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¿Por qué fallan nuestros gobiernos?Por Jerold AustEn períodos electorales, las sociedades democráticas promueven con entusiasmo a sus candidatos favoritos. Sin embargo, casi siempre terminan desilusionadas cuando éstos no cumplen sus promesas. ¿Por qué pareciera que esta situación nunca mejora? ¿Cuál es el problema fundamental del gobierno humano?La ciudad de Nueva York ha tenido problemas desde hace largo tiempo con los diplomáticos de las Naciones Unidas que estacionan sus automóviles donde se les antoja y esgrimen su inmunidad diplomática cuando se les multa por violar las leyes de parqueo. Este ejemplo es una muestra de la frecuente debilidad e ineficacia de los gobiernos humanos y de sus fallas fundamentales. Raymond Fisman, director de investigaciones del Programa de Empresariado Social de la Escuela de Negocios Columbia, y Edward Miguel, profesor asociado de ciencias económicas en la Universidad de Berkeley en California, escribieron un revelador libro sobre economía y gobierno titulado Economic Gangsters: Corruption, Violence, and the Poverty of Nations (Gángsteres económicos: corrupción, violencia y la pobreza de las naciones). Ellos comentan en su libro: “La lección principal que emerge de los problemas de estacionamiento en la ciudad de Nueva York es que los reformadores de las instituciones gubernamentales, sean éstos funcionarios locales o empleados estrellas del Banco Mundial, tienen que tomar conciencia de que los valores y normas sociales pueden socavar sus intentos de cambio. “En otras palabras, es altamente improbable que la modificación de la ley sea suficiente ante la presencia prevaleciente de la cultura de la corrupción. El comportamiento corrupto está profundamente enraizado en nuestra cultura y no es nada fácil extirparlo” (2008, p. 120, énfasis nuestro en todo el artículo). Otra apreciación alarmante en cuanto al gobierno humano es la del Dr. George Friedman, fundador y gerente general de Stratfor, una de las compañías líderes en el mundo en servicios de inteligencia y pronósticos. En su libro The Next 100 Years: A Forecast for the 21st Century (Los próximos 100 años: predicciones para el siglo XXI), publicado en 2009, él afirma: “Lo que he tratado de hacer en este libro es vislumbrar el siglo veintiuno con la geopolítica como mi guía principal. Comencé con una constante: la persistencia de la condición humana, que se halla suspendida entre el cielo y el infierno” (pp. 250-251). El gobierno humano, aun en su mejor expresión, requiere la ayuda de algo superior. Los antiguos imperios egipcio, asirio, babilónico, persa, griego y romano, como muchos otros gobiernos humanos que les precedieron, se desplomaron sin excepción y por sobradas razones. La historia del mundo es esencialmente una crónica de gobiernos humanos fracasados. ¿Cuál es el denominador común de la caída de los gobiernos del hombre? ¿Qué es lo que falla en este asunto? ¿Realmente necesitamos un gobierno?Desde el comienzo de la humanidad, hemos tenido diferentes sistemas de gobierno. Cuando Adán y Eva caminaban en el Huerto de Edén con Dios, él era su gobierno. Adán y Eva después tuvieron hijos, empezando con Caín y Abel. Durante la crianza de los hijos, sus padres constituían su gobierno inmediato. Desde Génesis hasta Apocalipsis se encuentra siempre algún tipo de gobierno: deficiente en manos del hombre, bueno cuando lo administra Dios. En cuanto al tema del gobierno, los registros bíblicos muestran a Dios como rey y guía de Israel hasta que los israelitas exigieron un rey humano como los de las naciones que los rodeaban (1 Samuel 8:4-7, 12:12). Dios les dio lo que pedían, pero les advirtió severamente acerca de lo que deberían enfrentar con un gobierno humano: su debilidad intrínseca, su caprichoso control sobre sus gobernados y sus injustos métodos (8:11-22). Jesús instruyó a sus discípulos respecto al liderazgo humano: “Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad” (Marcos 10:42). A los gobernantes de aquel tiempo, igual que a los actuales, les encantaba dominar, manipular y controlar a sus súbditos. Estudie los gobiernos monárquicos de Israel y Judá en la Biblia. Encontrará que muy pocos de ellos fueron aprobados por Dios. Todo