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Mayo / Junio 2008
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¬ Artículo de Portada
Siete profecías que deben cumplirse antes del regreso de Cristo
¬ La futura superpotencia europea
  Pregunta: ¿Cuándo una constitución no es una constitución?
Respuesta: Cuando es un “tratado”.

¬ ¿Dónde encajan los dinosaurios?
¬ El mandamiento de Jesucristo: Que llevemos fruto en abundancia.
  La parábola del sembrador
¬ Sucesos claves de la historia: ¿Tienen alguna relación con la profecía bíblica?
  Dios, la ciencia y la Biblia
Noticias de actualidad del mundo científico
   

 

Sucesos claves de la historia:¿Tienen alguna relación con la profecía bíblica?

¿No será posible que ciertos sucesos claves de la historia hayan estado ligados a la profecía bíblica? En tres casos trascendentales podemos ver la intervención de Dios para cumplir lo que había predicho.

Por Mario Seiglie

Todos hemos tomado clases de historia en la escuela. Muchos de nosotros ni siquiera las considerábamos interesantes. Por lo menos eso me pasó a mí.

Pero en cierto momento de mi vida, de repente la historia se volvió fascinante. Ocurrió cuando empecé a darme cuenta de cómo la historia se relaciona con las profecías bíblicas. Ahora podía apreciar que muchos acontecimientos históricos (no todos, desde luego) eran pruebas valiosísimas de que la Biblia había sido realmente inspirada por Dios. ¡Y me di cuenta de que la profecía provee una estructura para la historia, abarcando el pasado, presente y futuro!

Los grandes “¿y qué tal si . . . ?”

¿Qué sucede cuando convergen la historia y la profecía? Se hace posible apreciar mejor lo que ha ocurrido en el escenario mundial. Algunos acontecimientos que maravillan a los historiadores porque parecen ser golpes de suerte o increíbles coincidencias, resultan ser en realidad el cumplimiento de profecías bíblicas.

Examinemos algunos asombrosos ejemplos. Esto no era lo que yo esperaba cuando compré el libro What If? The World’s Foremost Military Historians Imagine What Might Have Been (“¿Qué tal si . . . ? Los principales historiadores militares del mundo conjeturan qué podría haber sucedido”).

Este libro analiza alrededor de 50 acontecimientos claves en la historia mundial, y renombrados historiadores preguntan: ¿Qué hubiera pasado si las cosas hubiesen resultado de otra manera? Todos ellos concluyen que este mundo sería muy diferente. Si ciertos acontecimientos claves hubiesen tenido un desenlace distinto, fácilmente podríamos estar ahora practicando la cultura, los idiomas y las religiones de las grandes naciones conquistadoras: Asiria, Babilonia, Persia, Rusia, Mongolia, Alemania o Japón.

Por increíble que parezca, de los 50 acontecimientos cruciales mencionados en el libro, ¡yo pude contar 48 que tienen cierta relación con la profecía bíblica! En otras palabras, ¡Dios intervino en el 96 por ciento de los sucesos que estos historiadores consideran los más importantes del mundo!
Examinemos brevemente tres ejemplos sobresalientes.

1: La plaga que salvó a Jerusalén

El primer ejemplo, y el más importante, es un incidente mencionado tanto en la Biblia como en la historia mundial, lo que los historiadores llaman “la plaga que salvó a Jerusalén”.
William McNeill, profesor emérito de historia en la Universidad de Chicago, escribe: “Los sucesos militares, hasta en sus episodios aparentemente más insignificantes, pueden tener consecuencias inesperadas . . . Parece apropiado empezar este libro con un momento histórico de esta categoría: el sitio de Jerusalén por parte de los asirios en el año 701 a.C. Esta ciudad era la sede del pequeño reino de Judá.

”Aquel asedio, comandado por Senaquerib rey de Asiria, fue levantado después de que gran parte de su ejército sucumbió a una misteriosa plaga mortal . . . Pero ¿qué hubiese ocurrido si esa enfermedad no se hubiera presentado? ¿Qué si las murallas hubiesen caído, y la suerte de Jerusalén hubiese seguido el patrón habitual de saqueo, violaciones, asesinatos y exilio forzado de la población? ¿Cómo serían nuestras vidas, nuestros fundamentos espirituales, 2700 años más tarde?

”. . . La protección de Jerusalén ante los ataques del ejército de Senaquerib moldeó la subsiguiente historia del mundo de manera mucho más profunda que cualquier otra acción militar de las que yo tengo conocimiento” (pp. 1-3).

