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Mayo / Junio 2008
» Contenidos de esta Edición
¬ Artículo de Portada
Siete profecías que deben cumplirse antes del regreso de Cristo
¬ La futura superpotencia europea
  Pregunta: ¿Cuándo una constitución no es una constitución?
Respuesta: Cuando es un “tratado”.

¬ ¿Dónde encajan los dinosaurios?
¬ El mandamiento de Jesucristo: Que llevemos fruto en abundancia.
  La parábola del sembrador
¬ Sucesos claves de la historia: ¿Tienen alguna relación con la profecía bíblica?
  Dios, la ciencia y la Biblia
Noticias de actualidad del mundo científico
   

 

Siete profecías que deben cumplirse antes del regreso de Cristo

En el pasado, algunas generaciones llegaron a pensar que Jesucristo regresaría en su época, pero estaban equivocadas. Muchas personas en la actualidad creen que el regreso de Cristo es inminente. La realidad es que en la Biblia hay profecías que no podrían haberse cumplido hasta esta generación.

Por Melvin Rhodes

Poco antes de su crucifixión y resurrección Jesucristo pronunció una profecía muy importante acerca de los acontecimientos del tiempo del fin, y ésta fue registrada en Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21.
Sus discípulos le preguntaron: “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” (Mateo 24:3). Jesús respondió dándoles una descripción de las condiciones y sucesos que conducirían a su retorno. Aún más, afirmó que cuando esas señales fueran evidentes, su regreso ocurriría en esa misma generación. ¿Podría ser nuestra generación?

En los casi 2000 años transcurridos desde que Jesús anunció esta profecía, muchas personas llegaron a pensar que vivieron en el tiempo de su regreso, pero obviamente estaban equivocadas. Pero es interesante notar que hay varias profecías en la Biblia que no podían cumplirse antes de la era moderna, el período posterior a la segunda guerra mundial.

1 El hombre tendría la capacidad de exterminarse

En Mateo 24:22, al describir las condiciones que prevalecerían en el mundo antes de su retorno, Jesús dijo: “Si no se acortaran aquellos días, nadie escaparía con vida; pero por amor a los elegidos se acortarán” (Nueva Biblia Española).

El mensaje fundamental que proclamó Jesucristo fue acerca del venidero Reino de Dios. Esto se llama “el evangelio” (Marcos 1:14), término que significa “buenas noticias”. Mientras algunas de las profecías referentes a los sucesos que se van a presentar antes del establecimiento de ese reino pueden parecer negativas, debemos siempre tener en mente que el meollo de la profecía bíblica son las buenas noticias (el evangelio) del venidero Reino de Dios.

Mateo 24:22 nos muestra que si Jesucristo no interviene en los asuntos del mundo, el género humano tendrá que enfrentar la extinción. Es fundamental que entendamos que la humanidad sólo ha tenido esta capacidad de aniquilarse por poco más de 50 años, desde que los Estados Unidos y la Unión Soviética desarrollaron y almacenaron bombas de hidrógeno y el mundo tuvo que aprender a vivir bajo la sombra de “la destrucción mutuamente asegurada”.

En esa época tan sólo existían tres potencias nucleares (Inglaterra era la otra). A mediados de los años 60 Francia y China se unieron al club nuclear. Actualmente, por lo menos ocho naciones tienen ojivas nucleares, y ese número parece estar a punto de incrementarse debido a la carrera de armas nucleares en el Cercano Oriente.

Por supuesto, mientras más potencias nucleares tengamos en el mundo, más probable es que alguien utilice esta fuerza mortífera para el mal.

Aunque en los últimos años la atención internacional se haya centrado en los programas nucleares de Corea del Norte e Irán, se ha prestado poca atención a la posibilidad de que parte del arsenal nuclear de Paquistán llegara a caer en manos de islamistas radicales.

Durante la crisis actual en Paquistán, los talibanes y Al Qaeda y sus simpatizantes han ganado poco a poco más poder, territorio e influencia, haciendo más vívida la posibilidad del terrorismo nuclear. ¡Pensemos en las consecuencias que tendría para todo el mundo si Osama Bin Laden (u otros semejantes a él) tuvieran acceso a las armas nucleares!

