias de la persona. La elocuente explicación de la Dra. Volkow acerca de cómo los antiguos senderos gratificantes del cerebro son secuestrados debido al aumento de la sustancia cerebral llamada dopamina por el uso repetido de la droga, fue muy reveladora” (p. 15). El sistema del “¡Vamos!”En el capítulo 2 de su libro, Hoffman y Froemke se refieren a la adicción como una enfermedad cerebral. Un hecho queda muy claro: “Las drogas y el alcohol cambian el cerebro, tanto su estructura como la manera en que funciona” (p. 55). Los autores muestran cómo funciona el cerebro emocional y lógicamente mediante el mecanismo placentero de la dopamina (el sistema del “vamos”), y el de la corteza prefrontal (el sistema del “pare”), respectivamente. Bajo el subtítulo “¡Vamos!: El mecanismo placentero de la dopamina” escriben: “Las investigaciones han revelado que todo abuso de drogas activa directa o indirectamente el mecanismo placentero del cerebro, la intrincada red que controla y regula nuestra habilidad para sentir placer. ”Cuando experimentamos algo agradable —como hacer el amor, una buena comida, una hermosa puesta de sol— nuestro cerebro aumenta el nivel del neurotransmisor llamado dopamina. Nos sentimos cómodos, tranquilos y contentos. Después de un rato la dopamina vuelve a sus niveles normales y continuamos con nuestras vidas, a la espera de la siguiente experiencia gratificante. ”Y esperamos con ansias esa siguiente vez, porque la experiencia ya está almacenada en el sistema límbico del cerebro, el que además de ser el centro del placer y las emociones, alberga los circuitos de memoria y de motivación. Esta es la función del mecanismo de la dopamina: registra la experiencia física del placer y asegura que los comportamientos conducentes a él sean recordados y repetidos. Entre los sucesos placenteros hay un período de calma, cuando los neurotransmisores vuelven a sus niveles básicos” (pp. 58-59). El sistema del “¡Pare!”A continuación Hoffman y Froemke se refieren al sistema del “pare”. Bajo el subtítulo de “¡Pare!: Los frenos del cerebro” afirman: “Además del sistema del ‘¡Vamos!’, el cerebro también tiene incorporado un sistema de ‘¡Pare!’: es la corteza prefrontal, que se conoce como la morada de las reflexiones sobrias. ”Con este sistema reunimos toda la información, la sopesamos, examinamos los riesgos y consecuencias, y planeamos la próxima movida. ¿Es esta una buena idea? ¿Es esto ilegal o inmoral, o puede provocarme una enfermedad? ¿Estaré en condiciones de conducir bien, o estaré demasiado aturdido por sus efectos para ir a trabajar mañana?” “‘Cuando las cosas van bien, el circuito del “¡Vamos!” y el circuito del “¡Pare!” interactúan estrechamente y se comunican entre sí para ayudarlo a uno a considerar las consecuencias de cierta decisión y a decidir si debe seguir o no’, dice Anna Childress [profesora adjunta de investigaciones del Departamento de Siquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pensilvania]. ‘Estos circuitos no se pueden separar. Son interactivos y están siempre entrelazados’. ”En el caso de los adictos, sin embargo, ‘pareciera que [ambos sistemas] se hubieran desconectado de sus funciones. Es como si el sistema del ‘¡Vamos!’ anduviera por cuenta propia, como vagabundo, dejando de interactuar de manera continua, constante y unificada con el sistema del ‘¡Pare!’, dice Childress. ”Las drogas adictivas activan directamente las vías del placer, pero las investigaciones más recientes muestran que las adicciones también afectan las vías que manejan la memoria y el aprendizaje; es decir, el proceso adictivo se instala y luego deshace o debilita lo que el cerebro sabía antes, y le enseña algo completamente distinto” (pp. 60-62). Es indudable que las adicciones comunes parecen ser mucho más complejas de lo que se creyó en algún momento, y que los descubrimientos de cómo pueden ser alterados los patrones de pensamiento también pueden relacionarse con la adicción más grande de todas. Lo que dice la BibliaLa fuerza de voluntad del hombre es de por sí débil, pero se debilita mucho más debido a la naturaleza humana. Dios dice que aun en el mejor de los casos, el hombre es “completa vanidad”, o sea vacío (insatisfecho) o transitorio (Salmos 39:5). La naturaleza humana es simplemente nuestra tendencia a hacer lo que se nos antoja naturalmente, lo que nosotros creemos que es lo mejor. En la práctica, esto por lo general significa preocuparnos por nosotros mismos, siguiendo el sendero de menor resistencia y haciendo cualquier cosa que prometa ser agradable. Lo que la mayoría de la gente no sabe es que esta puede ser la peor adicción de todas, y también la más peligrosa. Efectivamente es la más peligrosa porque si