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Enero / Febrero 2010
» Contenidos de esta Edición
¬ ¿Por qué fallan nuestros gobiernos?
¬ Cuatro claves bíblicas para comprender los eventos mundiales
¬ Sufrimiento: Cómo empezó y cómo terminará
  Cómo describía Pablo su forma de pensar antes de la conversión
  Lo que Job aprendió por medio del sufrimiento
¬ Europa y la iglesia, Parte V: La identidad del cuerno pequeño
  Tres de los primeros cuernos, arrancados de raíz
¬ Dominio propio:
Gobierne su vida por el poder de Dios

La identidad del cuerno pequeño

Por Melvin Rhodes

¿A qué personaje representa el cuerno pequeño de Daniel 7:8, aquel con “ojos como de hombre, y una boca que hablaba grandes cosas”? Como este artículo es el quinto de la serie, nuestros lectores deben tener en cuenta que parte de su contenido se basa en la información que dimos en los artículos anteriores.

Después de recibir una visión dada por Dios, el profeta Daniel relató: “Mientras yo contemplaba los cuernos, he aquí que otro cuerno pequeño salía entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres cuernos de los primeros; y he aquí que este cuerno tenía ojos como de hombre, y una boca que hablaba grandes cosas” (Daniel 7:8).

La “cuarta bestia” de Daniel 7:7 es descrita como una gran potencia militar que sería “espantosa y terrible y de gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies”. Como ya se explicó en la parte II de esta serie, el Imperio Romano cumplió esta profecía. Muchos estudiantes de la profecía reconocen que, históricamente, los reinos mundiales como Babilonia, Persia, Grecia y Roma son representados por las grandes bestias de esta visión. En contraste, ahora leemos acerca de “otro cuerno”, que también simboliza el poderío y autoridad reales, cuya fuerza no radica en su poder militar, sino en su “boca que hablaba grandes cosas”.

Más adelante en el mismo capítulo podemos leer otros detalles sobre este cuerno.

“Entonces tuve deseo de saber la verdad acerca de la cuarta bestia, que era tan diferente de todas las otras, espantosa en gran manera, que tenía dientes de hierro y uñas de bronce, que devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies; asimismo acerca de los diez cuernos que tenía en su cabeza, y del otro que le había salido, delante del cual habían caído tres; y este mismo cuerno tenía ojos, y boca que hablaba grandes cosas, y parecía más grande que sus compañeros. Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía” (vv. 19-21).

Aquí, nuevamente vemos que el poderío militar aparece primero. El Imperio Romano se inició en la era precristiana. Pero leemos una vez más que este otro cuerno, no militar, emerge del Imperio Romano. Es descrito como “una boca que hablaba grandes cosas”. También se nos dice que haría “guerra contra los santos”, los verdaderos seguidores de Dios.

Continuando en el versículo 25 leemos que “hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley”. ¿A quién se podrá referir esto? ¿Quién podría haber cambiado “los tiempos y la ley”?

La respuesta se encuentra en la historia. Recordemos que Daniel estaba escribiendo cientos de años antes de que estas cosas ocurrieran. Aun los escépticos que no creen que el libro de Daniel haya sido escrito en el siglo sexto a.C. tienen que reconocer que este libro sí existía al menos uno o dos siglos antes de Cristo, porque esa es la fecha aceptada de los rollos del mar Muerto, que incluyen el libro de Daniel. Por lo tanto, esta profecía claramente se anticipó a los acontecimientos descritos en este pasaje.

El versículo 25 concluye con estas escalofriantes palabras: “y [los santos] serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo”. Los verdaderos seguidores de Dios serían perseguidos por este cuerno durante un período prolongado.

En el libro del Apocalipsis, escrito seis siglos y medio después de Daniel, leemos una vez más acerca de esta persecución de los verdaderos siervos de Dios. Y nuevamente este hecho se halla en el contexto del poder de la bestia.

El Apocalipsis es “la revelación de Jesucristo, que Dios le dio” al apóstol Juan (Apocalipsis 1:1).
Juan escribe: “Me paré sobre la arena del mar, y vi subir una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo. Y la bestia que vi era semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león” (Apocalipsis 13:1-2).

En esta visión Juan ve una combinación de las tres primeras bestias del capítulo 7 de Daniel, es decir, el león, el oso y el leopardo, que representan la rápida sucesión de los imperios babilónico, medopersa y grecomacedonio, que tenían características similares. ¿Implica esto que el poderío de todos ellos provenía de la misma fuente? Notemos que “el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad” (Apocalipsis 13:2). Satanás es el gran dragón que engaña al mundo entero (Apocalipsis 12:9). Es también el “dios de este siglo” (2 Corintios 4:4) que ejerce gran poder sobre los asuntos humanos.

