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Julio / Agosto 2008
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El poder para transformar su vida
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¬ Ayude a su hijo a refutar la evolución.
¬ Dios, la ciencia y la Biblia
Noticias de actualidad del mundo científico
   

 

Diez formas prácticas de enseñar valores correctos a sus hijos

Muchos padres son conscientes de que sus hijos necesitan tener valores correctos. Pero ¿cómo pueden enseñárselos? A continuación les damos unos consejos prácticos que los padres pueden utilizar ¡a partir de hoy!

Por Rebeca Sweat

Respeto, amabilidad, honestidad, valor, perseverancia, autodisciplina, compasión, generosidad, confiabilidad. Muchos padres desean enseñarles esta clase de valores a sus hijos. Al hacerlo, pueden protegerlos de las influencias negativas de la sociedad y establecer un fundamento que los prepare para que sean buenos ciudadanos. No estamos cumpliendo con nuestras responsabilidades como padres si no tratamos de inculcar valores morales sólidos en nuestros hijos.

Por supuesto, del dicho al hecho hay mucho trecho. Enseñar valores implica tiempo, un recurso bastante escaso para muchos padres en la actualidad. Como resultado de ello, influencias externas tales como la presión de los compañeros y la industria del entretenimiento —por medio de Internet, televisión, cine, juegos de video y música— están teniendo un impacto muy significativo en los niños, moldeándoles sus perspectivas de una forma cada vez más evidente.

¿Qué podemos hacer como padres? El Dr. Gary Hill, director de los Servicios Clínicos en el Instituto de la Familia en la Universidad Northwestern, hace un llamado urgente: “Es necesario que los padres creen un espacio para estar con sus hijos, y que éste sea un tiempo que valga la pena. Hablar con ellos acerca de lo bueno y lo malo, lo que constituye una conducta apropiada y lo que no”.

Tener esta clase de conversaciones con los hijos de manera regular hará que los valores sean un tema común en el hogar. De esta forma, en el futuro, si sus hijos se ven enfrentados a grandes desafíos morales, se sentirán más cómodos hablando de la situación con ustedes que con sus compañeros. Si los padres no tratan estos temas con sus hijos, la sociedad llenará el vacío.

Esto tal vez suene como una empresa monumental, pero la verdad es que existen formas de introducir lecciones acerca de los valores en el diario devenir con sus hijos. Veamos 10 sugerencias que pueden ayudarles.

1Sea un modelo de los buenos valores

Una de las cosas más importantes que usted puede hacer es dar un buen ejemplo a sus hijos. Ellos aprenden de la forma en que usted los trata, oyendo sus interacciones con los demás y viendo cómo reacciona ante las diferentes circunstancias que se presentan en el día.

Si quiere que sus hijos tengan valores tales como la honestidad, respeto y compasión, entonces usted tiene que demostrar que también los tiene. Toda la enseñanza del mundo es inútil si sus hijos ven que usted se comporta de una manera contraria a lo que ha dicho.

Sus hijos pensarán que no es importante perseverar si usted acostumbra abandonar las dietas o programas de ejercicios o deja de asistir a clases cuando éstas se tornan difíciles. Jamás pensarán que hay algo malo con mentir si lo oyen a usted decirle por teléfono a su jefe que no puede ir a trabajar porque se encuentra enfermo, cuando solamente no quiere ir a trabajar.

Según enfatiza el Dr. Hill: “Si existe una discrepancia entre lo que usted dice y lo que hace, sus hijos simplemente van a hacer caso omiso a lo que les ha dicho. Pero si sus acciones y sus palabras son congruentes, entonces su mensaje se verá reforzado”.

Por supuesto que todos fallamos a veces, y cuando suceda es necesario reconocerlo delante de nuestros hijos. De otra forma, ellos podrán creer que la razón por la que usted no dice o hace ciertas cosas es porque éstas realmente no le importan mucho.

2Discúlpese con sus hijos cuando comete errores

Cuando usted queda mal con sus hijos, no sólo es necesario que reconozca su error, sino que además les diga que lo lamenta mucho. Esto les demostrará que usted valora y respeta los pensamientos, la perspectiva y los sentimientos de ellos. Así estará también dando el ejemplo de cómo mostrar respeto por otros y cómo aceptar la responsabilidad de los propios errores.

Esta es la lección que Teresa, una señora de Oakland, California, tuvo que aprender. Ella lo relata así: “Ese día me enteré de que la reparación del auto me costaría 2000 dólares en lugar de los 200 que había pensado que me iba a costar, y en realidad me sentía muy frustrada. Mi hija llegó a la casa y me contó que había reprobado un examen de matemáticas. Eso fue el colmo. Me enfurecí y la envié castigada a su cuarto”.