Mientras tanto, Rusia y China están decididas a dejar sentir su poderío militar, aumentando los temores de que regresen las tensiones de la época de la guerra fría.

Las buenas noticias son que los cristianos tienen la seguridad de que Jesucristo va a intervenir para salvar a la humanidad de la aniquilación. Esta profecía no podría cumplirse hasta que el hombre tuviera la capacidad de exterminarse por medio de las armas de destrucción masiva. Repetimos que esto sólo ha sido posible en los últimos 50 años.

2 El restablecimiento de una patria judía en el Cercano Oriente

Desde el punto de vista geopolítico, el foco central de los acontecimientos del tiempo del fin será Jerusalén y sus alrededores, lo que muchas personas llaman la Tierra Santa.

Lucas 21 es un capítulo paralelo de Mateo 24. Veamos la versión de Lucas acerca de la larga profecía que Jesús dio para responder las preguntas de sus discípulos: “Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto? ¿y qué señal habrá cuando estas cosas estén para suceder?” (Lucas 21:7).

Como respuesta, él dijo que Jerusalén sería el foco central de las revueltas políticas y militares que ocurrirían inmediatamente antes de su regreso: “Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado . . . Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas” (vv. 20, 22).

A quienes vivieron hace un siglo les habría sido casi imposible entender estas palabras. Antiguamente se libraron incontables batallas por Jerusalén, pero por espacio de cuatro siglos, a partir de 1517, la ciudad experimentó paz bajo el Imperio Otomano. Los judíos eran minoría bajo el gobierno turco, pero esto iba a cambiar dramáticamente en el transcurso del siglo xx.

Tuvo que cambiar para que se pudiera cumplir la profecía bíblica.

Zacarías, profeta del Antiguo Testamento, fue inspirado por Dios para que revelara gran parte de los sucesos del tiempo del fin y el retorno del Mesías. Zacarías vivió y profetizó más de 500 años antes de Jesucristo; sin embargo, su libro profético nos habla bastante del mundo actual.

Dios dice en Zacarías 12:2-3: “He aquí yo pongo a Jerusalén por copa que hará temblar a todos los pueblos de alrededor contra Judá, en el sitio contra Jerusalén. Y en aquel día yo pondré a Jerusalén por piedra pesada a todos los pueblos; todos los que se la cargaren serán despedazados, bien que todas las naciones de la tierra se juntarán contra ella”.

En el versículo 9 agrega: “Y en aquel día yo procuraré destruir a todas las naciones que vinieren contra Jerusalén”.

Al leer estos versículos es posible pensar que se aplican a sucesos pasados, ya que Jerusalén ha presenciado cruentas batallas durante muchos siglos. Sin embargo, el capítulo 14 deja claro que está hablando de sucesos futuros; todo ocurrirá inmediatamente antes del regreso de Jesucristo.
“He aquí, el día del Eterno viene . . . Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén; y la ciudad será tomada, y serán saqueadas las casas, y violadas las mujeres; y la mitad de la ciudad irá en cautiverio . . . Después saldrá el Eterno y peleará con aquellas naciones . . . Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur” (Zacarías 14:1-4).

Las últimas frases de este pasaje nos dan a entender claramente que esta profecía todavía está por cumplirse.

Más adelante en este mismo capítulo leemos cómo las naciones que peleen contra Jerusalén tendrán que ir allá “para adorar al Rey, al Eterno de los ejércitos” (v. 16).

Estos capítulos de Zacarías son una profecía acerca de los acontecimientos que preceden e incluyen al retorno de Jesús. Es evidente que una Jerusalén controlada por los judíos es el foco central.

Poco antes de Zacarías, otro profeta judío llamado Daniel vivió durante el tiempo de la cautividad de los judíos en Babilonia. Su libro habla acerca de cómo serán interrumpidos los sacrificios diarios de los judíos en los tiempos del fin (Daniel 12:11; ver versículos 1-13), y esto tuvo un cumplimiento parcial cuando el templo fue profanado por Antíoco Epífanes en el siglo segundo a.C.

