Una lección de la profecía:
¿Qué tipo de persona debe ser uno?
¿Por qué razón le interesa la profecía bíblica? ¿Se ha propuesto descifrar todas esas oscuras profecías que aún no se han cumplido? Tenga cuidado. El propósito que Dios tiene para la profecía puede ser muy distinto del que usted se imagina.
Por Darris McNeely
En cierta ocasión conocí a una persona que creía tener descifrados todos los detalles de la profecía. Tenía un diagrama que indicaba el momento en que se cumplirían las profecías del tiempo del fin, y hasta estaba convencido de saber el año y el día en que Jesucristo retornaría.
Pero había un problema: los años y días llegaron y se fueron y esas profecías no se cumplieron. Esta persona era un estudiante muy sincero de la Biblia; temía a Dios y obedecía sus enseñanzas. Su error no radicaba en estar interesado en la profecía, sino en tratar de predecir el tiempo en que ocurrirían ciertos eventos, algo que sólo Dios conoce. Él nunca pudo entender la manera en que Dios quiere que sus siervos utilicen la profecía.
¿Y qué sucede con usted? ¿Ha hecho lo mismo?
Una perspectiva equilibrada
La profecía siempre ha sido un tema fascinante. Todos queremos saber lo que nos depara el futuro. Cada vez que ocurre algún suceso mundial importante, la gente acude corriendo a quienes afirman conocer su significado profético, para tratar de comprender lo que representa. Cada vez que estalla una crisis en el Cercano Oriente vemos que aumentan bastante las visitas a nuestras páginas de Internet. Hay gente que está inquieta leyendo y descargando nuestro material sobre profecía.
Y eso está bien; queremos que lo hagan. Pero ¿cuál es su propósito? ¿Para ser más sabios e instruidos que los demás en asuntos de profecía? ¿O porque uno espera salvarse mediante el acceso a algún conocimiento “secreto” y especial de esas antiguas profecías? Sea cual fuere nuestra motivación, debemos asegurarnos de que concuerde con el propósito y el plan de Dios.
Cuando estudiamos la profecía bíblica, debemos recordar un principio fundamental: únicamente Dios sabe exactamente cuándo y cómo acontecerá todo. Cuando los discípulos de Jesús quisieron saber el tiempo de la restauración del reino de Israel, él claramente les dijo: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad” (Hechos 1:7).
Únicamente Dios sabe cuándo se llevarán a cabo ciertos acontecimientos, tales como el retorno de Jesucristo. Aun Jesús dijo que ni siquiera él sabía el día ni la hora (Marcos 13:32).
Puesto que Dios se encarga de la realización de los grandes acontecimientos, nuestra meta debe limitarse a estar vigilantes y a comprender los tiempos y sucesos mundiales. Y con la fe en Dios de que se acerca un día de juicio y que el Reino de Dios va a ser restaurado, debemos ocuparnos en otras cosas. La profecía, los acontecimientos mundiales y las señales del tiempo del fin deben ser la motivación para perseverar hasta el final.
La amonestación de Pedro
Cuando se encontraba próximo a morir, el apóstol Pedro quiso que los miembros de la iglesia entendieran algunas cosas sobre la profecía. Quería que tuvieran una perspectiva equilibrada que los ayudara a evitar todos los extremos que suelen acompañar este tema.
Pedro sabía que su vida se estaba acercando a su fin. Durante varios años muchos en la iglesia ansiaron y esperaron el retorno de Cristo. Pero no había ocurrido. Ahora él veía la necesidad de recordarle a la gente ciertos principios básicos que servirían como fuente de instrucción después de su muerte (2 Pedro 1:12-15).
Él comenzó por animarlos a cultivar diligentemente en sus vidas las cualidades de fe, virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia y piedad. El afecto fraternal y el amor debían ser el sello distintivo de sus vidas y debían ayudarles a abundar en el conocimiento del Señor Jesucristo (2 Pedro 1:5-8).
Estas son las cualidades cristianas elementales que constituyen el carácter de aquellos que buscan entrar en el reino venidero y eterno de Jesucristo (v. 11). El Reino de Dios no había llegado en tiempos de Pedro, pero el hecho de que llegaría seguía siendo una sólida realidad alrededor de la cual giraba cada día de su vida.
No hay lugar para interpretaciones privadas
Pedro y los otros discípulos habían sido testigos oculares del poder y la majestad de las obras terrenales de Jesucristo. Ellos vieron al Cristo resucitado y hablaron con él. Todos estos acontecimientos eran verdaderos, y transformaron sus vidas para siempre.
Los apóstoles asociaron las profecías del Antiguo Testamento con Jesús y entendieron su cumplimiento. Para Pedro, Juan y los demás, la profecía se había cumplido en sus días y comprendieron cabalmente las predicciones mesiánicas acerca de la primera venida de Cristo.
Durante las décadas que siguieron a la ascensión de Cristo, llegaron a entender que el momento en que sería restaurado el reino, al retorno de Jesús, se hallaba más allá de su época, y que no vivirían para verlo. Pero esto no disminuyó la realidad de aquella esperanza. Eso era lo que los apóstoles y maestros de Jesucristo querían que la gente entendiera. Y eso es lo que claramente vemos ahora, 2000 años más tarde.