Juan continúa: “Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia” (Apocalipsis 13:3). El Imperio Romano de Occidente sufrió una herida aparentemente mortal cuando cayó en el año 476. Pero contrariamente a lo que sucede con las potencias que colapsan y desaparecen, “su herida mortal fue sanada” y sería resucitada. Notemos el aspecto religioso del versículo 4: “Y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella? También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses. Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo.

“Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (vv. 4-8).

En el versículo 11 Juan ve “otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón”. Jesucristo es descrito como el Cordero de Dios, mientras que Satanás es un dragón. Por lo tanto, esta bestia con “dos cuernos semejantes a los de un cordero” es un instrumento de Satanás que trata de hacerse pasar por una representación de Jesucristo. “Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz” (2 Corintios 11:14).

Aquí vemos la descripción de un falso sistema religioso que sale de la cuarta bestia y trata de hacerse pasar por cristiano. Es una falsificación del cristianismo. Como dice Daniel 7:25, este sistema “pensará en cambiar los tiempos y la ley”. Un estudio de la historia de la iglesia revela que en los cuatro primeros siglos después de la muerte de Cristo, en la iglesia cristiana surgieron algunas revueltas doctrinales que trataban de cambiar el día de adoración señalado por Dios, el sábado, por el domingo (cambio de los tiempos) y enseñar que la ley de Dios había sido abolida (cambio de la ley).

Jesucristo no enseñó ninguna de estas cosas. Por el contrario, dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir [es decir, para vivir plenamente, dando así un ejemplo para todo el mundo]” (Mateo 5:17).

En el capítulo 12 de Apocalipsis leemos que el falso sistema religioso, inspirado por Satanás, “se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo” (Apocalipsis 12:17). Esto nos enseña que hasta los tiempos del fin estará vigente una táctica antiquísima. La historia nos muestra que la verdadera iglesia apostólica casi fue eliminada por esta falsa forma de cristianismo, que llegó a convertirse en la iglesia oficial del Imperio Romano en el siglo cuarto.

En Apocalipsis 13:15 “la imagen de la bestia” se asocia con determinado tipo de adoración y con la persecución religiosa de aquellos que no adoren de esa manera. Debe quedar claro que esta imagen es una organización religiosa aliada con el poderío político de la bestia. Esta potencia religiosa es reavivada por aquel que “ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella, y hace que la tierra y los moradores de ella adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada” (v. 12).

La imagen, es decir, la institución religiosa que reflejaba el poder del estado, coexistiría con el imperio a partir de la conversión del emperador Constantino y hasta la caída del Imperio de Occidente, casi dos siglos más tarde.

¿Quién es el cuerno pequeño?

“El verdadero sucesor del Imperio de Occidente fue el papado”. Estas palabras fueron escritas por L. Elliott Binns en la introducción de su obra maestra The Decline and Fall of the Medieval Papacy [“El deterioro y caída del papado medieval”], página v.

En la portada del libro de Binns se afirma: “El papado no sólo fue el verdadero sucesor del Imperio Romano; también fue el fiel reflejo del imperio”.

El historiador Paul Johnson, aludiendo a ciertos sucesos ocurridos en la última mitad del siglo séptimo, anotó: “La iglesia romana era todavía el vocero del imperio” (The Offshore Islanders [“Los isleños de mar adentro”], 1972, p. 57). “La política y la religión eran inseparables” (ibídem, p. 49).

¿Encaja el papado con la descripción bíblica de “la imagen de la bestia”? (Apocalipsis 13:15).
Notemos las similitudes entre el imperio y la iglesia que lo sucedió.

“Aunque el centro administrativo del imperio había sido trasladado a Bizancio, la religión del estado seguía siendo dirigida desde Roma. De hecho, su cadena de mando y sus contactos con regiones aledañas tales como Bretaña, eran mantenidos de manera más constante que las funciones políticas y militares del Imperio. El cristianismo todavía tenía una infraestructura internacional que funcionaba.

“Por su misma naturaleza, esta religión era centralizada, universalista, autoritaria y antirregional. Era administrada por una disciplinada casta sacerdotal, comandada por obispos establecidos en los centros urbanos del imperio, bajo la autoridad suprema del obispo de Roma misma, la voz espiritual del Imperio de Occidente. Sus doctrinas eran absolutistas, y exhortaban a someterse irreflexivamente a la autoridad divina: en este mundo, al emperador y a su sumo sacerdote el obispo de Roma; en el próximo, a un dios unitario, quien nombró al emperador” (ibídem, pp. 29-30).
Sin embargo, había una diferencia.