dependía del tipo de rey o líder humano. En unos cuantos casos hubo reyes justos, tales como David, Ezequías y Josías. Durante sus reinados el pueblo vivió en relativa paz y prosperidad, aunque no estuvieron exentos de grandes problemas. Pero la vasta mayoría de estos líderes fueron malvados, tales como Acab y su cruel esposa, la reina Jezabel. Bajo estos gobiernos el pueblo sufrió abusos y opresión. De hecho, los seguidores de Dios tenían que esconderse, literalmente, para evitar la persecución y hasta el martirio (1 Reyes 18:4; compare con Proverbios 29:2). En el transcurso de la historia, los reyes abusivos y egoístas han sido mucho más numerosos que aquellos que se han dedicado al bienestar de sus súbditos. Considerando esta triste estadística, ¿no sería mejor para las sociedades carecer de cualquier tipo de gobierno? ¿Pueden existir sociedades sin gobierno?El gobierno tiene que existir, aunque no sea nada más que para evitar la anarquía (la carencia de cualquier tipo de orden y cohesión). No obstante, el gobierno es mucho más que la ausencia de anarquía, porque provee, o al menos debería proveer, servicios para sus gobernados, es decir, la gente que profesa servir. Las dictaduras, los líderes autocráticos y hasta las oligarquías constituyen una forma de gobierno, pero pueden hacer la vida de la gente francamente insoportable. Al final del libro de Jueces, Dios dice que todos hicieron lo que era justo a sus propios ojos (Jueces 21:25). En ese tiempo no había un rey humano en Israel, y la gente abusaba de la libertad personal que tenía. Efectivamente, la libertad personal dentro de una sociedad puede ser dañina si no se equilibra con la preservación del orden para el bienestar común. El hecho es que las sociedades humanas sí necesitan un gobierno. El gobierno existe para nuestro bienestar (1 Pedro 2:13-15) y nos beneficiará aún más si está orientado al servicio de otros y tiene un enfoque altruista. Dios, conociendo las tendencias y debilidades humanas, instruyó a Israel para que sus reyes supieran cómo ejercer un liderazgo justo. Esto es lo que Dios dijo: Dios instruyó a los líderes de Israel para que guiaran a su pueblo, basándose en sus leyes santas y liberadoras. Él sabía que si ellos no aprendían y practicaban sus instrucciones fracasaban en el aprendizaje y ejecución de sus instrucciones sobre el buen liderazgo y terminarían conduciéndose tal como los reyes de las naciones que los rodeaban: como autócratas egoístas que sólo querían servirse a sí mismos. ¿Cuál es el problema fundamental del gobierno humano?¿Cuál es, entonces, la causa del fracaso de los gobiernos humanos? “La sociedad en todos sus estados es una bendición, pero el gobierno, hasta en su mejor estado, no es más que un mal necesario; y en su peor estado es simplemente intolerable”. Esta fue la evaluación del antiguo pensador político y revolucionario estadounidense Thomas Paine. Uno de los mayores problemas del gobierno humano es su humanidad. Cuando la gente vive en ignorancia acerca de su propia humanidad, se ciega a la evidencia de por qué fracasan los gobiernos del hombre. La mayoría de la gente no ve nada más allá de su naturaleza humana y supone, erróneamente, que ésta es buena. Jesucristo, hablando de las personas de su tiempo, se refirió a este problema universal: “De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: de oído oiréis, y no entenderéis, y viendo veréis, y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado. “Y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan, y se conviertan y yo los sane” (Mateo 13:13-14). Increíblemente, las 6.8 mil millones de personas en este planeta no captan la respuesta a lo que está mal en los seres humanos. Y hemos sufrido durante siglos debido a esta falta de conocimiento. El apóstol Pablo reveló por qué los seres humanos no pueden por sí mismos amar a Dios ni obedecer sus leyes, sus Diez Mandamientos: “Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios, porque no se sujetan a ley de Dios, ni tampoco pueden” (Romanos 8:7). Si lo analizamos desde el punto de vista humano, no hay manera de salvar la brecha entre la voluntad de Dios, su camino y sus leyes, y el modo de pensar y actuar de los hombres. Sólo Dios puede iniciar y hacer posible