Pocos minutos después, Teresa se sentía terrible. Sabía que había reaccionado demasiado fuerte y su hija había tenido que recibir todo el peso de su frustración. Ella también sabía que debía disculparse. Entonces le dijo a su hija: “Lo siento mucho. No debería haberte gritado así”. La cara de alivio de su hija le mostró a Teresa que había hecho lo correcto.

Unos días más tarde, la hija de Teresa estaba jugando con su hermano un juego de mesa. Cuando estaba perdiendo, ella tiró el tablero por el aire y salió furiosa de la habitación. Pero unos minutos más tarde regresó para pedirle perdón a su hermano. “No sé si lo hubiera hecho tan rápidamente si no me hubiera disculpado con ella unos días antes”, dice Teresa.

Cuando usted les pide disculpas a sus hijos, inculca en ellos el deseo de hacer lo mismo cuando cometan errores.

3Use las experiencias diarias para iniciar conversaciones

Casi todos los días sucede algo que nos puede proveer la oportunidad de enseñar a nuestros hijos acerca de los valores. Utilice estos incidentes para iniciar conversaciones. Puede ser algo que hayan oído en las noticias, algo que usted o sus hijos hayan hecho, o algo que hayan visto hacer a alguien más. Esto puede servir de base para lecciones inmediatas.

Si usted lee un artículo en el periódico acerca de una acción heroica de alguien, podría preguntarles a sus hijos: “¿Qué hubieran hecho si hubieran estado en esa situación?”

Usted se dará cuenta de que hay mucho que comentar dentro de su familia. Por ejemplo, digamos que oye a su hija burlarse de su hermano por el nuevo corte de pelo que se hizo. Esto podría dar lugar a una conversación con su hija acerca de los valores de la amabilidad y el respeto.

Si sus hijos están con usted en el supermercado y el cajero le da de cambio un billete de 10 en lugar del billete de 1 que debería darle y usted se lo hace saber, eso puede suscitar una conversación provechosa acerca del valor de la honestidad. Trate de hacer preguntas que les estimulen a sus hijos a reflexionar acerca de los valores.

Aun cuando a veces usted no sea el mejor ejemplo, lo puede utilizar para decirles a sus hijos: “Bueno, no debería haberme enfadado tanto porque otro conductor ocupó mi lugar en el estacionamiento”. Es cierto que quizá al principio esta clase de conversaciones parezcan un poco extrañas, pero a medida que las tenga le irán pareciendo más naturales.

4Lea la Biblia regularmente con sus hijos

Planee algunos estudios bíblicos con sus hijos en los que analiza diferentes virtudes morales. Una semana pueden estudiar acerca de la honestidad o la gratitud, y a la semana siguiente leer lo que las Escrituras dicen acerca de la compasión, la amabilidad o la generosidad. Ayúdeles a sus hijos a ver que lo que usted les está enseñando acerca del bien y del mal no está basado simplemente en sus propias ideas, sino que procede de la palabra de Dios.

También puede hacer estudios bíblicos con sus hijos acerca de varios personajes que se mencionan en la Biblia. Se puede enfocar en las fortalezas de carácter que estas personas demostraron cuando tuvieron que afrontar diferentes circunstancias o dificultades.

Hay muchos héroes bíblicos de los que usted pudiera hablar, pero para comenzar, una historia como la de José (Génesis 37-50) estará llena de maravillosas lecciones de honestidad, valor, amabilidad e interés por otros.

La historia de Isaac y Rebeca (Génesis 24) es ideal para enseñar las virtudes de amabilidad, hospitalidad y colaboración.

Puede ir al libro de Rut y leer la historia acerca de la lealtad y compromiso que ella tenía con Noemí, y la generosidad y amabilidad de Booz con Rut.

La historia de Ananías y Safira (Hechos 5:1-11) plantea una gran oportunidad para hablar acerca de la honestidad; y la historia del carcelero en Filipos (Hechos 16:23-34) nos puede enseñar lecciones valiosas de dominio propio, confiabilidad y justicia.

Cuando termine de leer un pasaje de la Biblia, hable con sus hijos acerca de los valores específicos que ese relato enseña. Pero no hable únicamente usted.

Pregúnteles a sus hijos cuál lección les parece que se desprende de la historia. Trate de establecer si ellos creen que estos principios pueden aplicarse a nuestras vidas en la actualidad.

