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Para nuestros lectores jóvenes: Cultiva hábitos ganadoresEs posible reestructurar la superficie de tu cerebro para tener más éxito en encestar una pelota de baloncesto . . . ¡y también en muchas otras cosas!Por Steve McNeelyNuestro cerebro es un órgano increíblemente complejo y eficiente. Aunque está constantemente cambiando y reconfigurándose, nos permite hacer cosas rutinarias automáticamente y casi sin esfuerzo. (Como dijo el rey David en Salmos 139:13-14, “tú formaste mis entrañas . . . formidables, maravillosas son tus obras”.) La permanente y continua reestructuración física de nuestras células cerebrales nos capacita para aprender y hacer varias cosas al mismo tiempo. También hace posible la formación de hábitos. Los hábitos pueden ser una asombrosa y poderosa fuerza para nuestro bien, pero también pueden ser sumamente destructivos. ¿Qué es un hábito? ¿Qué se necesita para formar un hábito? Sin entrar en demasiados tecnicismos, pensemos en cómo nuestro cerebro, sistema nervioso y músculos forman hábitos, algunas veces llamados memoria muscular en los deportes. Y examinemos cómo desarrollamos nuestros hábitos Hábitos para encestarUn excelente ejemplo es el hecho de lanzar apropiadamente una pelota de baloncesto. No es nada fácil aprender la técnica correcta. Recuerdo que mi papá me compró un balón cuando yo era muy pequeño y apenas podía alzarlo sobre mi cabeza. A medida que iba creciendo, siempre tuvimos una canasta de baloncesto en la entrada de mi casa, y pasé muchísimas horas tratando de mejorar mi forma de lanzar. Con cada año que pasaba, me hacía más fuerte y mejoraba mi habilidad para ejecutar un tiro certero: pies y hombros en ángulo recto a la canasta, codo hacia adentro, brazo derecho extendido hacia el aro, mano izquierda soltando el balón un instante antes del tiro, justo antes de alcanzar la mayor altura en el salto, con la muñeca derecha lanzando la pelota hacia el canasto, dándole un suave giro. Alguien infundió en mí la idea de que, durante mi niñez, era más importante desarrollar una buena técnica que encestar la pelota. El encestado vendría después como consecuencia natural. Durante los primeros años de mi adolescencia, cada año me proponía conscientemente hacer el esfuerzo para perfeccionar mi lanzamiento. Pero me di cuenta de que cada vez me costó más tiempo y esfuerzo. ¿Por qué? Porque tenía que desaprender la técnica que había usado hasta entonces para aprender una mejor. Algunas veces el cambio y el progreso eran leves, pero el esfuerzo era mayor cada año. Este es un concepto extremadamente importante: ¡desaprender malos hábitos es muy difícil! De hecho, no podemos desaprender un mal hábito; sólo podemos reemplazarlo con un hábito bueno, aún más arraigado. Así como un clavo grande saca a uno más pequeño, un hábito mejor saca a un hábito peor. De modo que hay que desarrollar buenos hábitos a temprana edad, ¡cuando todavía sea fácil! Los grandes lanzadores ni siquiera tienen que pensar acerca de sus tiros. Lanzan desde cualquier ángulo, algunas veces girando, en ocasiones al final de un movimiento acrobático, otras con un jugador del otro equipo cubriéndolos como una manta, y otras veces a pesar de una jugada sucia. ¿Por qué? Porque no tienen tiempo para pensar; simplemente reaccionan, y todos los años que invirtieron para convertir la forma y técnica adecuadas en memoria muscular tienen su recompensa: ¡sólo tiros limpios! Uno de mis entrenadores dijo que es necesario hacer una cosa correctamente 25 veces para poder convertirla en memoria muscular. (La práctica no hace la perfección, sino que la práctica perfecta hace la perfección.) Bueno, tal vez 25 no sea el número mágico para todo el mundo, pero ciertas investigaciones demuestran que se requiere muchísima repetición para crear un hábito. A continuación veremos un resumen de cómo nuestro cerebro y nuestro cuerpo trabajan juntos para crear un hábito. Millones de computadores interconectadosNuestro cerebro es semejante a millones de computadores interconectados. Miles de millones de células funcionan armoniosamente para manejar la máquina bioquímica-eléctrica-espiritual que somos. Las neuronas son minúsculas células ubicadas en el cerebro y en nuestro sistema nervioso, capaces de conectarse entre sí. Nacemos con una dotación completa de neuronas, pero con muy pocas conexiones. Cuando aprendemos algo nuevo, el cerebro crea una red de conexiones para poder enviar y recibir mensajes en todo el cuerpo. Mientras más hagamos la misma cosa, más fuerte será la conexión. El cerebro no quiere desperdiciar tiempo, sustancias químicas ni impulsos eléctricos en hacer repetidamente una misma cosa, así que construye una vía que puede usar una y otra vez. Cuando desarrollamos un hábito, en realidad estamos efectuando un cambio en la estructura celular de nuestros cerebros. Mientras más repetimos el hábito, más fuertes y permanentes se vuelven las conexiones, o sea más profundo se hace el lecho del río. Cuando eres joven, tienes una maravillosa oportunidad de forjar nuevos hábitos en la estructura misma de tu cerebro. Nunca será más fácil hacerlo, porque a medida que pasen los años, más difícil te será cambiar. Un experimento que vale la penaPon a prueba este experimento: proponte firmemente desarrollar un buen hábito en 30 días. Digamos que tu hábito actual es llegar a casa, servirte un bocadillo y desplomarte frente al televisor. Tal vez llegues a hacer tu tarea más tarde, tal vez no. Oblígate a hacer algo diferente. Haz que tu mente le ordene a tu cuerpo que cruce la puerta, recoja un bocadillo, deje el televisor apagado, se dirija directo hacia la mesa y trabaje en tu tarea. Al terminar tu tarea, prémiate inmediatamente con un poco de televisión, videojuegos o baloncesto. Disfruta el hecho de que ya no tienes que volver a pensar en la tarea que terminaste. ¡Ya estás libre de ella! La clave, sin importar cuán difícil sea, es que te obligues a hacer esto 25 ó 30 veces seguidas. Sólo entonces se convertirá en un hábito que podrás mantener más fácilmente. Con el tiempo, terminar tu tarea primero que todo se volverá algo automático. Te parecerá extraño cruzar la puerta y no ponerte inmediatamente a hacer la tarea. Si intentas encender el televisor, un campo magnético invisible te empujará hacia atrás: ¡No . . . debes . . . tocar . . . el . . . control . . . remoto! ¡Treinta días de ardua autodisciplina es un pequeño precio que pagar para reestructurar tus células cerebrales y enfocarlas a toda una vida de éxitos! Armado de buenos hábitos, serás capaz de vivir de una forma que complazca a Dios y lograrás lo que parece imposible. Y no te costará ningún esfuerzo, ya que las cosas que son difíciles para otras personas serán fáciles para ti, ¡porque habrás invertido tiempo y esfuerzo en reestructurar tu cerebro para que las haga automáticamente! BN
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