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Julio / Agosto 2008
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Jesucristo, el máximo siervo
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¬ Ayude a su hijo a refutar la evolución.
¬ Dios, la ciencia y la Biblia
Noticias de actualidad del mundo científico
   

 

¿Podemos romper el círculo de la disfunción generacional?

Con frecuencia algunos de nuestros problemas personales más profundos tienen su origen en algo que no podemos controlar: patrones de conducta disfuncional en nuestra familia que existieron antes que nosotros. Pero podemos controlar nuestras decisiones, y ¡cada uno puede escoger la vida y las cosas positivas!

Por Greg Thomas

En 1974 el cantautor Harry Chapin grabó una canción llamada “Seré igual a ti” (“Cat’s in the Cradle”). La canción habla acerca de un padre que está demasiado ocupado para compartir con su hijo, y en lugar de ello le hace promesas vagas de que va a compartir un tiempo con él en el futuro.

El tiempo pasa y el niño crece hasta convertirse en un adulto muy parecido a su padre, totalmente entregado a su carrera y sus ambiciones personales, sin tener en cuenta sus relaciones familiares. A medida que el padre envejece y tiene tiempo para reflexionar en su vida, desea fervientemente conocer en verdad a su hijo adulto y tener una relación significativa con él.

Lamentablemente, el padre llega a entender que su hijo está tan absorto en el mismo materialismo en que él estuvo, que nunca podrán llegar a tener una relación íntima. La última estrofa concluye con tristeza: “Cuando colgaba el teléfono se me ocurrió que él había crecido exactamente como yo; mi hijo era exactamente como yo”.

La influencia familiar se transmite

Esta canción nos recuerda la influencia tan fuerte que una generación tiene sobre otra. Las características familiares son transmitidas de padres a hijos, y este círculo se ha repetido durante miles de años.

Algunas de estas características pueden ser positivas y benéficas, como habilidades en el cuidado y la protección, la valoración de la educación o del trabajo diligente. Sin embargo, también se transmiten la conducta y el comportamiento destructivos.

Cuando Dios nos llama y abre nuestro entendimiento para que sigamos su camino de vida, no podemos captar completamente el grado en que esta nueva relación con él nos cambiará. Y no sólo nos cambia individualmente, sino que además podrá tener una maravillosa influencia en nuestros descendientes, causando un impacto en las generaciones futuras.

Muchas personas viven de una forma egoísta, pensando únicamente en el hoy. No entienden ni aprecian el hecho de cómo un miembro de la familia puede causar un impacto en los demás. Las Escrituras con frecuencia nos recuerdan lo importante que es pensar de una forma generacional.

Analicemos las instrucciones que Dios nos dio en el Decálogo: “. . . yo soy el Eterno tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos” (Éxodo 20:5-6).

De este pasaje es fácil deducir que Dios simplemente castiga a aquellos que no lo respetan y que bendice a aquellos que lo aman. Pero Dios no es un padre vengativo y cruel que castiga intencionalmente a los nietos por los pecados cometidos por otros en generaciones anteriores.

Una mejor forma de entender estos versículos es darnos cuenta de que las disfunciones familiares y sus consecuencias son transmitidas de padres a hijos de generación en generación. Las maldiciones son el resultado de la violación de la ley de Dios, y muchos pecados son perpetuados en la próxima generación por el mal ejemplo dado por la generación anterior.

Se repiten los patrones errados

Cada familia humana tiene su propia cultura, que incluye debilidades y fortalezas propias. Algunas de éstas pueden deberse a la herencia genética. Por ejemplo, algunas familias tienen una historia de logros atléticos o musicales importantes, y los transmiten a los hijos, nietos y aun a los bisnietos.

Aunque se necesita un gran desarrollo de talento para lograr ser un músico o un atleta excelente, cierta capacidad natural es heredada desde el nacimiento. La ciencia moderna también ha descubierto que nuestros genes incluso pueden tener la predisposición para ciertas enfermedades.

