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¿Quién resucitó a Jesucristo?Ningún muerto se puede resucitar a sí mismo. La muerte es la ausencia total de vida y de conciencia. Sólo alguien vivo y dotado de poderes sobrenaturales podría haber realizado semejante obra milagrosa. El Nuevo Testamento revela claramente en muchos pasajes que fue Dios el Padre quien resucitó a Jesús de entre los muertos. Por ejemplo, el apóstol Pedro afirmó en su primer sermón en el Día de Pentecostés: “A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos” (Hechos 2:32). No mucho después, Pedro repitió este testimonio fundamental. Le dijo a la gente: “y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos” (Hechos 3:15). Después de su milagrosa conversión, Pablo continuó proclamando este mismo testimonio básico: “. . . Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús . . .” (Hechos 13:33; comparar con el v. 37). Él continuó declarando esta verdad crucial a medida que viajaba de ciudad en ciudad. Más tarde les dijo a los escépticos intelectuales de Atenas: “por cuanto [Dios] ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:31). Las epístolas de Pablo y Pedro también dan testimonio del papel activo del Padre en ese gran suceso (Gálatas 1:1; Efesios 1:20; 1 Pedro 1:3). Jesús dijo: “Destruid este templo [refiriéndose a la muerte de su cuerpo], y en tres días lo levantaré [implicando su resurrección]” (Juan 2:19; ver v. 21). Con esto Jesús no quiso decir que volvería a vivir por su propio poder, contradici-endo los otros versículos que hablan de ese suceso. En lugar de ello, se estaba refiriendo al hecho de que una vez que Dios el Padre lo volviera a la vida dentro de su tumba, él se pondría de pie en el sitio en donde había yacido muerto, levantándose de su posición horizontal para luego ascender de la tumba. Lo que debemos ver aquí es la confianza inquebrantable de Cristo en que el Padre lo resucitaría a la vida espiritual eterna. Unos momentos antes de su muerte, Cristo exclamó: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46), mostrando su total confianza en Dios el Padre. De la misma forma, aquellos que se hayan arrepentido y recibido el don del Espíritu de Dios pueden tener la certeza de que ellos también van a ser resucitados a la inmortalidad, de la misma forma en que Jesús lo fue. Pablo nos dice: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (Romanos 8:11). BN
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