Una “misteriosa plaga mortal” atacó a los asirios en el momento preciso para que Jerusalén se salvara. Justo cuando los asirios estaban listos para sitiar y arrasar a Jerusalén, destruyendo así la fe judía, de repente algo devastó al ejército asirio y liberó a la ciudad.

Al volver a Asiria, el rey plasmó en los muros de su palacio un relato gráfico de su invasión a Judá y de la destrucción de sus ciudades amuralladas. Pero curiosamente, ¡no estaba incluida Jerusalén! En un registro oficial de esa campaña militar, conocido ahora como “el prisma de Senaquerib”, se jactó de haber tenido al rey Ezequías atrapado en Jerusalén “cual pájaro enjaulado”. Pero nada dijo acerca de la conquista de la capital judía y de su monarca.

Esto indica que de hecho Senaquerib fue derrotado, ya que los reyes de la antigüedad generalmente no registraban sus derrotas, sino sólo sus victorias.

La Biblia nos revela lo que en realidad sucedió: “Aconteció en el año catorce del rey Ezequías, que Senaquerib rey de Asiria subió contra todas las ciudades fortificadas de Judá, y las tomó. Y el rey de Asiria envió al Rabsaces con un gran ejército desde Laquis a Jerusalén contra el rey Ezequías . . .” (Isaías 36:1-2).

Después de escuchar las amenazas y órdenes de rendirse vociferadas por el comandante asirio, el rey Ezequías acudió a Dios y le oró fervientemente. Dios lo escuchó y le respondió por medio del profeta Isaías, quien le dijo que Dios le había prometido una protección total frente al ataque de los asirios.

Isaías le dijo: “Por tanto, así dice el Eterno acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni arrojará saeta en ella; no vendrá delante de ella con escudo, ni levantará contra ella baluarte. Por el camino que vino, volverá, y no entrará en esta ciudad, dice el Eterno. Porque yo ampararé a esta ciudad para salvarla, por amor de mí mismo, y por amor a David mi siervo” (Isaías 37:33-35).

Aquí vemos una profecía de lo que iba a suceder. Y ¿qué sucedió? “Y salió el ángel del Eterno y mató a ciento ochenta y cinco mil en el campamento de los asirios; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos. Entonces Senaquerib rey de Asiria se fue, e hizo su morada en Nínive” (vv. 36-37). Este humillado rey nunca volvió a amenazar a Judá, y más tarde fue asesinado por sus propios hijos, como se señala tanto en los registros bíblicos como asirios.

Los historiadores que se niegan a aceptar la explicación bíblica de una intervención sobrenatural buscan entenderlo como un fenómeno natural. Señalan que la derrota de Senaquerib fue registrada no sólo en la Biblia, sino también por el historiador griego Herodoto alrededor del año 450 a.C. Valiéndose de una fuente de información egipcia, atribuyó la milagrosa derrota del ejército de Senaquerib en su campaña contra Egipto (que incluía a Judá) a una plaga de ratones que inundó el campamento e hizo estragos en él.

Él escribió: “Un ejército de ratones de campo trepó sobre sus oponentes durante la noche . . . [y] royeron sus aljabas y arcos, y las manillas de sus escudos, de manera que al día siguiente huyeron sin sus armas y cayó un gran número de ellos” (Historias, 2:141).

La idea del “misterioso contagio mortal” surge de la comparación entre el incidente de los ratones relatado por Herodoto y la descripción bíblica de los numerosos muertos entre las fuerzas de Senaquerib. Algunos eruditos especulan que como los ratones a menudo son portadores de enfermedades mortales, tales como la plaga bubónica que asoló a Europa durante la Edad Media, algo parecido pudo haber ocurrido en el ejército asirio. Desde luego, es posible que Dios haya obrado así para destruir a las fuerzas asirias, pero el momento preciso en que ocurrió no fue una simple coincidencia. Dios salvó a Jerusalén, tal como Isaías lo había profetizado.

Vemos en esa situación el primer ejemplo de cómo la historia y la profecía encajan. Cientos de años antes, Dios había prometido que la nación de Judá sobreviviría al paso de los siglos, escapando una y otra vez de la aniquilación, y que finalmente del linaje de David surgiría el Mesías profetizado. Y Dios le prometió a Ezequías en forma específica que Senaquerib sería derrotado.
Así, Dios actuó para cumplir sus profecías. En la introducción al libro se pregunta: “¿Qué hubiese sucedido si una misteriosa plaga no hubiese aplastado a los atacantes de Jerusalén en el año 701 a.C.? ¿Habría habido una religión judía? ¿O cristiana?” (p. xiii).