Sin embargo, Jesús confirmó que este sería un acontecimiento futuro que precedería a su regreso (comparar Daniel 11:31 y Mateo 24:15). Esto significa que estos sacrificios tendrán que ser restablecidos primero en Jerusalén, lo cual a su vez requiere que sean los judíos los que gobiernen la ciudad.

Hace 100 años era impensable que todo esto pudiera ocurrir, por la simple razón de que no existía una entidad judía política independiente en el Cercano Oriente.

Después de rebelarse contra los romanos en el año 66 d.C., y nuevamente en el 132, Judea fue arrasada y la mayoría de los judíos que sobrevivieron se dispersaron por todo el Imperio Romano y sus alrededores. No existió ninguna patria judía hasta que en 1948 se estableció el moderno Estado de Israel.

Hace un siglo un estado independiente judío era como un sueño para un pequeño grupo de zelotes. Se acercaron un poco a su cometido durante la primera guerra mundial, cuando el ejército británico les quitó el control de Jerusalén a los turcos en diciembre de 1916. Unos meses después el gobierno británico se comprometió a establecer un territorio judío independiente en el lugar donde los judíos habían habitado durante siglos.

Se necesitaron otros 30 años para que el sueño pudiera finalmente realizarse en 1948. Mas el diminuto Israel tuvo que defenderse contra ataques militares en 1948, 1967 y 1973, y además ha afrontado incontables atentados terroristas y amenazas a su supervivencia de vecinos hostiles que están decididos a exterminarlo.

Nuevamente vemos que esta es una profecía que sólo se podría cumplir en nuestro tiempo.

3 El rey del norte y el rey del sur de los tiempos del fin

En Daniel 11 encontramos una sorprendente profecía acerca de dos dirigentes, los reyes del norte y del sur, las cabezas de regiones situadas geográficamente al norte y al sur de la Tierra Santa. Para entender esta profecía tenemos que remontarnos a la época de Alejandro Magno, quien vivió cerca del fin del cuarto siglo a.C., 200 años después de Daniel.

Alejandro figura notablemente en los escritos de Daniel, aunque éste no sabía su nombre y nunca lo conoció personalmente. No podría haberlo hecho, ya que murió casi dos siglos antes de que Alejandro apareciera en el escenario mundial.

Pero Dios le reveló a Daniel que después de Babilonia, Persia emergería como la potencia más grande de la región, y que ésta a su vez sería reemplazada por Grecia. No debe sorprendernos que las profecías acerca de Grecia se centren en Alejandro Magno, uno de los conquistadores más importantes de la historia.

Daniel 8 nos da un relato vívido del enfrentamiento entre Persia y Grecia. A medida que leemos, recordemos que un cuerno simboliza un poder real y autoridad. Persia “tenía dos cuernos; y aunque los cuernos eran altos, uno era más alto que el otro; y el más alto creció después”. Esto se refiere al Imperio Medopersa, compuesto por dos naciones o pueblos diferentes. Como se profetiza aquí en el versículo 3, los persas llegaron a ser grandes después de los medos.

En el versículo 5 leemos acerca de la derrota de Persia a manos de Alejandro Magno: “Mientras yo consideraba esto, he aquí un macho cabrío venía del lado del poniente sobre la faz de toda la tierra, sin tocar tierra; y aquel macho cabrío tenía un cuerno notable entre sus ojos” (v. 5).

El “cuerno notable” o dirigente real era Alejandro Magno. La profecía acerca de su ejército que ni siquiera tocaba tierra es una referencia a la increíble velocidad con la cual conquistó el mundo de aquel entonces. Todo esto lo logró en muy poco tiempo. Alejandro murió en el 323 a.C., cuando tenía solamente 33 años de edad.

Aun su muerte, inesperada y súbita, fue profetizada: “Y el macho cabrío se engrandeció sobremanera; pero estando en su mayor fuerza, aquel gran cuerno fue quebrado, y en su lugar salieron otros cuatro cuernos notables hacia los cuatro vientos del cielo” (v. 8).

Después de la muerte de Alejandro su imperio fue dividido entre sus cuatro generales, los “cuatro cuernos notables” mencionados aquí. Dos de las dinastías que se establecieron tuvieron gran influencia en el pueblo judío, quien se encontraba en medio de ellas. Estas dos dinastías fueron los descendientes de Seleuco, quien gobernó un gran imperio desde Antioquía en Siria, al norte de Jerusalén, y Tolomeo, quien gobernó a Egipto desde Alejandría.