Las debilidades y fortalezas en la cultura de una familia son el resultado de su ambiente y de sus elecciones. Entre éstas están los principios, las prioridades y la habilidad para tomar decisiones. Cuando las decisiones erradas y un ambiente negativo se arraigan profundamente en la cultura familiar, los miembros individuales pueden adoptar comportamientos autodestructivos y pasar estas características a sus hijos de una manera inconsciente.

Algunos de nosotros provenimos de familias con antecedentes de fracaso, divorcio, pesimismo, egoísmo, avaricia, ira, adicciones y pereza. A menos que rompamos esta maldición, transmitiremos estas mismas características a nuestros hijos. El comportamiento disfuncional de una persona se convierte en un modelo o ejemplo para la siguiente generación, y así el círculo puede repetirse una y otra vez.

Con frecuencia esto continúa hasta que alguien se da cuenta de que puede romper el círculo. El desarrollar una relación trascendental y significativa con Dios nos ayudará no sólo a tener una vida más enriquecida y plena, sino que además beneficiará a otros, incluso a nuestros propios descendientes.

El ejemplo de Abraham

Hay varios pasajes bíblicos que nos muestran que todos deberíamos pensar en términos generacionales. Tal vez uno de los ejemplos más relevantes es el de Abraham.

Abraham fue un obediente “amigo de Dios” (Santiago 2:23). Rechazó la cultura pecaminosa pagana de su familia y escogió seguir una forma de vida nueva y positiva. Cuando Dios le ordenó que dejara ese ambiente y aun su propia familia para seguir el camino que él le había trazado, obedeció. Al hacerlo se convirtió en el “padre de todos los creyentes” (Romanos 4:11).

Debido a que Abraham estuvo dispuesto a abandonar los hábitos y prácticas pecaminosas de generaciones anteriores, Dios le hizo promesas específicas acerca de sus descendientes. Le dijo: “Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada” (Génesis 13:16).

Además, Dios le dijo a Abraham: “Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Génesis 12:3).

Cerca de 2000 años más tarde, Jesucristo, un descendiente directo de Abraham, nacería para expiar todo pecado y ofrecer vida eterna a toda la humanidad. El mundo entero fue bendecido por medio de Abraham, por su disposición y voluntad de romper con todos los patrones de generaciones anteriores y caminar según la nueva forma de vida revelada por Dios.

David, un hombre según el corazón de Dios

Otro ejemplo de cuán importante y poderosa es una relación personal con Dios se manifiesta en la expresión de amor que Dios tuvo hacia el rey David. Pablo citó las palabras de Dios en un sermón muy elocuente, diciendo: “He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero. De la descendencia de éste, y conforme a la promesa, Dios levantó a Jesús por Salvador a Israel” (Hechos 13:22-23).

Jesucristo era descendiente del rey David, y ambos eran descendientes de Abraham. ¿Tuvo la relación personal de David con Dios una consecuencia positiva en algunos otros de sus descendientes? ¿Se extendieron los beneficios de la relación de Dios con David a sus bisnietos y aún más allá?

Veamos lo que ocurrió unos 50 años después de la muerte de David, en un momento crucial para la supervivencia de Judá como nación.

Abiam era un bisnieto de David, pero no era fiel a la ley de Dios. Las Escrituras dicen que “anduvo en todos los pecados que su padre había cometido antes de él; y no fue su corazón perfecto con el Eterno su Dios, como el corazón de David su [bisabuelo]” (1 Reyes 15:3).

A primera vista uno podría suponer que Abiam iba a ser castigado duramente por sus pecados, y tal vez otras personas junto con él. Pero el versículo siguiente nos dice algo diferente: “Mas por amor a David, el Eterno su Dios le dio lámpara en Jerusalén, levantando a su hijo después de él, y sosteniendo a Jerusalén” (v. 4).

Más de 50 años después de la muerte de David, Dios tuvo misericordia de uno de sus descendientes ¡porque su bisabuelo había sido fiel! Lo que le estaba diciendo era: “No estoy haciendo esto por ti, Abiam, sino por la relación que tuve con tu bisabuelo David. Por eso voy a tenerte misericordia”.

