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Jesucristo, el máximo siervoLas profecías en el libro de Isaías anticiparon que Jesucristo primero vendría para servir a la humanidad al morir por nuestros pecados, y que volvería para regir la tierra. ¿Qué significan para la humanidad su sufrimiento y muerte?Por Vince Szymkowiak Este año, muchos cristianos celebraron la Pascua cristiana al anochecer del 18 de abril. El foco central de toda esta celebración fue el sacrificio de Jesucristo. En el Nuevo Testamento encontramos muchos detalles acerca de su sacrificio pascual. Y a lo largo del Antiguo Testamento muchas profecías hablan acerca de éste, el acontecimiento más importante de todos. En el libro de Isaías encontramos muchos pasajes acerca del Mesías, Jesús de Nazaret. Analicemos tres de ellos que han sido llamados “cantos del siervo”. Estos pasajes nos revelan el gran amor que Jesús tenía por todas las personas en el mundo. Revelan en detalle su decisión de pagar el sacrificio definitivo por los pecados del mundo. Estas profecías anunciaron que el Salvador vendría con compasión y valor; también se enfocan en la época en que Jesucristo regresará para gobernar toda la tierra en el venidero Reino de Dios. La profecía de “mi siervo”El primero de estos tres pasajes es Isaías 42:1-4. Sabemos que se refiere a Cristo, ya que también se cita en Mateo 12:18-21, donde se aplica específicamente a él. Aquí Jesús es identificado como el siervo de Dios, su escogido o elegido. El versículo 1 nos dice que “él traerá justicia a las naciones”. Aquí vemos que Jesús no vino para salvar a Israel únicamente. Su plan es llegar a todas las personas de todas las nacionalidades y razas. Todos serán salvos por medio del sacrificio de Jesucristo, siempre que se arrepientan de sus pecados, se sometan a él en fe y vivan como él ordena. Continuando en Isaías 42:2 leemos: “No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles”. Jesús no vino como un agitador ni como un activista político. Al ser interrogado por el gobernador romano Poncio Pilato, dijo: “Mi reino no es de este mundo” (Juan 18:36). Después del interrogatorio, Pilato tan sólo pudo decir: “Yo no hallo en él ningún delito” (v. 38). Después, en Isaías 42:3 leemos: “No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia”. Jesús es compasivo con el manso y el humilde. Consolará y rescatará a aquellos que están heridos y afligidos o a quienes están exhaustos por las presiones de la vida. Jesús, como siervo de Dios, “no se cansará ni desmayará” (v. 4). De hecho, a su retorno traerá finalmente justicia y verdad a todo el mundo. En ese tiempo establecerá la ley de Dios hasta los últimos confines de la tierra. Contrario a lo que muchos creen, Jesús nunca se propuso abolir la ley de Dios. En vez de ello, amplió su aplicación a fin de que la ley de Dios pudiera llegar a ser parte de nuestro carácter (Hebreos 8:10; 10:16). Los verdaderos cristianos, por medio del arrepentimiento y la sumisión a Cristo como Salvador y Rey, obedecerán los mandamientos de Dios de corazón (Romanos 6:17). En Isaías 42:21 leemos que parte del propósito de la vida y enseñanza de Cristo fue “magnificar la ley y engrandecerla”. Esto es muy diferente del falso concepto que muchos tienen de que los Diez Mandamientos son algo arcaico y han sido abolidos. Sumisión total a DiosEn Isaías 50:4-10 leemos la segunda profecía, que nos habla acerca de la valentía de Jesucristo. Nos da detalles acerca de cómo enfrentaría esa prueba tremenda de su tortura y crucifixión. Él no se rebeló contra la voluntad de su Padre; no se escondió ni huyó. Después de orar fervientemente en el huerto de Getsemaní, le pidió a su padre que se hiciera su voluntad (Mateo 26:42). Él fue al encuentro de sus