Daniel 11 contiene una profecía larga y detallada acerca de los tremendos conflictos que se presentarían entre esas dos potencias llamadas “el rey del norte” y “el rey del sur”. Es muy significativo saber que cada vez que entraron en batalla el uno contra el otro, los judíos fueron pisoteados. Esto se presentó desde la época de Alejandro hasta mediados del siglo segundo a.C., por espacio de casi dos siglos.

Luego, súbitamente, la profecía salta a los tiempos del fin.

Leemos en el versículo 40: “Pero al cabo del tiempo el rey del sur contenderá con él; y el rey del norte se levantará contra él como una tempestad, con carros y gente de a caballo, y muchas naves; y entrará por las tierras, e inundará, y pasará. Entrará a la tierra gloriosa [la Tierra Santa], y muchas provincias caerán . . .” (Daniel 11:40-41).

No es nuestro propósito en este artículo examinar todos los detalles de esta última parte de la profecía de Daniel en la que se describe cómo el conflicto entre el norte y el sur será un choque de civilizaciones entre el dirigente de una futura superpotencia europea —una resurrección del Imperio Romano (sucesor del gobernante sirio seléucida)— y un dirigente que es el sucesor del gobernante tolemaico de Egipto, que ahora es parte del mundo islámico. (Si desea profundizar más en este tema, no vacile en solicitar nuestro folleto gratuito El Cercano Oriente en la profecía bíblica. O si lo prefiere, puede descargarlo directamente de nuestro portal en Internet.)

Vemos ahora cómo las condiciones geopolíticas se están alineando para este inevitable conflicto. Aquí tenemos otro ejemplo de una circunstancia profetizada que sólo en nuestra época podría tener los elementos requeridos para poder cumplirse.

4 La unión de las naciones europeas en el tiempo del fin

En Daniel 2 y 7 vemos profecías acerca de cuatro grandes imperios gentiles que se levantarían en el período comprendido entre la época de Daniel y el establecimiento del futuro Reino de Dios (Daniel 2:44). De hecho, Daniel vivía en la época del primero de esos grandes imperios (Daniel 7:4), como judío exiliado en la antigua Babilonia.

Después de la caída de Babilonia en el año 539 a.C., Persia se convertiría en la potencia suprema, y después sería reemplazada por Grecia (vv. 5-6). Después de Grecia vendría el Imperio Romano, potencia “espantosa y terrible y en gran manera fuerte”. Este imperio tendría “diez cuernos” y de alguna manera continuaría hasta el establecimiento del Reino de Dios al retorno de Cristo (vv. 7-9).
Como vimos anteriormente, los cuernos representan dirigentes o gobiernos. En esta ocasión, los 10 cuernos representan 10 intentos por restaurar el poder que el Imperio Romano tuvo en épocas pasadas. Desde la caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476 se han realizado varios intentos para restaurar su poder. Poco antes del regreso de Cristo, tendrá lugar el último intento.
Encontramos más detalles en Apocalipsis 17, donde leemos acerca del último intento por revivir el Imperio Romano: “Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia. Éstos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia” (vv. 12-13).

Ellos también “pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes” (v. 14). Nuevamente, es obvio que el cumplimiento de esta profecía es aún futuro.
Ha habido intentos previos para forjar un imperio europeo unido, desde Justiniano en el siglo sexto, pasando por Carlomagno, Napoleón, Hitler y Mussolini, y todos tuvieron en común que usaron la fuerza para tratar de lograrlo. Pero la resurrección final del Imperio Romano no se efectuará de la misma manera.

Según lo que nos dice Apocalipsis 17, todo parece indicar que será una unión voluntaria. Cuando esos 10 dirigentes reciban poder, le darán su autoridad a un solo líder. La Escritura llama tanto a ese líder como a la superpotencia que dirige “la bestia”, reconociéndola como la continuación de los cuatro imperios gentiles profetizados en Daniel, cada uno representado por una bestia o animal salvaje.