Pedro escribió: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:19-21).
Una de las claves para entender la profecía bíblica consiste en dejar que la Biblia se interprete a sí misma. No debemos intentar extraer de los pasajes significados que no tienen. La profecía no debe ser manejada como una adivinanza cuya solución requiere de gran concentración mental. El Espíritu de Dios inspiró a algunos hombres a pronunciar palabras proféticas, y Dios mismo es el único que puede interpretar su significado.
La vanidad y el orgullo pueden llevarnos a atribuir cierto significado a determinados pasajes bíblicos antes de que Dios esté dispuesto a revelarles a sus siervos su verdadero sentido. “Porque no hará nada el Eterno el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7).
Después de un extenso capítulo en el que muestra la insensatez de los falsos maestros (2 Pedro 2), el apóstol vuelve a las seguras promesas de la revelación de Dios.
Burladores en los últimos días
La verdadera enseñanza de Dios siempre ha sido blanco de ataques en este mundo controlado por fuerzas espirituales invisibles. La duda y el cinismo han sido dirigidos hacia las enseñanzas de los profetas y de los apóstoles por aquellos que buscan sus propios fines. Pedro predijo que en los últimos días surgirían burladores diciendo: “¿Dónde está la promesa de su advenimiento?” (2 Pedro 3:3-4).
Actualmente vivimos en una época de marcada incredulidad. Vemos una continua agresión contra la fe y la verdad bíblicas. Ciertos libros y películas populares arrojan dudas sobre la divinidad de Jesús. Se postulan innumerables teorías para desacreditar la veracidad de los relatos bíblicos. Con el descubrimiento de “libros perdidos” se intenta reescribir la historia de los evangelios, provocando escepticismo en cuanto a la verdad revelada.
El interminable debate entre el evolucionismo y el creacionismo como explicaciones para el origen de la vida, mantiene a la gente discutiendo acerca de una verdad que tiene una importancia fundamental para el cristianismo. Nuestra sociedad está inclinada a desvirtuar la creencia en Dios y en la verdad revelada en el evangelio del Reino de Dios, no a magnificarla. Esta es una realidad de la vida cotidiana. Pedro observó esto en su propio tiempo y se esforzó por reavivar la fe y confianza de los elegidos de Dios.
Él escribió una escueta declaración que resume el amor de Dios en todos los tiempos: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). Esta es la verdadera razón para estudiar la profecía y mantenerse al tanto de lo que ocurre en el mundo actual, ¡siempre con la esperanza del mundo venidero!
La paciencia que Dios tiene con este mundo es extraordinaria y alentadora. Él no quiere que nadie sufra por el pecado y la injusticia. Quienes predican el evangelio de paz saben que su mensaje puede hacer que las vidas de las personas cambien para bien. El conocimiento del amor de Dios por toda la humanidad, un amor expresado mediante el sacrificio y la vida de Jesús de Nazaret, puede hacer que el desaliento se convierta en alegría y la tristeza en esperanza.
Este conocimiento ha sido la fuente de motivación para la dedicación de los santos a lo largo de la historia. Es la razón que ha permitido que usted tenga ahora esta revista en sus manos. Detrás de esto hay un grupo de personas que desean que escuche el mensaje del reino y que transforme su vida para adorar al verdadero Dios.
El objetivo principal de la profecía
Los sucesos profetizados en la Biblia ocurrirán indefectiblemente. A la vuelta de la esquina está un período de aflicciones mundiales como nunca antes lo ha habido, un tiempo de “gran tribulación”. El triunfante retorno de Cristo ocurrirá más pronto de lo que muchos suponen. Y todo esto va a tomar por completa sorpresa a este mundo desapercibido (2 Pedro 3:10).
Pedro nos dice por qué debemos vigilar y entender nuestro mundo. No debe ser para obtener más conocimiento y así alimentar nuestro ego y nuestro orgullo. No se trata de enfocarnos únicamente en la salvación de nuestra vida física. La verdadera razón para estudiar la profecía debe consistir en aprender el camino de Dios y así motivarse para vivirlo mejor y compartir las buenas nuevas con otros.
“Puesto que todas estas cosas han de ser desechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán desechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 Pedro 3:11-13). Podemos “apresurarnos” para la venida de Cristo si apoyamos y participamos en la labor de predicar el mensaje del evangelio, del que tiene una muestra en sus manos ahora mismo.
Esta es la razón más importante para estudiar la profecía bíblica: para que ella pueda modelar nuestro pensamiento y, finalmente, nuestro carácter, para llegar a ser como Dios. Porque sabiendo que este mundo se encuentra moribundo y que otro mundo nuevo está por venir, nos preparamos ahora para tener un papel en ese reino venidero. Para nosotros es algo muy real y es lo que nos motiva cada día y nos llena de pasión y fervor. Esta es la única meta por la que vale la pena sacrificarse. A quienes tienen esa visión hoy y se dedican a ella diligentemente, les espera una corona de justicia que no se desvanecerá.
Abra su mente y su corazón a los pasajes bíblicos que revelan la realidad del mundo actual y los acontecimientos venideros que transformarán el presente mundo malo y nos llevarán al glorioso Reino de Dios. Únase a nosotros en esta obra y permita que su vida se convierta en un sacrificio vivo para Dios. BN
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