5Comparta sus experiencias personales

Muchos de nosotros podemos reflexionar acerca del pasado y traer a la memoria experiencias que nos enseñaron valiosas lecciones. Esté dispuesto a compartir algunas de estas historias con sus hijos, especialmente aquellas que ilustran cómo usted tomó decisiones con base en valores dignos.

Tal vez les pueda contar acerca de la ocasión en que puso sus convicciones por encima de lo que pensaba la mayoría, ofreció amistad a un compañero al que todos los demás molestaban, devolvió la billetera que se encontró en lugar de quedarse con el dinero, o trabajó diligentemente para alcanzar una meta específica. Al contarles estas historias debe decirles por qué era un dilema moral, cómo llegó a tomar la decisión que tomó, y lo que pasó finalmente a raíz de esa decisión.

Usted tal vez quiera compartir algunos relatos en los cuales tomó malas decisiones y tuvo que aprender las lecciones por la vía difícil. Esto es especialmente efectivo con niños mayores, que quizá estén enfrentados a las mismas batallas morales en la actualidad. Trate de ayudarles a aprender de los errores que usted cometió, para que no tengan que sufrir las mismas consecuencias.

6Haga responsables a sus hijos de sus propios errores

En ocasiones sus hijos se meterán en problemas. Jugando béisbol tal vez rompan el vidrio de la casa del vecino, quizá no hagan su trabajo de una manera brillante, o sean suspendidos del colegio o despedidos del trabajo por desobedecer las reglas o incumplir las normas.

Es posible que usted se sienta tentado a correr inmediatamente para hablar con el encargado o el jefe y pedirle que revoque su expulsión o suspensión, o ir donde el vecino para pagarle el vidrio roto, pero es mejor que no lo haga así. Si usted rescata a su hijo cada vez que comete un error, él nunca va a asumir la responsabilidad de sus acciones. Sus hijos necesitan saber que las malas decisiones traen consecuencias desagradables.

Marcia, una señora de Richardson, Texas, nos habla acerca de lo sucedido con su hijo de 12 años. Carlos accidentalmente rompió el monitor del computador de su amigo cuando le tiró una regla de metal. Ella relata que “Carlos estaba sentado en la habitación de su amigo y estaba jugando con una regla, como si ésta fuera un avión que volaba”. Ella y su esposo tomaron la decisión de reponer el monitor que se había dañado y hacer que Carlos pagara ese dinero.

Carlos no tenía dinero para pagar el monitor. La solución de sus padres fue que ellos pagarían ese dinero, pero Carlos tendría que realizar varios trabajos en la casa para poder reponerlo.

Marcia dice: “Sabíamos que Carlos rompió accidentalmente el monitor, pero todavía tenía que aprender que en la vida uno puede cometer errores costosos por ser descuidado”. Ella no quería simplemente “arreglar el problema” para Carlos, porque así él no hubiera aprendido de su error. Ella cree que la próxima vez que Carlos esté con sus amigos tendrá más cuidado y no se meterá en problemas. Pero la mayoría de los niños no aprenderán a hacerlo si nunca tienen que afrontar las consecuencias de sus propios errores.

7No deje que sus hijos tomen el camino fácil ante los desafíos

Dentro de este mismo orden de ideas, usted debe exigirles a sus hijos que terminen los proyectos que empiezan, aunque hacerlo implique esfuerzo, trabajo o aburrimiento.

Suponga que su hijo le suplica que lo deje estar en el equipo de fútbol, y después de dos semanas de prácticas quiera retirarse. Tal vez sea su hija la que quiera tomar clases de francés, pero una semana más tarde quiere dejar de asistir porque se da cuenta de que el profesor es bastante exigente con sus alumnos. En la mayoría de este tipo de situaciones, no conviene permitir que sus hijos se retiren e incumplan con sus compromisos (existen excepciones, por supuesto).

Si sus hijos se comprometen a hacer algo, necesitan terminarlo. Usted no quiere que sean de los que incumplen y nunca llevan a cabo nada. Anímelos para que terminen los proyectos que comienzan. Esto les ayudará a desarrollar perseverancia y un sentido de responsabilidad.

8Enseñe a sus hijos a animar y ayudar a otros

Anime a sus hijos para que ayuden a otros cada vez que puedan hacerlo. Es sorprendente lo mucho que un pequeño acto de amabilidad puede ayudar a otra persona. Por ejemplo, enviar una nota de afecto a una persona que está enferma, ser amistoso con un nuevo compañero de colegio, abrir la puerta del supermercado a una madre que está empujando una carriola, o hablar con un anciano que está sentado en el parque.