Sólo ahora esto puede ser cumplido.

En 1957 seis naciones europeas firmaron el Tratado de Roma para formar la Comunidad Económica Europea. En la actualidad, la CEE ha crecido hasta convertirse en la Unión Europea (UE), y cuenta con 27 naciones miembros. Es probable que de éstas salgan las 10 naciones o 10 dirigentes que constituirán la resurrección final del Imperio Romano.

Algunos han especulado que los 10 reyes a los que se refiere esta profecía serán dirigentes de 10 regiones de la UE que borrarán las fronteras dentro de Europa, terminando así las actuales naciones-estado. La Biblia no especifica qué naciones o regiones serán las que formarán la resurrección final de la potencia romana militarizada; sólo afirma que esta nueva superpotencia emergerá justo antes del regreso de Cristo.

Sin embargo, no fue hasta que se admitió a Grecia como la décima nación, en 1981, que el cumplimiento de esta profecía pudo ser posible.

5 El ascenso y la caída de Israel y Judá en los tiempos del fin

“Israel” fue el nombre nuevo que Dios le dio al patriarca bíblico Jacob (Génesis 32). Las 12 tribus de Israel fueron los descendientes de sus 12 hijos. Estas tribus formaron más adelante un reino unido.

Han trascurrido cerca de 3000 años desde que el reino de Israel fue dividido en dos. Diez de las 12 tribus de Israel se rebelaron contra el rey Roboam, hijo del rey Salomón y nieto de David. La Biblia continúa refiriéndose a estas 10 tribus como Israel, en tanto que las otras dos tribus (Judá y Benjamín), que continuaron fieles a los descendientes de David, fueron conocidas como el reino de Judá o simplemente Judá.

Algunas veces Israel es llamado el reino del norte y Judá es llamado el reino del sur. Entre las tribus del norte predominaron los descendientes de Efraín y Manasés, hijos de José, hijo de Jacob, de quienes el mismo Jacob había profetizado que en los últimos tiempos serían las naciones más importantes del mundo (Génesis 49:1, 22-26; comparar con Deuteronomio 33:13-17).

Aproximadamente 200 años después de la división del reino, las tribus del norte de Israel fueron derrotadas por Asiria y deportadas a la parte norte de su imperio. Con frecuencia se llaman las tribus perdidas; más tarde emigraron a Europa y se establecieron lejos del Cercano Oriente.
Más de un siglo después de la deportación de Israel el reino de Judá cayó ante Babilonia, pero sus habitantes no perdieron su identidad en la historia. Actualmente los conocemos como los judíos.
El nombre Efraín se utiliza en algunas ocasiones en la Biblia como representativo de todo el reino del norte, aunque también puede ser utilizado para referirse únicamente a los descendientes del hijo de José con ese nombre, que según lo profetizado se convertirían en “multitud de naciones” (Génesis 48:19). Es importante notar que esta promesa hecha a Efraín se cumplió con el Imperio Británico y la Mancomunidad Británica de Naciones.

En cuanto a Manasés, hermano mayor de Efraín, también fue profetizado que éste se convertiría en una gran nación (mismo versículo), separada de la multitud de naciones. Esta profecía sería cumplida con la formación, crecimiento y dominio alcanzado por los Estados Unidos de América.
En una profecía reveladora acerca de Estados Unidos e Inglaterra, Jacob (Israel) dijo: “Sea perpetuado en ellos mi nombre” (v. 16). Las referencias a “Israel” en las profecías del tiempo del fin con frecuencia se refieren a los Estados Unidos o a los países de habla inglesa del Imperio Británico, o a ambos. Algunas veces “Israel” significa todas las 12 tribus. Es necesario analizar los versículos específicos en su contexto para poder entender lo que significan.

En cambio, “Judá” siempre se refiere a los judíos, los descendientes de la casa o reino de Judá. También debemos entender que la moderna nación de Israel es en realidad Judá, compuesta por judíos.

Entender esta parte crucial de la historia bíblica nos ayudará a comprender más claramente un pasaje del libro de Oseas, que es una profecía acerca de Efraín (la multitud de naciones: Gran Bretaña y algunas de las naciones que salieron de ella). Advierte acerca de la destrucción que seguiría después del ascenso de las naciones israelitas en los tiempos del fin.

