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Bondad: Desde el corazón hasta la mano benefactoraDios es, por naturaleza, increíblemente bondadoso con todas las personas. Y él ayudará a todos sus seguidores a cultivar el precioso y muy necesario fruto de la bondad divina.Por Donald HooserVeamos lo que, según las Escrituras, acompaña a la verdadera bondad: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:31-32). ¡Alcanzar siempre este propósito es humanamente imposible! Mas “para Dios todo es posible” (Mateo 19:26). ¿Cuán importante es la amabilidad? En un estudio realizado en 2003 en 37 culturas de todo el mundo, se preguntó a 16 000 participantes cuáles eran las cualidades que más les gustarían en su cónyuge. Para ambos sexos la primera elección fue ¡amabilidad! Las personas desean ser tratadas amablemente, pero encuentran muy difícil ser amables. Se llevó a cabo un estudio a gran escala de los bravucones en algunas escuelas para saber por qué intimidan a otros niños. ¿Cuál fue la conclusión? La mayoría lo hacen porque les gusta hacerlo. Esto ilustra lo cruel, despiadada y sádica que es la cruda naturaleza humana. La bondad o amabilidad debe ser aprendida, y a muchos niños no se les enseña. De hecho, gran parte de la influencia a la que los exponen los medios de comunicación enseña lo contrario. La violencia y otras influencias nocivas de la industria del entretenimiento, hacen que las personas se vayan volviendo insensibles e indiferentes frente a las necesidades y sentimientos de los demás. Algunas personas creen que la bondad es debilidad, algo por lo cual los verdaderos triunfadores no se deben preocupar. ¡Este es un gran error! Si queremos que Dios, quien finalmente tiene el control total de todo el universo, sea bondadoso con nosotros, debemos entonces serlo nosotros con los demás. “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mateo 5:7). Se tienen muchas excusas: “Estoy demasiado ocupado”. “La persona merece lo que le está pasando”. “Dios probablemente lo está castigando” (como la Biblia muestra que supusieron erróneamente los amigos de Job). Pero Dios no acepta excusas para negarse a mostrar amabilidad o bondad. La falta de bondad es epidémica. El apóstol Pablo profetizó acertadamente acerca de un mundo implacable y cruel en “los postreros días” (2 Timoteo 3:1-3). Como resultado de ello, ¡las personas tienen hambre y sed del trato verdaderamente bondadoso! ¿Qué es bondad?La bondad empieza cuando nos interesamos por los demás, teniendo un corazón sensible y compasivo con ellos. Si Dios quiere que cuidemos de los animales, ¡con cuánta más razón debemos ver por nuestros semejantes! (ver Proverbios 12:10). Luego, debemos tener por meta y costumbre el buscar diligentemente las oportunidades de mostrar amabilidad. Cuando veamos una ocasión de hacerlo, actuemos rápidamente antes de que la oportunidad desaparezca. La palabra griega para “bueno” y “benigno” es chrestos. Parte de su significado es útil, lo que demuestra claramente que, según la Biblia, la amabilidad o bondad requiere acción. “Hijitos míos, que nuestro amor no sea solamente de palabra, sino que se demuestre con los hechos” (1 Juan 3:18, Versión Popular). La acción incluye alguna forma de sacrificio personal y, por lo tanto, generosidad de nuestra parte, especialmente en lo que se refiere a nuestro tiempo. (Esto no significa que seamos negligentes en cuanto a nuestras propias necesidades de descanso y de cualquier cosa que necesitemos para restablecer nuestro bienestar.) Por supuesto, el énfasis en las obras por encima de sólo palabras no significa que las palabras no sean importantes. La acción incluye palabras. Palabras alentadoras de consuelo, cortesía y aun de corrección pueden ser reconfortantes actos de bondad. Varios proverbios bíblicos nos hablan de esto. Nuestro motivo para hacer “obras de caridad” no debe ser el de impresionar a los demás (Mateo 6:1-4). Las más grandes recompensas de Dios vendrán por aquellos actos de bondad que realicemos de una manera humilde, discreta y, cuando sea posible, anónima. Hacer un favor a alguien esperando un favor a cambio no es erróneo, a menos que implique algo ilegal o vaya en contra de la ética (como el soborno). Pero hacer un favor a alguien buscando beneficiarnos en algo no es verdadera bondad. La verdadera bondad es prestarse a ayudar sin esperar nada a cambio. La bondad debe empezar con nuestros familiares. Irónica y trágicamente, muchas personas son más displicentes y desconsideradas con aquellos que debieran amar más. Dios ve esta hipocresía. Jesucristo enfatizó el hecho de que debemos ser amables y bondadosos con todos, no sólo con nuestros familiares y amigos (Lucas 6:31-34). A los que así hacen, él dijo: “será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno [aun] para con los ingratos y malos” (v. 35). ¿Ser amable con el ingrato? ¡No tiene sentido!Si usted y yo somos bondadosos con cientos de buenas personas, ¿acaso esto no prueba que somos personas bondadosas y amables? Tal vez sí, según los patrones humanos. Pero las normas de Dios requieren que seamos bondadosos con todos, aun con las personas “malas”. Si hacemos una buena obra por alguien y ni siquiera nos da las gracias, ¿acaso no sentimos que debemos “darle su merecido” y no tener nada más que ver con él? Por supuesto. Esta es la forma “natural” de