una conexión así. Dios el Padre es quien llama a los seres humanos guiándolos hacia su hijo Jesucristo, y Jesús comienza entonces a trabajar con aquellos que el Padre llama (Juan 6:44). A menos que Dios intervenga directamente en nuestra vida, atrayéndonos o llamándonos para que Cristo nos ayude a superar las maneras de pensar y actuar predominantemente perversas (Jeremías 17:9), seguiremos en nuestra nociva manera de vivir (Romanos 1:20-25). Esto es precisa y específicamente lo que falla en los hombres que componen los gobiernos humanos. Es nuestra naturaleza humana, egoísta, autocomplaciente y ciega lo que provoca la caída de las naciones. Dios predijo los problemas del liderazgo humanoCuando los antiguos israelitas exigieron un rey, Dios les hizo ver claramente, a través de su profeta Samuel, que esto les traería graves consecuencias. “Dijo, pues: ‘Así hará el rey que reinará sobre vosotros: tomará vuestros hijos, y los pondrá en sus carros y en su gente de a caballo, para que corran delante de su carro; y nombrará para sí jefes de miles y jefes de cincuentenas; los pondrá asimismo a que aren sus campos y sieguen sus mieses, y a que hagan sus armas de guerra y los pertrechos de sus carros’ “‘Tomará también a vuestras hijas para que sean perfumadoras, cocineras y amasadoras. Asimismo tomará lo mejor de vuestras tierras, de vuestras viñas y de vuestros olivares, y lo dará a sus siervos. Diezmará vuestro grano y vuestras viñas, para dar a sus oficiales y a sus siervos. “‘Tomará vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores jóvenes, y vuestros asnos, y con ellos hará sus obras. Diezmará también vuestros rebaños, y seréis sus siervos. Y clamaréis aquel día a causa de vuestro rey que os habréis elegido, mas el Eterno no os responderá en aquellos días’. “Pero el pueblo no quiso oír la voz de Samuel, y dijo: ‘No, sino que habrá rey sobre nosotros; y nosotros seremos también como todas las naciones, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras’. “Y oyó Samuel todas las palabras del pueblo, y las refirió en oídos del Eterno. Y el Eterno dijo a Samuel: Oye su voz, y pon rey sobre ellos. Entonces dijo Samuel a los varones de Israel: Idos cada uno a vuestra ciudad” (1 Samuel 8:11-22). Uno de los grandes problemas del gobierno humano es que está dirigido por seres humanos. Pero aquí hay otro factor implicado, que muy pocos comprenden. Detrás de bastidores“Mientras haya naciones soberanas poseedoras de inmenso poderío, la guerra es inevitable”, escribió el brillante físico Albert Einstein. ¿Por qué debe ser así? ¿Por qué los gobiernos humanos constantemente conducen a sus naciones a la guerra? La Biblia revela que existen poderes sutiles e invisibles actuando en esta tierra. Léalo usted mismo en Efesios 6:12. Como la gente desconoce la existencia de este mundo espiritual invisible, supone que todos los problemas se derivan de las naturales motivaciones humanas. La Biblia describe un escenario muy diferente. Nos revela que Satanás el diablo, líder de estas fuerzas espirituales intangibles, es tan poderoso que las Escrituras lo llaman “el dios de este siglo” (2 Corintios 4:4). A él le rinde pleitesía el mundo, sin saberlo. La Biblia también lo llama “el príncipe de la potestad del aire” (Efesios 2:2). Como tal, él influye poderosamente a la humanidad para que haga el mal. Jesucristo conocía la naturaleza humana y lo que la mueve verdaderamente. Note cómo reprendió a sus acusadores farisaicos: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira” (Juan 8:44). El mundo no sabe lo que se esconde detrás de la naturaleza humana y de los innumerables problemas que ella origina. ¡Si la gente lo supiera, este artículo sería innecesario! Pero algún día toda la humanidad llegará a entenderlo, cuando el reino de Dios sea establecido en la tierra y Jesucristo transforme su manera de pensar (Hebreos 8:10-12; Romanos 12:2). ¿Mejorará las cosas el gobierno de Dios?