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Mayo / Junio 2008
» Contenidos de esta Edición
¬ Artículo de Portada
Siete profecías que deben cumplirse antes del regreso de Cristo
¬ La futura superpotencia europea
  Pregunta: ¿Cuándo una constitución no es una constitución?
Respuesta: Cuando es un “tratado”.

¬ ¿Dónde encajan los dinosaurios?
¬ El mandamiento de Jesucristo: Que llevemos fruto en abundancia.
  La parábola del sembrador
¬ Sucesos claves de la historia: ¿Tienen alguna relación con la profecía bíblica?
  Dios, la ciencia y la Biblia
Noticias de actualidad del mundo científico
   

 

La futura superpotencia europea

Después del colapso de la Unión Soviética, Estados Unidos se convirtió indis-cutiblemente en la nación más poderosa del mundo en los aspectos militar, económico y político. Pero hay otra superpotencia que se está formando y que desafiará a los Estados Unidos como líder en el mundo occidental.

Por Gary Petty

Muchos ciudadanos de Estados Unidos se sienten complacidos con cierto sentido de invulnerabilidad. El fin de la guerra fría creó en cierta forma un aislamiento emocional. La persona común presta poca atención a los acontecimientos que se están desarrollando en el escenario mundial.

Los noticieros de la televisión reflejan los intereses de las personas y su falta de una perspectiva global; se dedica muy poco tiempo a las noticias de Europa, América Latina, África o el Lejano Oriente. Pero el mundo se encuentra al borde de cambios fundamentales. La realidad es que hay otra superpotencia que se está formando en el continente europeo que ya está desafiando a los Estados Unidos tanto económica como políticamente.

El sueño de una Europa unida es muy antiguo. El Imperio Romano creó una red de caminos, entrega de correo y cooperación económica, mezclando culturas y religiones a lo largo y ancho de una zona muy extensa. Durante muchos siglos el concepto de pax romana —un imperio pacífico y unido bajo la ley romana— inspiró la imaginación de muchos europeos.

Los romanos descubrieron que la fuerza que se requería para tratar de mantener un imperio que se extendía desde Europa central hasta el norte de África, y desde Inglaterra al Cercano Oriente, finalmente llegaba a ser insostenible. Lentamente, Roma cayó en una decadencia política, social y económica y fue conquistada por invasores germanos. En el año 476 el Imperio de Occidente pareció ser herido de muerte, pero el sueño nunca murió por completo.

La historia ha presenciado varios intentos por reunir los diversos pueblos europeos en un solo imperio. Carlomagno y Napoleón, y en tiempos más recientes Hitler, trataron de resucitar una Europa unida a fuerza de armas.

Desde la destrucción y muerte causadas por la segunda guerra mundial surgió el ideal de una unidad europea pacífica, a pesar de la división que en ese tiempo existía en el continente, con la parte oriental bajo el dominio soviético detrás de la cortina de hierro.

Europa surge de las cenizas

En 1945, después de sufrir dos guerras en 30 años, Europa estaba destrozada. Muchas ciudades importantes habían sido bombardeadas completamente. Los muertos se contaban por decenas de millones. Las organizaciones e instituciones antiguas habían dejado de existir.

Lo que sucedió después, impulsado por los dólares de Estados Unidos suministrados bajo el Plan Marshall, fue un verdadero milagro económico. Europa occidental fue reconstruida y su industria revitalizada.

Modernizadas desde sus cimientos, en los años 50 y 60 muchas industrias de los vencidos alemanes comenzaron a sobrepasar a las fábricas de su benefactor nacional, los Estados Unidos. El antiguo sueño de una unión europea pacífica llevó a la formación de la organización conocida como el Mercado Común Europeo.

En la segunda mitad del siglo xx el Mercado Común cedió el paso a la Unión Europea, una poderosa alianza cuyo eje central estaba formado por los antiguos enemigos Francia y Alemania. El grado de integración internacional logrado por la Unión Europea es sobrecogedor.

En el cambio de siglo, la edición europea de la revista Time informó: “Europa tiene un mercado común, una moneda común, un banco central. Ningún país miembro puede construir un aeropuerto, decidir cuánta leche pueden producir sus vacas, o llamar a algo chocolate sin consultar primero con Bruselas o actuar de acuerdo con las normas de la Comisión. Ninguna adquisición o fusión importante se puede llevar a cabo a menos que el comisionado de competencia de la Unión Europea . . . haya dado su aprobación”.

Un papel más importante

La Unión Europea es ahora la potencia económica más importante del mundo y tiene en su haber más de un tercio del producto doméstico global. Es el exportador más grande del mundo. Pero algunos dirigentes de la UE creen que la unión no se está desarrollando tan rápidamente como quisieran, o que no está teniendo la injerencia en el mundo que quisieran que tuviera. Se ha estudiado la posibilidad de formar una coalición dentro de la UE, encabezada por Francia y Alemania, con el fin de acelerar la unificación política.