reaccionar, pero no es suficiente si es que queremos ser “hijos del Altísimo”. Debemos preguntarnos: ¿Qué haría Jesús?, y luego hacer lo mismo. Algunas personas no han aprendido a agradecer y están ciegas con respecto al pecado de la ingratitud. Es bueno tratar de ser amables y pasar por alto esa ceguera. Un factor predominante en nuestro mundo actual es que muchas personas están confundidas sicológicamente, heridas y traumatizadas porque han sido rechazadas, abandonadas o agredidas, especialmente en los frágiles años de la niñez. Pueden estar llenas de depresión, temores, ira y desconfianza. Incluso personas que no han sufrido el abuso directamente, bien pueden haber absorbido las actitudes transmitidas por aquellos que sí lo han sufrido. Si usted extiende la mano para acariciar a un perro, ¿le moverá la cola o lo morderá? Si repetidamente ha sido maltratado y si han abusado de él, es posible que interprete su gesto como una amenaza y lo muerda. De la misma forma, muchas personas desconfían de cualquier atención. Suponen que todos tienen implícita una motivación egoísta y tratan de manipularlos o de herirlos. Con frecuencia “muerden la mano que les da de comer”. Pero ¡estas personas necesitan desesperadamente la bondad más que cualquier otra! Los esfuerzos persistentes de ser bondadoso pueden llegar a convencerlos gradualmente de que usted es un amigo verdadero. Es más, su bondad puede ayudar a traer sanidad para sus corazones heridos. Cómo desarrollar la bondadSi queremos ser verdaderamente bondadosos necesitamos esforzarnos. En Gálatas 5:19-21 el apóstol Pablo se refiere a la naturaleza humana como “la carne” y a nuestras tendencias naturales como “las obras de la carne”. Entre éstas están el odio, celos, ambiciones egoístas y envidia. Todas estas características son egoístas. La bondad exige lo opuesto: un genuino interés por los demás. “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (Filipenses 2:3-4). Nuestra innata naturaleza humana debe ser reemplazada por la naturaleza de Dios, y esto sólo es posible si recibimos el don del Espíritu Santo que mora en nosotros y produce este maravilloso fruto: “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22-23). Cada una de estas características está claramente relacionada con las demás. La longanimidad, explicada en un artículo anterior de esta serie, está ligada a la bondad en otra lista (2 Corintios 6:6). Ambas son elementos importantes del amor: “El amor es sufrido, es benigno” (1 Corintios 13:4). ¿Cómo podemos obtener el Espíritu Santo? El apóstol Pedro mencionó los requisitos básicos en Hechos 2:38: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”. Sigamos los ejemplos de la Biblia sobre la bondadHay grandes ejemplos de bondad que pueden inspirarnos a ser más bondadosos: el del rey David con Mefi-boset (2 Samuel 9); la mujer sunamita y su esposo, con Eliseo (2 Reyes 4:8-10); Dorcas, una mujer respetada, que “abundaba en buenas obras y en limosnas” (Hechos 9:36-39); el samaritano en la parábola del buen samaritano (Lucas 10:25-37); Bernabé, cuyo nombre significa “hijo de consolación” (Hechos 4:36). Otro ejemplo es el de “la mujer virtuosa”, quien diligentemente atiende a las necesidades de su familia y de muchas otras personas (Proverbios 31). “Alarga su mano al pobre, y extiende sus manos al menesteroso” (v. 20). “Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua” (v. 26). ¡Que nuestras lenguas sean guiadas por la ley de clemencia! Una de las palabras hebreas más importantes en el Antiguo Testamento es hesed, utilizada 240 veces. Se traduce frecuentemente como misericordia, pero su significado es más amplio; tiene que ver con un amor leal o inalterable y una fidelidad al pacto. Ninguna palabra en español la traduce adecuadamente, en parte porque el lenguaje es insuficiente para describir esta característica fundamental del carácter de Dios. La palabra devoción es quizá la más cercana. Pero es necesario demostrar este amor comprometido por medio de acciones. Las Escrituras con frecuencia alaban el hesed de Dios. También nos dicen que debemos tener hesed los unos por los otros. Jesucristo practicó una bondad que en su época fue considerada como algo radical. Siempre se preocupó enormemente por las mujeres así como por los hombres, por los niños tal como por los adultos, por personas de otras razas al igual que por los judíos, y por los enfermos y débiles como también por los sanos y fuertes. Con frecuencia él mismo se llevó a la fatiga orando por personas, sanando a algunos, alimentando a otros y ayudándoles de otras formas. Cuando Jesús vio las multitudes con todas sus aflicciones, enfermedades y confusión, “tuvo compasión de ellas” (Mateo 9:36; 14:14; 18:27). Al ver a las personas a nuestro alrededor, nosotros, igualmente, deberíamos tener compasión de ellas. Nosotros también deberíamos estar ayudando, dando, compartiendo, sirviendo, cuidando, animando, mostrando misericordia, llenos de compasión y obrando así en la medida de nuestra capacidad. En síntesis, debemos ser bondadosos. Que en cada uno de nosotros pueda continuar floreciendo y creciendo el fruto de la bondad. Por encima de todo, debemos esforzarnos por seguir las pisadas de Jesucristo, quien personificó el hesed de Dios en la máxima expresión de amorosa bondad. BN
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