Las Buenas Noticias > Revista de Comprensión Bíblica Última Edición Última Edición de Las Buenas Noticias

Suscripción Gratis
Sobre NosotrosCurso BiblicoFolletosBN AudioLiteratura GratisArchivosContactoÚltima Edición de Las Buenas NoticiasÚltima Edición de Las Buenas Noticias
 
Julio / Agosto 2008
» Contenidos de esta Edición
¬ Artículo de Portada
Jesucristo, el máximo siervo
¬ ¿Podemos romper el círculo de la disfunción generacional?
  Timoteo fue bendecido por la fidelidad de su abuela y de su madre
¬ Diez formas prácticas de enseñar valores correctos a sus hijos
¬ El Espíritu de Dios:
El poder para transformar su vida
  Las mejores dádivas de Dios
¬ Europa se aproxima al cumplimiento de su gran propósito
  La Europa ‘sin fronteras’ ahora abarca 400 millones de personas
¬ Ayude a su hijo a refutar la evolución.
¬ Dios, la ciencia y la Biblia
Noticias de actualidad del mundo científico
   

 

Dios, la ciencia y la Biblia

Noticias de actualidad del mundo científico

Por Mario Seiglie, Tom Robinson y Scott Ashley

La tumba del rey bíblico Ciro podría perderse para siempre

Ciro II, el emperador persa del siglo sexto a.C. y conocido históricamente como Ciro el Grande, es uno de los personajes más fascinantes que se menciona en la Biblia. Siendo reconocido como un gobernante extraordinariamente instruido para su tiempo, también desempeñó un papel crucial en el cumplimiento de una importante profecía bíblica.

Su historia comienza aproximadamente un siglo antes de su nacimiento, cuando Dios inspiró al profeta Isaías para escribir: “Así dice el Eterno . . . [acerca] de Ciro: Es mi pastor, y cumplirá todo lo que yo quiero, al decir a Jerusalén: Serás edificada; y al templo: Serás fundado.

“Así dice el Eterno a su ungido, a Ciro, al cual tomé yo por su mano derecha, para sujetar naciones delante de él y desatar lomos de reyes; para abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán . . . y te daré los tesoros escondidos, y los secretos muy guardados, para que sepas que yo soy el Eterno, el Dios de Israel, que te pongo nombre” (Isaías 44:24, 28; 45:1-3).

El reino de Judá sucumbió ante los invasores babilonios aproximadamente un siglo más tarde, en el año 586 a.C. Jerusalén fue arrasada; sus murallas y su magnífico templo, construido por el rey Salomón, fueron completamente demolidos. La mayoría de los ciudadanos de Jerusalén y de Judá fueron llevados cautivos a Babilonia. Sin embargo, Dios no olvidó su promesa de llevar a su pueblo de regreso a Jerusalén (Jeremías 29:10-14).

Irónicamente, casi al mismo tiempo en que Jerusalén cayó ante los babilonios, nació Ciro, cuyos padres eran de las familias reales de los medos y los persas. En 558 a.C., Ciro se convirtió en rey de los persas y ya en el 548 gobernaba la totalidad de Persia y de Media.

En el año 539 a.C. Ciro conquistó Babilonia y con este acto cumplió la profecía de Isaías de que Dios haría “abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán”. Esta cita acerca de la forma en que Ciro sería capaz de derrocar a la aparentemente inexpugnable ciudad de Babilonia, fue increíblemente certera.

El río Éufrates fluía al interior de Babilonia a través de unas colosales compuertas. Ciro hizo que sus tropas desviaran el río removiendo los antiguos diques que mantenían su curso (de ello se habla en Isaías 44:27). Además, se las arregló para meter un espía en la ciudad, quien destrabó las compuertas interiores a lo largo del río. Después, amparadas por la oscuridad, las fuerzas de Ciro se metieron en la ciudad bajo las compuertas por el lecho del río desaguado. Antes del amanecer, la gran ciudad de Babilonia fue conquistada, tal y como se había anunciado en la profecía.

Ciro incorporó a Babilonia a su creciente imperio. En una época en que los conquistadores solían ser despiadados, Ciro, por el contrario, fue conocido como un gobernante benévolo que otorgó amplias libertades a los pueblos previamente conquistados pos los babilonios.

En el primer capítulo del libro de Esdras se registra el decreto emitido por Ciro que permitía a los judíos volver a Jerusalén para reconstruir su templo. Esto creó el marco para la reconstrucción de Jerusalén y del templo, que había profetizado Isaías aproximadamente un siglo y medio antes, mucho antes de haber sido destruidos. El relato completo se encuentra en los libros bíblicos de Esdras y Nehemías.

Desgraciadamente, la prudencia y tolerancia mostradas por Ciro no fueron imitadas por los sucesores de su reino, los gobernantes de la moderna nación de Irán. Algunos informes provenientes de Irán han acusado a las autoridades religiosas de haberse embarcado en una campaña para aislar al pueblo iraní de su pasado preislámico, similar a la campaña emprendida por los talibanes en la vecina Afganistán.

Los emplazamientos de Persépolis, antigua capital del Imperio Persa, y Pasargad, donde se encuentra la tumba de Ciro, pronto desaparecerán, sumergidos bajo las aguas de un nuevo lago artificial. Aún está por verse si este es o no un intento deliberado de erradicar los monumentos del pasado, pero sin ninguna duda servirá para tal propósito, y las autoridades religiosas que gobiernan el país parecen estar muy dispuestos a que este invaluable patrimonio desaparezca para siempre.

Aunque queda muy poco de la ciudad de Pasargad, la tumba de Ciro permanece prácticamente intacta y ha sido parcialmente restaurada en años pasados. Un grupo de eruditos iraníes ha establecido una fundación dedicada a conservar la herencia de Pasargad, para atraer atención al tema y procurar la protección de las Naciones Unidas. BN

 


© 1995-2008 Iglesia de Dios Unida, una Asociación Internacional | Política del Sitio La reproducción total o parcial sin premiso esta prohibido. Toda correspondencia y preguntas deben ser enviadas a revista@lasbuenasnoticias.org. Envíe preguntas sobre el como opera este Sitio Web a webmaster@lasbuenasnoticias.org.