captores (v. 46) e insistió en que liberaran a sus discípulos (Juan 18:8). Jesús podría haber orado a su Padre y éste le hubiera enviado 12 legiones (72 000) de ángeles (Mateo 26:53), pero en lugar de ello voluntariamente permitió que su espalda fuera flagelada (Mateo 27:26; Isaías 50:6). Debido al inmenso amor que sentía por la humanidad, aun permitió que hombres perversos lo escupieran en el rostro (Isaías 50:6; Mateo 27:30). Isaías 50:7-8 dice que Jesucristo no sería avergonzado, pero aun así tuvo que sufrir una muerte cruel, para que finalmente pudiera ser coronado de gloria y de honra (Hebreos 2:9). En el venidero Reino de Dios, todas las personas adorarán a aquel que los salvó de sus pecados. Profecías detalladasEn el pasaje más largo acerca del siervo en Isaías (Isaías 52:13 hasta 53:12) leemos profecías de su sufrimiento, todo con el propósito de lavarnos de nuestros pecados. En Isaías 52:14 leemos acerca de su apariencia física, cómo “fue desfigurado de los hombres su parecer”. En el versículo 15 leemos que muchas naciones y reyes serán conmovidos y llevados al arrepentimiento cuando se den cuenta de que por sus pecados —y por los de usted y por los míos también— fue necesario que Cristo fuera crucificado. En Isaías 53:2 leemos que Jesús no tenía ninguna apariencia ni figura especial: “No había en él belleza ni majestad alguna; su aspecto no era atractivo y nada en su apariencia lo hacía deseable” (Nueva Versión Internacional). Aunque muchos se imaginan a Jesús como un hombre con túnica blanca y mirada penetrante, la Biblia nos dice que su apariencia era la de un hombre judío común de su tiempo. El versículo 4 profetiza que Jesús llevaría nuestras enfermedades y dolores: los sufrimientos, el desánimo, las enfermedades y otras dificultades que tenemos que afrontar en la vida. Finalmente, nuestro Salvador vino para sanarnos de toda enfermedad, ¡de todas nuestras heridas espirituales, físicas y emocionales! Los versículos 5-6 establecen que voluntariamente estaba dispuesto a permitir que lo azotaran y lo desfiguraran con la flagelación romana porque era la voluntad de Dios poner sobre él “el pecado de todos nosotros”. Los versículos 7-9 revelan que el Cordero de Dios era conducido al matadero (por medio de un tribunal injusto) para pagar por la transgresión del pueblo de Dios. Finalmente, Isaías 53 promete que el Siervo justo de Dios justificará (salvará del pecado) a todos aquellos que se conviertan a él (v. 11). Nuestro venidero Rey de reyesCuando Jesús vino a la tierra por primera vez, vino como un siervo dispuesto a pagar por los pecados de la humanidad. Debemos tener en mente que pronto vendrá de nuevo, pero esta vez como el “Rey de reyes y Señor de señores” que gobernará sobre el mundo entero (Apocalipsis 19:16). En su futuro reino toda rodilla se doblará delante de él (Filipenses 2:9-11). En estos momentos Dios está llamando a muchos para que formen parte de su casa espiritual, aunque sólo unos pocos responderán (Mateo 22:14). Es muy posible que lo esté llamando a usted al arrepentimiento, fe, bautismo y una relación espiritual permanente, así como a desempeñar un papel importante en el reino venidero. Si usted cree que está siendo llamado, lo exhortamos a que preste atención a este llamamiento precioso y que responda ahora a las misericordias de aquel que sufrió y murió por usted. ¡No aplace lo que será la decisión más importante de su vida! Si desea consultar con un ministro para que lo ayude a aprender más acerca de esta experiencia que cambiará su vida para siempre, no vacile en comunicarse con nosotros. Que el Eterno Dios le ayude y lo bendiga para que pueda buscarlo a él en el más crucial de todos sus esfuerzos. BN
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