¿Benefició la relación de David con Dios a otro de sus descendientes?

Varias generaciones después, el rey Ezequías estaba en su lecho de muerte mientras que la nación estaba amenazada por los poderosos ejércitos asirios. El rey oró fervientemente a Dios pidiéndole liberación, y el profeta Isaías llegó con este mensaje: “Así dice el Eterno, el Dios de David tu padre: Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano; al tercer día subirás a la casa del Eterno. Y añadiré a tus días quince años, y te libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo” (2 Reyes 20:5-6).

Más de 250 años después de la muerte de David, Dios tuvo misericordia de su descendiente por la relación que había tenido con él. Debemos notar que Dios aún se identificó como el “Dios de David”, y proclamó que iba a sanar a Ezequías y a proteger a la nación “por amor a David mi siervo”.

Nuevamente, Dios estaba diciendo: “Ezequías, no estoy haciendo esto sólo por ti. Lo estoy haciendo por la relación que tuve con tu antepasado David”.

Alcanza usted a entender la poderosa influencia que una persona puede tener, y el impacto en sus descendientes por generaciones? ¿Se da cuenta de que puede ser el Abraham o David en su propia familia, sentando un patrón que puede llegar a bendecir las generaciones futuras?

Un ejemplo sobrecogedor

¿Cuán poderosa puede ser la influencia de los padres en sus familias y en sus descendientes? En 1874 un miembro de la junta de la prisión estatal de Nueva York se dio cuenta de que seis miembros de la misma familia habían sido encarcelados simultáneamente. Realizaron una investigación, teniendo en cuenta a varias generaciones pasadas, tratando de encontrar la pareja original que dio lugar a este trágico legado familiar.

Lograron trazar la línea familiar hasta un ancestro nacido en 1720, un hombre vago y perezoso que en su pueblo tenía la reputación de ser problemático. Era además alcohólico y considerado como una persona de baja moral. Para empeorar las cosas, se casó con una mujer muy parecida a él, y tuvieron seis hijas y dos hijos.

Veamos lo que el informe de esta investigación reveló acerca de aproximadamente 1200 descendientes de esta pareja que todavía estaban vivos en 1874:

• 310 no tenían hogar.
• 160 eran prostitutas.
• 180 abusaban del alcohol o las drogas.
• 150 eran criminales que habían estado en prisión, siete de ellos por asesinato.

Además, el informe reveló que el Estado de Nueva York había gastado millón y medio de dólares —una suma enorme en aquella época— cuidando a los descendientes de esta familia, y ni uno solo de ellos había contribuido significativamente a la sociedad.

Tristemente, podemos ver en este ejemplo cómo los padres disfuncionales pueden afectar y transmitir sus comportamientos y conductas dañinas de generación en generación.

Un contraste alentador

En contraste, se estudió otra herencia familiar, relacionada con una pareja que vivía en aquella misma época. Este segundo estudio familiar comenzó con el famoso predicador Jonathan Edwards, quien nació en 1703. Un hombre profundamente religioso, había vivido una vida de fuertes principios morales, se había convertido en ministro y estaba muy dedicado a su familia.

Se casó con una mujer muy religiosa llamada Sarah, quien compartía sus principios, y tuvieron 11 hijos. Jonathan Edwards llegó incluso a ser el presidente de la Universidad de Princeton. Esto es lo que los investigadores descubrieron acerca de 1400 descendientes de Jonathan y Sarah Edwards en 1874:

• 13 eran presidentes de universidades.
• 65 eran profesores universitarios.
• 100 eran abogados.
• 32 eran jueces estatales.
• 85 eran autores de libros clásicos.
• 66 eran médicos.
• 80 eran oficiales políticos, siendo tres de ellos gobernadores estatales.
• 3 eran senadores.
• 1 llegó a ser vicepresidente de los Estados Unidos.