“Bajo el Imperio pagano, el centro de unidad había sido político, y la autoridad suprema pertenecía al emperador mismo; mientras se reconociera la supremacía del estado, los hombres podían asumir muchos y diferentes credos y filosofías. La Edad Media se desarrolló en términos diametralmente opuestos; su centro de unidad era religioso, constituido por la Iglesia Romana; al mismo tiempo, y paralelas a esta unidad política, podían existir numerosas variaciones políticas” (Binns, p. 3).
En otras palabras, la libertad religiosa no existía en la Edad Media, es decir, el período entre la caída del Imperio Romano y la era moderna que comenzó a fines del siglo xv.

Iglesia y estado: una relación incómoda

En Apocalipsis 17 leemos una profecía acerca del falso sistema religioso y su relación con los gobiernos de este mundo, una relación que dominaría el período comprendido entre la revelación al apóstol Juan y la segunda venida de Jesucristo.

Esta relación es descrita en términos muy explícitos: “Con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación” (Apocalipsis 17:2). Cuando las personas se embriagan, no saben lo que hacen. Así es la religión falsa. La humanidad ignora el hecho de que Satanás “engaña al mundo entero” (Apocalipsis 12:9).

Cuando examinamos retrospectivamente la historia de los últimos dos milenios, nos podemos dar cuenta de que ninguna institución ha dominado el mundo por más tiempo que el papado.

Si la Iglesia de Roma es “la imagen de la bestia”, entonces esa iglesia es mencionada frecuentemente debido a su papel político, un papel que se ha vuelto mucho más formidable por el hecho de que el Vaticano es en sí mismo un estado, además de la sede de una iglesia universal. A pesar de que Jesucristo dijo que su reino no era de este mundo (Juan 18:36), aquí hay una iglesia que durante dos milenios ha desempeñado un importantísimo papel político. Esta iglesia falsa es descrita como una “ramera” (Apocalipsis 17:1), que se vende por ganancias temporales.

El creciente influjo de la iglesia comenzó con el emperador Constantino (ver la parte III de esta serie), pero su ascenso al poder se inició verdaderamente con la caída del Imperio de Occidente. “Cuando ya no existía un emperador en Occidente y los vínculos con Oriente eran muy débiles, la Roma papal reemplazó a la Roma imperial” (Binns, p. 11).

La relación entre iglesia y estado dominó continuamente la política europea hasta los tiempos modernos. Aun en la actualidad, en algunos países europeos la iglesia establecida y el estado mantienen estrechos lazos.

Tal relación no siempre ha sido fácil, y esto es exactamente lo que la profecía predijo. La “fornicación” (Apocalipsis 17:2) nunca es una relación fácil. La relación física entre esposo y esposa está basada en amor y compromiso, pero dos personas que fornican sólo se aprovechan temporalmente, cada una buscando lo que pueda obtener de la otra.

Así es cómo ha sucedido con la relación iglesia-estado a lo largo de la historia. En ocasiones ambos se han concertado para obtener beneficios mutuos, pero la mayoría del tiempo han luchado por obtener preeminencia uno sobre el otro.

En Apocalipsis 17:7 vemos una descripción de la iglesia falsa, representada por una mujer y la “bestia que la trae”. Nuevamente, la analogía presentada aquí es muy apropiada. Cualquiera que haya montado un caballo sabe que el jinete no siempre tiene el control. La iglesia puede pensar que es capaz de controlar el poder del estado, pero con frecuencia no es así. Esta bestia sobre la que cabalga la mujer tiene “siete cabezas y diez cuernos”. En el versículo 9 leemos que “las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se sienta la mujer”.

En la Biblia un “monte” es el símbolo de una gran nación o imperio, comparado con otras naciones más pequeñas y que son representadas como “colinas”. Por ejemplo, en Isaías 2:2 vemos el venidero Reino de Dios descrito como un monte que “será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones”. Finalmente, el gobierno de Dios se impondrá sobre todas las naciones, grandes y pequeñas.

Como la bestia sobre la que cabalga la mujer correspondería al Imperio Romano, sus siete cabezas o montañas serían las restauraciones de este imperio. El papado continuaría imponiendo el sistema romano a lo largo de los siglos, adoptando frecuentemente un papel político, pero también comprometido profundamente en los intentos por revivir el Imperio Romano, los “siete montes, sobre los cuales se sienta la mujer” (Apocalipsis 17:9).

Pero antes de ello, tres reinos que no estarían bajo el control de la iglesia falsa serían arrancados (ver el recuadro “Tres de los primeros cuernos, arrancados de raíz”).

Recordemos que el pequeño cuerno de Daniel 7:8 tiene “ojos como de hombre” y una boca que habla “grandes cosas”. Este cuerno diminuto posee suficiente poder como para arrancar reinos, pero aun así no es representado como una verdadera potencia política. Es una potencia religiosa, también descrita como “la imagen de la bestia”. Casi 2000 años de historia muestran la constante presencia de una gran iglesia romana aliada con los diferentes resurgimientos del Imperio Romano. BN


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