Trate de motivar a sus hijos para que hagan esta clase de cosas. Esté pendiente de las personas que pueden necesitar ayuda y dirija a sus hijos a que lleguen a ellos a dársela.

Tal vez usted quiera que sus hijos participen en un proyecto más formal. Este puede ser, por ejemplo, visitar asilos de ancianos, participar en actividades de servicio social en la comunidad, etc.

Esto no es tan sólo una forma de servir a otros, sino que además sus hijos tendrán la oportunidad de desarrollar y practicar virtudes tales como generosidad, amabilidad, compasión y respeto. Como dice el Dr. Hill: “Ellos tendrán la experiencia personal de lo que significa ayudar a otros, y esto es verdaderamente satisfactorio”.

9Vigilar lo que ven por televisión y el uso de Internet

Cuando se trata de enseñar valores a sus hijos, habrá mucho menos que necesiten “desaprender” si se minimiza su exposición a ideas erróneas en primer lugar. Es un hecho que usted no puede preservar a sus hijos de toda influencia negativa, pero puede y debe limitar su exposición a la televisión y a Internet.

Considere la posibilidad de poner el computador en un sitio en donde toda la familia se congregue. Como advierte el Dr. Hill: “Usted no quiere que su hijo pueda estar navegando en Internet en su cuarto, donde usted no pueda ver lo que está haciendo”. Si su hijo tiene el computador en su cuarto, imponga un filtro de control de tal forma que no pueda navegar por sitios de Internet que usted no quiere que vea.

Los televisores también deben estar en un sitio donde toda la familia se reúne, no en los cuartos de los niños.

Bárbara, una señora que vive en Lake Villa, Illinois, tiene un solo televisor para su familia y está en la sala. Ella dice: “Cuando vemos televisión estamos juntos y estamos seguros de que lo que vemos no es algo que promueva valores dañinos. Si mi esposo o yo vemos algo que no nos gusta, enseguida lo manifestamos a nuestros hijos, mientras estamos viendo el programa”.

Ver juntos la televisión puede ser una forma efectiva de filtrar la clase de ideas que están entrando en su hogar y estar conscientes de la clase de valores a la que están expuestos sus hijos. Si algo perjudicial aparece en la pantalla, no vacile en manifestar sus comentarios durante el programa; o si fuera preciso, apague el televisor.

Después de ver un programa en televisión, hable con sus hijos acerca de lo que acaban de ver. ¿Se pueden aprender lecciones morales? ¿Qué clase de cualidades o defectos de carácter tienen estas personas? ¿Reflejan sus acciones buenos valores?

10Aplauda el buen comportamiento

Cuando usted vea que sus hijos están obrando bien, hágales saber que está complacido con sus acciones.

Agradézcales a sus hijos cuando limpien sus cuartos sin habérselo pedido o cuando realicen sus tareas escolares sin quejarse. Reconozca su buen trabajo cuando hayan terminado una tarea difícil de la escuela. Si usted llega a la sala de estar y se da cuenta de que sus hijos están jugando juntos de una manera agradable, dígales cuán maravilloso le hace sentir verles llevándose tan bien.

Según el Dr. Hill, “las palabras sinceras desempeñan un papel muy importante en el proceso de reforzar las conductas que usted quiere ver más frecuentemente en sus hijos”. Hable específicamente de las acciones de sus hijos que estuvieron bien, para que ellos sepan exactamente qué clase de conducta es la que deben seguir teniendo. “Me gustó la sonrisa que le diste al Sr. Martínez en la iglesia”, comunica mucho más que simplemente decir: “Te portaste muy bien en la iglesia hoy”.

La comunicación es la clave

El aspecto fundamental de todo es que usted necesita comunicarse con sus hijos. Hable acerca de lo que hicieron bien, lo que hicieron mal, cómo tomar mejores decisiones morales, qué rasgos de carácter desea ver Dios en nosotros, y por qué usted ha tomado ciertas decisiones en su propia vida. Es cierto que esta clase de conversaciones requiere tiempo, pero usted se dará cuenta de que los resultados valdrán la pena.

El Dr. Hill nos exhorta: “No permita que usted esté tan ocupado que deje de tener conversaciones ‘verdaderas’ con sus hijos”. Suena trillado, pero los hijos crecen demasiado rápido. Dependiendo de su edad, usted quizá sólo los tendrá en casa unos cinco o 10 años más. El Dr. Hill concluye: “Es mejor que utilice el tiempo que le resta de una manera sabia. Asegúrese de compartir un tiempo importante, significativo y trascendental con sus hijos, mientras éstos todavía son niños”. BN

 


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