¡Cuán grande es la diferencia que marca el ejemplo y los principios que se transmiten a la siguiente generación! Los sólidos principios morales pueden de hecho traer bendiciones y oportunidades para las generaciones que aún no han nacido.

Sacar de raíz la debilidad y el pecado

Muchos pasajes de las Escrituras confirman que la cultura familiar puede ser destructiva. Todos somos el producto de nuestra propia herencia familiar, que se remonta a muchos años atrás. Algunas de las debilidades que tenemos son el resultado directo del ejemplo de nuestros padres o abuelos. En algunos casos el pecado de una familia puede remontarse tan lejos en el pasado que ¡nadie sabe dónde fue que comenzó!

Todos tenemos la responsabilidad de superar estas debilidades y dar un ejemplo mejor a nuestros propios hijos y nietos. Este compromiso de vencer nuestras debilidades y cambiar nuestras vidas puede además beneficiar a otros miembros de la familia, tales como hermanos, primos, sobrinos, etc.

Los estudios muestran cómo las familias tienden a reproducir su propia cultura y disfuncionalidad a lo largo de varias generaciones. Por ejemplo, los padres egoístas producen hijos egoístas. Un padre alcohólico probablemente tendrá hijos alcohólicos. Los que maltratan a sus cónyuges por lo general tienen hijos que cuando crecen maltratan a sus cónyuges o son maltratados por ellos.

Los padres con actitudes y estilos de vida negativos tienden a producir una descendencia que es improductiva y desalentada. Las investigaciones demuestran que la gran mayoría de las personas encarceladas tuvieron alguna vez en la cárcel a un progenitor o un miembro cercano de la familia.

Los problemas habituales pueden estar presentes en su familia durante varias generaciones, pero ¡usted puede ser el Abraham o el David de su linaje! Usted puede ser el que tome mejores decisiones y rompa el círculo de las disfunciones generacionales.
Necesitamos reconocer lo que ha estado ocurriendo y tomar una decisión consciente, con la ayuda de Dios, de crear una nueva y positiva herencia familiar.

Dios le dijo al antiguo pueblo de Israel que los había amado y quería que fueran un pueblo mejor, por medio de la obediencia a sus mandamientos. Quería que tanto ellos como sus descendientes fueran felices y bendecidos. Por medio de Moisés los exhortó a que tomaran la decisión correcta y proclamó: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (Deuteronomio 30:19).

La triste historia de mi propio padre

Este tema me interesa mucho por varias razones. En 1905 mi abuelo paterno emigró de Inglaterra a los Estados Unidos. Mi familia y yo ignoramos la clase exacta de cultura familiar que él tuvo, pero debió ser algo negativo, por lo que se reflejó en sus deficientes habilidades como padre y su forma de vida.

Tan pronto como un hijo alcanzaba los 13 años de edad, lo obligaba a dejar el hogar y a buscar cómo mantenerse por sus propios medios. A mi padre también lo obligó a hacerlo y esto tuvo consecuencias muy graves en su vida. Aunque creció y llegó a ser un talentoso fabricante de herramientas, también se convirtió en alcohólico y estaba aislado de toda su familia.

Debido al abuso emocional y otros malos tratos, mi madre se divorció de mi padre cuando yo era niño. Mi padre no cumplía con la cuota asignada para nuestra alimentación y manutención, y sólo llegó a tener una relación con sus hijos y nietos cuando ya estaba anciano. Tristemente, después de vivir sus últimos días en una casa rodante pequeña y desvencijada, terminó suicidándose.

A pesar de esto, yo fui afortunado por dos motivos. Primero, mi madre se volvió a casar, esta vez con un hombre educado que tenía principios excelentes y una fuerte ética laboral. Yo fui bendecido porque tuve un padrastro bueno, y fue un buen modelo de masculinidad. Pero más importante aún, Dios me llamó a su verdad y a su camino de vida cuando yo era adolescente, algo que me ayudó mucho a tomar decisiones correctas en mi juventud.