Estas son excelentes preguntas, pero con una pequeña dosis de conocimiento bíblico se podían haber contestado. Este decisivo acontecimiento, en lugar de ser una simple coincidencia afortunada, resultó ser el cumplimiento de la infalible palabra de Dios.

2: La improbable victoria naval griega sobre los persas

El siguiente ejemplo citado en el libro también es crucial en la historia mundial. Su desenlace permitió que la cultura occidental se desarrollara y llegara a formar parte de la herencia europea, en vez de que Europa terminara como parte de la historia, cultura y religión persas.

El famoso historiador alemán Georg Hegel dijo lo siguiente sobre esta batalla naval entre los griegos y los persas: “El futuro del mundo estaba en juego. Por un lado estaba el despotismo oriental, un mundo unido bajo un solo amo y soberano, y por el otro, los estados independientes, insignificantes en su alcance y recursos, pero motivados por la libertad individualista. Éstos se plantaron frente a frente para la gran batalla” (p. 17).

“¿Qué hubiese pasado de haber ganado los persas? Estuvo a punto de ocurrir. Debió haber ocurrido. Si los remeros comandados por el general y estadista ateniense Temístocles no hubieran prevalecido, ¿existiría, 2500 años más tarde, una civilización occidental tal como la que conocemos?” (p. 16).

En Salamis, las fuerzas griegas se enfrentaron a una fuerza naval tres o cuatro veces más grande que ellas. La superioridad numérica del ejército persa era aún mayor, sobrepasando a la infantería griega en proporción de 10 a uno. Sin embargo, perdieron y los griegos pudieron establecer su imperio y contribuir a las artes, la cultura y las ciencias, abriendo así el camino para el cristianismo.
“A fines de septiembre del año 480 Temístocles y sus atenienses, aunque en gran desventaja, no sólo salvaron a Grecia y a la naciente civilización occidental de los persas, sino que también redefinieron a Occidente como algo más igualitario e inquieto, y también volátil, que evolucionaría en la sociedad que reconocemos, más o menos, hoy en día” (p. 35).

¿Qué estuvo detrás de la increíble victoria griega? ¿Fue sólo un hecho afortunado? Nuevamente debemos examinar la profecía bíblica para encontrar la respuesta.

La Biblia profetizó el desenlace final de la lucha entre los imperios persa y griego mucho antes de que ésta se llevara a cabo. Pronosticó que, en contra de todas las desventajas, los griegos alcanzarían a vencer a los persas y a apoderarse de su imperio. La batalla de Salamis fue una parte muy importante de esa crucial victoria griega.

El profeta Daniel recibió la profecía de Dios sobre este resultado alrededor del año 548 a.C., ¡aún antes de que los imperios persa y griego hubieran aparecido en el escenario mundial! Él escribió: “En el año tercero del reinado del rey Belsasar [de Babilonia] me apareció una visión a mí . . . Alcé los ojos, y miré, y he aquí un carnero que estaba delante del río, y tenía dos cuernos; y aunque los cuernos eran altos, uno era más alto que el otro; y el más alto creció después. Vi que el carnero hería con los cuernos al poniente, al norte y al sur, y que ninguna bestia podía parar delante de él, ni había quien escapase de su poder; y hacía conforme a su voluntad, y se engrandecía.

”Mientras yo consideraba esto, he aquí un macho cabrío venía del lado del poniente sobre la faz de toda la tierra, sin tocar tierra; y aquel macho cabrío tenía un cuerno notable entre sus ojos. Y vino hasta el carnero de dos cuernos . . . y corrió contra él con la furia de su fuerza. Y lo vi que llegó junto al carnero, y se levantó contra él y lo hirió, y le quebró sus dos cuernos, y el carnero no tenía fuerzas para pararse delante de él; lo derribó, por tanto, en tierra, y lo pisoteó, y no hubo quien librase al carnero de su poder” (Daniel 8:1-7).

El ángel Gabriel le dio esta explicación a Daniel: “En cuanto al carnero que viste, que tenía dos cuernos, éstos son los reyes de Media y de Persia. El macho cabrío es el rey de Grecia . . .” (vv. 20-21)

Aquí vemos que aunque el Imperio Persa era increíblemente poderoso, la Biblia predijo que finalmente sería derrotado por los griegos. De modo que el triunfo griego en Salamis no fue una simple casualidad, ¡sino un paso más hacia el cumplimiento de lo que Dios había prometido muchos años antes en las Escrituras!

De haber perdido los griegos en Salamis, habrían sido incorporados al Imperio Persa y no hubieran podido conquistar a Persia en años posteriores, como se predijo en el libro de Daniel. Esta conquista profetizada se produciría en la campaña de Alejandro Magno.

