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Las mejores dádivas de DiosEn el principio, Dios creó al hombre “a su imagen”, con magnífico cuerpo y mente; además, creó todo lo demás que existe en la tierra para beneficio del hombre (Génesis 1:26-30). Después, Dios entregó su posesión más preciada: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Y Jesús estuvo dispuesto a sacrificar su vida. “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros . . .” (1 Juan 3:16). Como consecuencia del sacrificio de Cristo, ahora podemos recibir la asombrosa gracia de Dios, que incluye el perdón de todos nuestros pecados. En Cristo “tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7). Y ¿qué regalo es el que Dios da después de eso? Se trata de su “don del Espíritu Santo” que uno recibe inmediatamente después del bautismo cuando sus pecados le son perdonados (Hechos 2:38). Sólo pensemos en esto: ¡Dios está ofreciendo implantar en cada uno de nosotros nada menos que su propia naturaleza y poder! ¡Qué ofrecimiento más increíble! Y como resultado de esa dádiva se da el maravilloso “fruto del Espíritu” y los “dones” del Espíritu (Gálatas 5:22-23; 1 Corintios 12:4). Y por último, la morada del Espíritu de Dios en uno es lo que hace posible el don más grande de todos: “la dádiva de Dios es vida eterna” (Romanos 6:23), para compartir la naturaleza y gloria de Dios en su reino por toda la eternidad (2 Tesalonicenses 2:14; 2 Timoteo 2:10; Hebreos 2:10; 1 Pedro 1:4; 5:10). ¡Nuestra respuesta a la gracia y generosidad de Dios debe manifestarse con una gratitud desbordante y una sumisión genuina ante su voluntad! En dos folletos gratuitos: Nuestro asombroso potencial humano y Transforme su vida, se explica claramente el plan maestro de Dios para la humanidad y cómo usted puede ser parte de él. Le recomendamos que se tome un momento para meditar sobre la historia del oficial etíope en Hechos 8:26-39 y su ferviente deseo de bautizarse y recibir el don del Espíritu de Dios. Él preguntó: “¿Qué impide que yo sea bautizado?” (v. 36). ¿Hay algo que lo impide a usted? BN
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