“El mejor gobierno…desea hacer feliz a la gente, y sabe cómo lograrlo”, escribió en 1824 el británico Thomas Babington Macaulay, abolicionista y miembro del parlamento. Entonces, ¿quién podría desempeñarse mejor en este aspecto? ¿Dios o los políticos humanos? En segundo lugar, Dios se preocupa por nosotros de una forma genuina. Él trata a los seres humanos con un enfoque amoroso y puro, lleno de sincera preocupación por nuestro bienestar (1 Juan 4:7-10). No olvidemos que él entregó a su único hijo para que muriera por la humanidad y ésta pudiera vivir; él no lo envió para condenarnos (Juan 3:16-17). Tercero, cuando Dios gobierne las sociedades humanas, él administrará justamente los asuntos del hombre, sin parcialidad ni prejuicios. Isaías 11:2-4 dice que Jesucristo, la cabeza del gobierno venidero de Dios en la tierra, “no juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra”. Jesucristo vivió y murió como cualquier ser humano y puede entender todo lo que pasamos porque él mismo lo ha experimentado (Hebreos 4:15). Por esta razón el Padre “a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo” (Juan 5:22). En cuarto lugar, el mundo será gobernado de acuerdo con la perfecta “ley de la libertad” de Dios (Santiago 1:25), llamada así porque verdaderamente libera a la humanidad del sufrimiento, dolor y amargura que ocasiona el pecado. El rey David dijo que su ley “es perfecta,…convierte el alma” (Salmo 19:7). La obediencia a ella transformará nuestras vidas. El gobierno de Dios sobre la humanidad aquí en la tierra será infinitamente superior a cualquier gobierno compuesto por seres humanos. Dios y Jesucristo no son políticos. Elimine la política, añada la justicia, sabiduría y perfección de Dios, y obtendrá la fórmula para un gobierno que verdaderamente transformará al mundo. Cómo será reemplazado el gobierno humanoAhora sabemos por qué será reemplazado el gobierno de los hombres. Los gobiernos humanos están constituidos por seres humanos inherentemente egoístas, engañadores y codiciosos de poder. Cuando dos o más personas se juntan para gobernar, frecuentemente sólo magnifican los problemas y los multiplican. Dios dice que no debemos poner nuestra confianza en los hombres, porque todos tienen una naturaleza humana llena de imperfecciones y defectos: “No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación” (Salmos 146:3). Podemos confiar parcialmente en otros, pero sólo Dios merece nuestra absoluta confianza. Ningún gobierno humano es capaz de implementar efectivamente un sistema saludable y beneficioso que produzca bienestar para todos. Por ello es que Dios el Padre enviará a Jesucristo su hijo como rey de reyes y señor de señores para transformar de una vez para siempre el gobierno en la tierra (Apocalipsis 19:16). Al retorno de Cristo, él desbaratará por completo los gobiernos de este mundo, sus líderes del tiempo del fin y la gran confederación de ejércitos que se reunirá en el Medio Oriente. Para empezar, los reunirá en Armagedón (Apocalipsis 16:14,16), la zona que rodea la colina de Meguido al norte de Israel, y allí permitirá que Satanás y sus demonios los induzcan a entrar en Jerusalén “a la batalla de de aquel gran día del Dios Todopoderoso” (v. 14; compare con Joel 3:9-16). Cristo derrotará a este conglomerado de fuerzas. Y después el mismo Satanás y sus demonios serán eliminados del escenario (Apocalipsis 19:19-20:3). Así es como las fuerzas que se opongan a Dios serán derrotadas, preparando el camino para el glorioso reino de Cristo, lleno de paz y prosperidad. Será establecido un gobierno perfectoDios nos indica que su gobierno no será dejado en manos de los seres humanos: “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre” (Daniel 2:44). Y permanecerá para siempre porque será un gobierno perfecto. Recuerde la famosa profecía del Mesías venidero, Jesucristo, en Isaías 9:6-7: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. “Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo del Eterno de los ejércitos hará esto”. La naturaleza humana es lo que falla en los gobiernos humanos. Debido a que somos egoístas, engañosos e indignos de confianza, no debe sorprendernos que nuestros gobiernos sean un reflejo de ello. Pero esto cambiará, porque Dios promete transformar nuestra naturaleza, con nuestra aquiescencia, en una que se someterá a su amoroso gobierno de paz y prosperidad (Miqueas 4:1-7). ¡Que Dios permita que pronto llegue el día en que su reinado perfecto y transformador sobre las naciones por fin comience! BN |
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