3: El asombroso ascenso y caída de Alejandro Magno

La época de Alejandro Magno fue una etapa muy crucial en la historia universal. Pero ¿qué habría sucedido si hubiera muerto al comienzo de su carrera, como estuvo a punto de ocurrir? Y ¿por qué murió cuando tenía sólo 33 años, en la cúspide de su poder?

En la batalla del río Gránico, durante el primer enfrentamiento militar grande de Alejandro contra los persas, éste se vio rodeado de enemigos y recibió un devastador golpe de hacha en la cabeza, que partió su casco. Anonadado, fue incapaz de defenderse.

Justo cuando el guerrero persa se aprestaba para asestar un segundo golpe y matar a Alejandro, uno de sus guardaespaldas mató al atacante con una lanza. Alejandro se salvó y siguió adelante hasta conquistar la mayor parte del mundo conocido.

¿Por qué Alejandro fue milagrosamente salvado en aquella fracción de segundo? ¿Qué hubiera pasado si hubiese tenido sólo un poco menos de suerte en la batalla del Gránico? Una vez más, los historiadores hablan sobre estos afortunados accidentes.

“Sería un mundo en el que los principios característicos de las ciudades-estado griegas se habrían perdido para favorecer una fusión de los ideales romanos y persas . . . Un profundo respeto por ritos, tradiciones, ancestros y la jerarquía social —en lugar del respeto griego por la libertad, igualdad política y dignidad de la persona— habría definido los valores éticos de una pequeña elite ‘cosmopolita’ que gobernaría sobre un diverso mosaico de culturas.

”Y esto podría haber sucedido porque [en esta versión imaginaria de la historia] no habría habido un largo y espléndido ‘período helénico’ y, por lo tanto, tampoco la integración de un mundo más amplio dentro de una esfera cultural y lingüística griega. Sin el desafío de la poderosa influencia cultural griega y la consiguiente mala administración romana en Judea, el judaísmo habría permanecido como un fenómeno localizado . . . El Nuevo Testamento (cualquiera hubiese sido su forma) nunca habría sido escrito en el griego ‘universal’ y, por lo tanto, tampoco habría encontrado un público amplio” (pp. 55-56).

Todas esas tendencias históricas, capaces de transformar una cultura, surgieron de las conquistas de Alejandro Magno y de la difusión de la cultura helénica por Europa y el Cercano Oriente.

Pero ¿por qué estaba Alejandro destinado a sobrevivir y a convertirse en conquistador, estableciendo el Imperio Griego, para morir a temprana edad en plena cúspide de su poder? Todo ello también fue profetizado con cientos de años de anticipación.

En el segundo ejemplo que analizamos, citamos Daniel 8:1-7 respecto al macho cabrío (Grecia) que derrotó al carnero (Media y Persia). Esta profecía fue cumplida con la conquista de Alejandro. Continuemos en el versículo 8: “Y el macho cabrío se engrandeció sobremanera; pero estando en su mayor fuerza, aquel gran cuerno fue quebrado, y en su lugar salieron otros cuatro cuernos notables hacia los cuatro vientos del cielo”.

En los versículos 21-22 el ángel Gabriel explicó a Daniel el significado de la visión: “El macho cabrío es el rey de Grecia, y el cuerno grande que tenía entre sus ojos es el rey primero [Alejandro Magno]. Y en cuanto al cuerno que fue quebrado, y sucedieron cuatro en su lugar, significa que cuatro reinos se levantarán de esa nación, aunque no con la fuerza de él”.

La Biblia tiene una explicación aún más amplia de esta profecía, que le fue dada a Daniel años más tarde, cuando los persas habían ascendido al poder después de vencer a los babilonios. En ella se predijo lo que le sucedería a Alejandro:

“Pero cuando se haya levantado [Alejandro], su reino será quebrantado y repartido hacia los cuatro vientos del cielo; no a sus descendientes, ni según el dominio con que él dominó; porque su reino será arrancado, y será para otros fuera de ellos” (Daniel 11:4).

Tal como lo predijo la profecía, Alejandro murió a temprana edad (alrededor de los 33 años), y su imperio se dividió en cuatro partes y fue gobernado por cuatro de sus generales. Ninguno de los miembros de su familia ni sus descendientes tuvo parte en ello.

Estos tres ejemplos, importantísimos y cruciales en el desarrollo de la civilización mundial, nos recuerdan que detrás de gran parte de la historia se encuentra el cumplimiento de la profecía bíblica. Pero más importante aún, ésta nos revela lo que acontecerá en el futuro. ¿Hará usted un esfuerzo para descubrir lo que se avecina? BN


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