Algunos dirigentes europeos no están trabajando únicamente para la unidad política, sino con la esperanza de crear una fuerza militar. Esa fuerza militar no tendría únicamente el propósito de la defensa, sino que además buscaría ejercer la influencia de la UE en muchas partes del mundo.
Pero no todos los europeos están de acuerdo con el concepto de una fuerza militar de la UE. La incursión conjunta de Estados Unidos y Europa en Kosovo a finales de los años 90 mostró que en general hay muchas naciones europeas que se oponen al uso de la fuerza militar. Los miembros de la UE enviaron tan sólo 50 000 soldados a los Balcanes cuando tenían casi dos millones de personas disponibles para ello.

Mientras tanto, Estados Unidos, con grandes compromisos militares en Iraq y Afganistán, y otras fuerzas dispersas por el mundo en su guerra contra el terrorismo, está mostrando un gran cansancio en su papel como policía del mundo.

El futuro profetizado de Europa

El profeta Daniel, por inspiración divina, reveló el significado de un sueño profético. En Daniel 2 el profeta habla acerca de cuatro imperios sucesivos, uno de los cuales estará vigente en el momento en que el Mesías regrese para establecer el Reino de Dios en la tierra. Al comparar la historia con otras profecías, vemos que los cuatro imperios, en orden sucesivo, fueron el babilónico, medopersa, grecomacedonio y romano.

Al hablar del cuarto y final imperio, Daniel dijo que sería “fuerte como hierro; y como el hierro desmenuza y rompe todas las cosas, desmenuzará y quebrantará todo” (v. 40). De hecho, el Imperio Romano fue más dominante que los tres anteriores, absorbiendo sus vestigios en un reino que prevaleció por varios siglos.

Daniel también reveló detalles proféticos fascinantes de este reino final. Dijo que los pies y los dedos de la imagen del sueño de Nabucodonosor representaban un reino que más tarde demostró ser el Imperio Romano. Los pies y los dedos de la imagen estaban compuestas “en parte de barro cocido de alfarero y en parte de hierro” (v. 41). Esto indicaba que sería “un reino dividido” y además que sería “en parte fuerte, y en parte frágil” (vv. 41-42). De hecho, “como el hierro no se mezcla con el barro”, los componentes de este reino no se unirían firmemente durante mucho tiempo (v. 43).

Después, al describir el regreso de Jesucristo y cómo va a derrocar todos los gobiernos y sistemas humanos, Daniel dice: “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido . . . desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre” (v. 44).

Específicamente, “estos reyes” serán un grupo de 10 líderes unidos en una alianza del tiempo del fin. La profecía de Daniel indica que debido a las diferentes culturas y lenguas, esta última superpotencia no tendrá sus integrantes firmemente unidos, sino que serán entidades divergentes unidas con un propósito en común. Sin lugar a dudas, algunos serán mucho más fuertes que otros.
En el Apocalipsis encontramos más detalles acerca de esta alianza de naciones: “Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia. Éstos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia. Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles” (Apocalipsis 17:12-14).

Los actuales movimientos para ampliar y darle más solidez a la Unión Europea parecen estar preparando el escenario para que surja esta profetizada potencia del tiempo del fin. A la luz de lo que revela la profecía bíblica, es fascinante analizar las raíces del movimiento de unificación.
La revista Newsweek, en su edición del 29 de enero de 1996, informó lo siguiente: “En enero de 1957 seis naciones firmaron un tratado en el lugar donde antiguamente quedaba el capitolio romano, y esto le dio vida a la Comunidad Económica Europea . . . Un asistente de Paul-Henri Spaak, entonces ministro de Relaciones Exteriores de Bélgica, recuerda lo que dijo su jefe: ‘¿Creen que hemos puesto el cimiento de un nuevo Imperio Romano?’ Y el asistente explica: ‘En verdad nos sentimos totalmente romanos en ese día’”.

La idea de fundar un renovado Imperio Romano estaba realmente en las mentes de aquellos que se habían esforzado para que pudiera existir la nueva organización de naciones europeas. Esta unión se ha continuado fortaleciendo a medida que se ha dado una mayor colaboración e integración en los asuntos económicos y políticos.

La caída final

Los sueños de Julio César, Justiniano, Carlomagno, Napoleón y Mussolini nunca han muerto. Volverán a surgir una vez más, pero terminarán en un desastre total. En Apocalipsis 19 nos damos cuenta de quién es el que destruirá ese último imperio. Veamos lo que el apóstol Juan escribió acerca de la visión que tuvo acerca del futuro: “Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: El Verbo de Dios” (vv. 11-13). Este es aquel que conocemos como Jesucristo.

Continuando: “Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores” (vv. 14-16; ver además los vv. 17-21).

El último imperio de los hombres descrito en la profecía bíblica será reemplazado por otro imperio: el Reino de Dios, dirigido por Jesucristo, que va a regir el mundo entero. La profecía fue dada por Dios para guiarnos por las condiciones de un mundo cambiante, fortalecer nuestra fe y darnos esperanza para el futuro. Nuestra fe debe estar puesta en él y nuestras vidas deben estar dedicadas a hacer su voluntad de tal manera que podamos finalmente formar parte de ese reino. BN


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