al término de la vida humana aún tenemos una actitud inmutable e impenitente hacia la naturaleza humana, no nos resta más que la muerte (Romanos 6:23; Hebreos 6:4-8). La naturaleza humana constituye la raíz misma de los problemas de la humanidad: los celos, la mentira, el engaño, el odio, la violencia, la ambición por el dominio sobre los demás y la guerra, por mencionar sólo algunos de nuestros rasgos más perversos. La naturaleza del hombre, egoísta y autocomplaciente, a menudo repite ciegamente actos malignos que la perjudican a sí misma y a los demás. Notemos de qué manera describe la Biblia la naturaleza humana: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9). Dios usa el término corazón para referirse a la motivación, la actitud, la lógica y la emoción de la mente humana. Y como dice aquí, el corazón es incurable de sí mismo; no puede sanarse o enderezarse por sí solo. Dios conoce las limitaciones de los seres humanos. En Deuteronomio 5:29 se lamentaba así: “¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre!” No tenían un corazón dispuesto a seguir los caminos de Dios, y tampoco lo tenemos nosotros si él no nos da su ayuda. El apóstol Santiago, medio hermano de Jesucristo, escribió acerca de las motivaciones del corazón del hombre y sus resultados: “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4:1-3). Las guerras provienen de la naturaleza humana, no de la naturaleza de Dios. La Biblia nos dice que Caín fue el primer homicida humano: asesinó a su hermano Abel (Génesis 4:8). Desde entonces los seres humanos han estado matándose continuamente, cobrando miles y millones de víctimas. Al igual que otras adicciones comunes, el camino egoísta del hombre, que forma parte de nuestra naturaleza, es peligroso y sumamente adictivo. ¿Cómo funciona en nosotros la naturaleza humana?La naturaleza humana, altamente dispuesta a complacer al ego, con frecuencia nos lleva a pecar. La naturaleza humana primero apareció en Adán y Eva, quienes pecaron en el huerto del Edén. Eva pecó como resultado del engaño de Satanás y Adán pecó sin ser engañado (Génesis 3:6; 2 Corintios 11:3; 1 Timoteo 2:14). Desde entonces los seres humanos han pecado continuamente. “Por tanto, como el pecado entró al mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12). Los impulsos y tendencias de nuestra naturaleza humana constituyen una fuerza poderosa, fundamental y penetrante. “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). El pecado puede convertirse en un agente adictivo, una fuerza destructora. Pablo, refiriéndose a la anterior forma de vida de algunos cristianos, escribió: “Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad . . .” (Romanos 6:19). Quienes actúan únicamente de acuerdo con su naturaleza humana, son incapaces de entender ni de obedecer a Dios. Muchas veces, engañados por su propia naturaleza y por el pecado, suponen ignorantemente que no hay otra manera de hacer las cosas. Pablo explicó: “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne [la naturaleza humana]; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden” (Romanos 8:5-7). Influencias sobre la naturaleza humanaLa influencia más poderosa sobre la naturaleza humana proviene de Satanás, el gran enemigo de Dios y de toda la humanidad. Él es el “príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia” (Efesios 2:2), el que se presenta como “ángel de luz” (2 Corintios 11:14), cuando en realidad es la fuente de las tinieblas y de la ceguera espirituales. Otra importante influencia en la naturaleza humana es el mundo que nos rodea, y que también está configurado en gran parte por el influjo de Satanás. Él es “el dios de este siglo” (2 Corintios 4:4), un poderoso ser que “engaña al mundo entero” (Apocalipsis 12:9). Ciertamente, Jesús conocía la base de la naturaleza humana cuando afirmó: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira” (Juan 8:44). Dios desea que cambiemosLa gran pregunta, cuya respuesta muchísimas personas quisieran conocer, es esta: Si Dios sabe cuán perversa es la naturaleza humana, ¿por qué permite que la tengamos? Siendo el Creador, Dios es el responsable absoluto de todas las cosas, buenas y malas, aunque él no hace el mal ni lo creó. No es Dios quien instiga el mal que domina la naturaleza humana, sino Satanás, y éste será juzgado por engañar a los seres humanos y mantener a la humanidad cautiva en su círculo de corrupción y confusión (2 Corintios 4:4; Apocalipsis 20:1-3; Isaías 14:12-15). Como ya mencionamos, la fuerza de voluntad humana es débil y la naturaleza humana nos debilita aún más. Jesús sabía esto, y declaró: “El espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41). Dios quiere que conquistemos