En Oseas 5 leemos una profecía en la que se menciona a Israel, Efraín y Judá: “La soberbia de Israel le desmentirá en su cara; Israel y Efraín tropezarán en su pecado, y Judá tropezará también con ellos” (v. 5). La profecía continúa: “Con sus ovejas y con sus vacas andarán buscando al Eterno, y no le hallarán; se apartó de ellos. Contra el Eterno prevaricaron, porque han engendrado hijos extraños; ahora en un solo mes serán consumidos ellos y sus heredades” (vv. 6-7).

Según lo que dan a entender estos versículos, Israel, Efraín y Judá caerán en un solo mes.

Esta profecía no fue cumplida en tiempos antiguos. Como ya lo hemos mencionado, la antigua Judá fue tomada por Babilonia más de un siglo después de que Israel cayó ante Asiria. Sin embargo, todo parece indicar que al final caerán juntos, en el mismo mes. Esta profecía todavía no se ha cumplido.

Recordemos que Israel dio su nombre a Efraín y Manasés, los ancestros de Inglaterra y los Estados Unidos, respectivamente. Como Efraín se menciona aparte en esta profecía, la referencia a “Israel” debe aplicarse a los Estados Unidos, una nación que ahora es la más importante de ambas.

Por espacio de dos siglos antes de la segunda guerra mundial, se daba lo contrario, y la multitud de naciones —el Imperio Británico— tenía más poder e influencia que la nación sola de los Estados Unidos. Pero actualmente, Estados Unidos es más poderoso.

“Judá” se refiere al pueblo judío, especialmente a aquellos que forman en la actualidad la nación en el Cercano Oriente que se llama a sí misma Israel.

Por lo tanto, esta profecía se refiere a las tres naciones: Estados Unidos, Inglaterra e Israel (Judá). De acuerdo con esta profecía, todo indica que las tres caerán en el transcurso de un mes. El versículo 6 nos muestra que estas naciones se volverán a Dios, pero se darán cuenta de que ya es demasiado tarde. Debido a sus pecados, él permitirá que sufran la derrota y el colapso.

Esta profecía no hubiera podido cumplirse hasta que Gran Bretaña y Estados Unidos hubieran surgido como las potencias mundiales del siglo xix, y se hubiera formado el moderno estado judío de Israel en el siglo xx.

Si esta idea nos parezca absurda, debemos recordar que Israel y Estados Unidos son tal vez las naciones más aborrecidas y criticadas del mundo. Entre los musulmanes de línea dura, Estados Unidos es llamado con frecuencia “el gran Satanás”; Israel e Inglaterra son “pequeños Satanases”.

6 El evangelio será predicado en todo el mundo

En su profecía más importante acerca del tiempo del fin, Jesús respondió la pregunta que le habían hecho sus discípulos: “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” (Mateo 24:3).

Después de hacer una lista de las señales que indicarían la proximidad de su venida, reveló: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (v. 14).

El evangelio es el mensaje de las buenas noticias del venidero Reino de Dios. Este mensaje no podría haber sido predicado en todo el mundo sin la Biblia y la libertad de religión. Esto se hizo posible bajo la influencia de los antepasados de los pueblos de habla inglesa a partir del siglo xvi hasta nuestros días.

Sin embargo, no fue hasta después de la segunda guerra mundial, con el advenimiento de los adelantos en la televisión, la radio y otros medios masivos de comunicación y su propagación por todo el mundo, que fue posible llegar a miles de millones de seres humanos con el mensaje de la Biblia. El evangelio del Reino de Dios continuará siendo predicado a todas las naciones mientras tengamos la libertad de seguir editando la revista Las Buenas Noticias y nuestras demás publicaciones.

Aun así, durante los últimos 50 años no ha sido posible llegar a todas las naciones. Las antiguas naciones comunistas no permitían la libertad de religión. China, con un cuarto de la población mundial, todavía no la permite. Otras naciones han tratado de suprimir la publicación de la verdad bíblica y aun de la misma Biblia. Muchas naciones islámicas no permiten la libertad de culto. En algunos países las personas se enfrentan a la pena de muerte si cambian de religión.

