Transforme Su Vida
Transforme Su Vida:
la verdadera conversion Cristiana
¬ Introducción
¬ ¿Quiénes son los llamados, escogidos y fieles siervos de Dios?
¬ ¿Qué debo hacer?
¬ Orar para tener una nueva actitud y un espiritu correcto
¬ Por qué debemos cambiar nuestra forma de pensar
¬ ¿Qué es el Pecado?
¬ ¿Qué es lo que anda mal con la naturaleza humana?
¬ ¿Qué tiene de malo el pecado?
¬ ¿Debemos obedecer loa mandamientos de Dios?
¬ ¿Por qué debemos bautizarnos?
¬ La relación entre el método bautismal y su significado
¬ ¿Cuánto nos costará seguir a Jesucristo?
¬ El Espíritu Santo: El poder de conversión de Dios
¬ ¿Por qué los teólogos no pueden explicar la Trinidad?
¬ ¿Es el Espíritu Santo una persona?
¬ Un Sumo Sacerdote deseoso de interceder por nosotros
¬ Cómo lograr la madurez espiritual
¬ Es imprescendible estudiar la Biblia
¬ Las oraciones que Dios escucha
¬ Cómo avivar el Espiritu de Dios
   
De los editores de la revista Las buenas Noticias
Transforme Su Vida
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Orar para tener una nueva actitud y un espíritu correcto

La respuesta al llamamiento de Dios tiene que ver no sólo con el arrepentimiento de nuestra conducta pecaminosa, sino también con reconocer que nuestra mente se ha pervertido al seguir “la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia” (Efesios 2:2).

Tenemos que darnos cuenta de que necesitamos un nuevo corazón, una forma diferente de pensar, una actitud y un espíritu correctos; en otras palabras, necesitamos un cambio total de mentalidad. Debemos reconocer que el corazón es engañoso “más que todas las cosas, y perverso” (Jeremías 17:9). Debemos sentir el profundo deseo de sustituir nuestra mente con la mente de Jesucristo (Filipenses 2:5).

Al igual que el rey David, nosotros también debemos clamar: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio . . .” (Salmos 51:10).
Nuestro corazón —es decir, nuestra mente— es lo que produce el pecado en nosotros. Nuestras acciones se originan en los pensamientos. Qué y cómo somos es la manifestación profunda y directa de nuestra forma de pensar. Tenemos que clamar a Dios para que nos ayude a limpiarnos desde lo más profundo de nuestro ser.

Notemos el sincero arrepentimiento de David: “Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor; conforme a tu inmensa bondad, borra mis transgresiones. Lávame de toda mi maldad y límpiame de mi pecado. Yo reconozco mis transgresiones; siempre tengo presente mi pecado” (Salmos 51:1-3, Nueva Versión Internacional).

Luego, en los versículos 6 al 10 continúa: “Yo sé que tú amas la verdad en lo íntimo; en lo secreto me has enseñado sabiduría. Purifícame con hisopo, y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve. Anúnciame gozo y alegría [con tu perdón]; infunde gozo en estos huesos que has quebrantado. Aparta tu rostro de mis pecados y borra toda mi maldad. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu” (NVI).

 


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