nuestra naturaleza humana por medio de Cristo, quien mora en nosotros mediante el poder del Espíritu Santo. Sin esto, es imposible que alcancemos el glorioso destino de ser parte de la familia de Dios. Un aspecto de esta vida transformada es una fe incondicional, demostrada en obras piadosas (Santiago 2:17-26). Dios concederá vida eterna a aquellos cuyos pecados sean perdonados por medio de Jesucristo y, con su ayuda, superen su naturaleza pecaminosa (Juan 3:16-17; Apocalipsis 2:26). Dios está transformando a seres humanos imperfectos, que tienen naturaleza humana, en hijos e hijas suyos, inmortales y perfectos (1 Corintios 15:42-53). Los seres humanos que se arrepientan y se sometan a este cambio de la adicción de su naturaleza humana, le demuestran a Dios que desean seguir sus caminos para siempre. Se sobreponen a su naturaleza humana mediante el poder del Espíritu Santo, que los capacita para vivir por la palabra de Dios. Al hacer esto por el resto de sus vidas físicas, estos seres humanos serán transformados en seres espirituales, verdaderos hijos inmortales de Dios (Hebreos 2:10). Dios sabe que cuando las personas llegan a comprender cabalmente las inicuas profundidades de su naturaleza humana y sus terribles efectos, pueden tomar la decisión de acudir a él para que los ayude a superar las incesantes manifestaciones de esa naturaleza. Dios se complace en darles a tales personas su don de la vida eterna. Porque si lo honramos en nuestra débil condición humana, él sabe que permaneceremos fieles más tarde, ya con vida inmortal. Cómo sobreponerse con la ayuda de DiosLo primero que debemos hacer para superar la peor de las adicciones —el dejarse llevar por nuestra naturaleza humana ególatra— es reconocer y confesar que ella es parte de nosotros y que no podemos salvarnos por nuestra propia cuenta de sus consecuencias, que son la muerte (1 Juan 1:5-10). Sin embargo, no podemos vencer completamente nuestra naturaleza humana hasta que Dios el Padre nos atraiga o nos llame (Juan 6:44) y nos otorgue su ayuda. Cuando respondemos a la llamada del Padre, tenemos una oportunidad para arrepentirnos de nuestros pecados, bautizarnos y recibir el don del Espíritu Santo (Hechos 2:38). Después de este cambio inicial, debemos continuar buscando ayuda de lo alto. Dios ha provisto la ayuda necesaria para que nos sobrepongamos a nuestros pecados, a este mundo y a Satanás. Si permanecemos fieles y perseveramos hasta el fin, podremos vivir en el venidero mundo de Dios, como parte de su reino sempiterno (Marcos 1:14-15). Sí es posible superarlaLos seres humanos son fácilmente susceptibles a caer en todo tipo de adicciones, tales como las drogas y el alcohol, debido a la debilidad de la carne y a su naturaleza humana rebelde. Dios nos dio libertad de elección (Deuteronomio 30:19), pero debemos demostrarle que deseamos seguir su camino y no el nuestro, para que nos conceda la vida eterna, cosa que hizo posible la muerte y resurrección de Jesucristo (Romanos 5:10). La lectura y el estudio de las Escrituras, guiados por el Espíritu Santo, nos ayudan a limpiar nuestras mentes de los hábitos dañinos y pecaminosos (Efesios 5:26). Además, el conocimiento y aceptación de la sangre derramada de Cristo que cubre nuestros pecados, nos ayuda a limpiar nuestras conciencias de obras muertas (Hebreos 9:14). Ciertamente podemos superar la peor de las adicciones; de hecho, tenemos que superarla. El apóstol Pablo se esforzó para controlar al máximo su mente y su cuerpo por temor a que, después de haberles predicado a los demás, él mismo pudiera perder la batalla contra su propia naturaleza humana (1 Corintios 9:27). El encabezado mencionado al comienzo de este artículo preguntaba: “¿Hemos perdido el rumbo?” Como se señaló, esto implica que en alguna ocasión conocimos bien la ruta, que esa ruta era la correcta y que ahora nos hemos extraviado. Pero Dios no está de acuerdo con ese concepto. La peor de las adicciones afecta a toda la humanidad, y el pecado es la placentera raíz que la alimenta (Hebreos 11:25). Pero la naturaleza humana sí puede ser vencida. “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:1). Sea valiente. Usted puede resistir los impulsos de su naturaleza humana, la peor de todas las adicciones, con la ayuda del Dios todopoderoso por medio de Jesucristo (Hebreos 4:15-16; Romanos 8:28, 31, 37-39). BN
|
|||||||||||||||||||||||||||
| © 1995-2008 Iglesia de Dios Unida, una Asociación Internacional | Política del Sitio La reproducción total o parcial sin premiso esta prohibido. Toda correspondencia y preguntas deben ser enviadas a revista@lasbuenasnoticias.org. Envíe preguntas sobre el como opera este Sitio Web a webmaster@lasbuenasnoticias.org. | |