Pero Internet está cambiándolo todo. Es más difícil que los gobiernos lo controlen. El mensaje del evangelio del venidero Reino de Dios todavía está siendo anunciado al mundo. Esta proclamación terminará cuando Dios decida que su trabajo ya está completo y el momento para los acontecimientos del tiempo del fin ya haya llegado.

Esta es otra profecía que no podría haberse cumplido hasta tiempos recientes.

7 Comunicaciones instantáneas y los últimos testigos de Dios

Hay otra profecía bíblica acerca del tiempo del fin que no podía cumplirse antes de esta época de las comunicaciones mundiales instantáneas.

En su profecía más extensa acerca de los tiempos del fin (Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21) Jesús dio un bosquejo de los desastres que ocurrirán en el escenario mundial, con una frecuencia e intensidad que se irán incrementando hasta el punto en que las personas temblarán de miedo (Lucas 21:26). Para poder discernir el incremento de estos acontecimientos y reaccionar ante ellos, es necesario que primero nos enteremos de lo que sucede.

En el momento en que esta profecía fue dada, podía tomar varios meses o años antes de que las personas se enteraran acerca de los desastres que habían ocurrido, y muchos sencillamente nunca se enteraban, lo que hacía imposible que se percataran de las catástrofes en el mundo y de si éstas se estaban incrementando.

Sólo a raíz de la proliferación de los periódicos y otros medios de comunicación masiva esto se volvió algo remotamente posible. Sin embargo, el grado de conciencia y el temor que muchos sentirán de acuerdo con lo que dijo Jesús, implica una difusión aún más grande de información, posible sólo a partir del desarrollo de las comunicaciones electrónicas.

De cualquier forma, sólo con los adelantos tecnológicos de los últimos años se han hecho posibles los sucesos de Apocalipsis 11: que las personas en todo el mundo puedan ver el trágico destino de los dos últimos testigos de Dios.

Estos dos testigos, que nos recuerdan a otros profetas bíblicos como Elías y Eliseo, cumplirán la comisión final de Dios de advertir al mundo en los últimos tres años y medio antes del regreso de Cristo.

“Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio . . . Cuando hayan acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá y los matará. Y sus cadáveres estarán en la plaza de la grande ciudad que en sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado. Y los de los pueblos, tribus, lenguas y naciones verán sus cadáveres por tres días y medio, y no permitirán que sean sepultados. Y los moradores de la tierra se regocijarán sobre ellos y se alegrarán, y se enviarán regalos unos a otros; porque estos dos profetas habían atormentado a los moradores de la tierra” (vv. 3, 7-10).

Tengamos en cuenta que todo el mundo podrá ver los cuerpos muertos durante los tres días y medio que estarán expuestos en Jerusalén. Esto no fue posible antes de la televisión vía satélite, los dispositivos portátiles de comunicación e Internet. Nuevamente, sólo en los últimos años ha llegado a ser posible que se cumpla esta profecía. Todavía está en el futuro, por supuesto, pero sólo ahora es claramente posible que esto ocurra.

¿Verá nuestra generación el establecimiento del Reino de Dios en la tierra?

Hemos visto cómo siete circunstancias profetizadas en la Biblia no se habrían podido cumplir hasta épocas recientes. De hecho, el establecimiento del Estado de Israel en 1948 fue claramente un punto decisivo en el cumplimiento de la profecía bíblica, así como la adquisición de la bomba de hidrógeno por las dos superpotencias en los años 50, lo que condujo a un período en el que ambas se podían destruir mutuamente.

Todas estas cosas son ahora posibles. Esto a su vez, hace más probable que nuestra generación viva para ver el regreso de Jesucristo y el establecimiento del Reino de Dios en la tierra. Al fin y al cabo, Jesús mismo dijo que cuando estas cosas comiencen a suceder “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” (Mateo 24:34).

Es animador y a la vez sobrecogedor pensar que todo parece indicar que estamos viviendo en la generación que finalmente presenciará el acontecimiento más importante en la historia de la humanidad. Como Jesús les dijo a sus seguidores en Lucas 21:28: “Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca”. BN


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