Eso ocurrió hace más de 35 años, y desde entonces la esposa que ha compartido conmigo 33 años, nuestras tres hijas y nuestros nietos, hemos sido enormemente bendecidos porque alguien en la familia tomó la decisión de romper el círculo familiar de negatividad y de adicciones. Aún más, las bendiciones han abundado con el regalo de tener una esposa fiel que me ha respaldado y que también ama a Dios y su camino de vida. La familia recibe una bendición especial cuando las parejas viven como “coherederas de la gracia de la vida” (1 Pedro 3:7).

Las decisiones tienen secuelas

Nuestras decisiones y elecciones no sólo nos afectan a nosotros, sino que además afectan a nuestros hijos, nietos y a futuras generaciones.

¿Se ha detenido usted a pensar que nunca ha tomado una decisión solo? Se ha dicho que uno siempre arrastra a sus padres y a sus hijos a lo largo de la vida. En otras palabras, la mayoría de las decisiones que tomamos están influenciadas en gran medida por nuestros padres. Por otra parte, las decisiones acerca de la forma de vida que llevemos y las demás elecciones fundamentales que hacemos afectarán a las generaciones futuras de nuestra familia.

Aun cuando uno no quiera vencer ciertos problemas y debilidades graves por su propio bien, debe hacerlo por su familia. Debe pensar de una forma generacional y tener en cuenta si su conducta va a beneficiar o a perjudicar a sus descendientes.
La palabra de Dios nos muestra que él puede tener misericordia de otros por la forma en que nosotros vivimos. Si estamos luchando con un problema grave, ¿por qué no decidirnos a estar en la brecha delante de Dios (Ezequiel 22:30) y ser el Abraham de nuestra familia? Uno puede tomar buenas decisiones ahora para que en los años por venir otros vean los cambios que hizo en su vida y digan: “En este punto, todo empezó a cambiar”.

Ya leímos en Éxodo 20 y Deuteronomio 30 que literalmente tenemos la capacidad de escoger bendiciones o maldiciones. Las disfunciones y los pecados que permitimos que continúen, se transmitirán por generaciones. Pero también hemos visto que Dios bendecirá a los descendientes de aquellos que lo aman a él.

Usted puede detenerlo

Si usted tiene un legado familiar negativo, de adicciones, pobreza, divorcio, avaricia o egoísmo, puede ser la persona que lo detenga. Todos tenemos que luchar con estos asuntos en nuestras propias historias familiares. Algunas veces nos vemos confrontados por problemas que se remontan al pasado, muchas generaciones atrás.

La buena noticia es que no tenemos que hacerlo solos. Dios nos ofrece su ayuda por medio de su Espíritu, de tal forma que podemos desarraigar estos hábitos destructivos y hacer de nuestra vida algo productivo para nuestros descendientes. El Espíritu de Dios en nosotros puede cambiar literalmente nuestras vidas a medida que nos alejamos de nuestros hábitos nocivos y adoptamos una naturaleza guiada por el Espíritu (Gálatas 5:19-25).

Algunos problemas personales están tan arraigados que tal vez tengamos que ser humildes y pedir ayuda. Si al luchar con un problema usted se da cuenta de que necesita apoyo adicional, no vacile en comunicarse con un ministro o un profesional de la salud. ¡No es una vergüenza pedir ayuda y apoyo de los demás!

Cuando somos fieles y tenemos una profunda relación centrada en la obediencia a Dios, él no va a tratar con nuestros descendientes como lo hace con aquellos que no tienen una herencia divina. Cuando usted analiza su propio árbol genealógico, tal vez no le gusta lo que ve. Sin embargo, puede comenzar un nuevo árbol familiar que bendiga a todos sus integrantes, y a los que lo rodean, con el fruto del Espíritu de Dios: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gálatas 5:22-23).

En su vida, le conviene pensar de una forma generacional. La forma en que usted viva hoy y la clase de relación que tenga con Dios, ¡afectará a sus descendientes en las generaciones por venir y mejorará sus vidas! ¿Por qué no ser el Abraham de su propia familia? BN

 


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